Jueves, Enero 8, 2026
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Hacia un nuevo orden mundial ¿distópico?

Dr. Emilio Moyano Díaz, Prof. Titular de Excelencia, Universidad de Talca.

La distopía es una sociedad ficticia indeseable, opresiva y aterradora (opuesta a Utopía), donde la vida está sujeta al control totalitario, la pobreza, la deshumanización, y la pérdida de la individualidad (violencia y control tecnológico o colapso ambiental). Para muchos el sábado 3 de enero de 2026 ocurrió un fenómeno que podríamos designar como distópico: la captura en su domicilio por parte de la Fuerza Delta del ejército de EEUU -más agentes del FBI y de la DEA, se dice- del dictador venezolano N. Maduro, acción ejecutada por orden del Pdte. de Estados Unidos D. Trump, bajo el argumento de hacer cumplir una orden judicial de un juez Neoyorkino.

Aunque nunca se lamenta la caída de un dictador, se trata de un acontecimiento distópico porque desde el punto de vista del derecho internacional y de la carta fundamental de las Naciones Unidas (1945) es una flagrante transgresión a normas allí contenidas. Estas normas han servido de control social internacional a los países del mundo, desde el fin de la segunda guerra mundial, momento en que fue construido un ‘nuevo orden mundial’, y cuyo propósito esencial fue mantener la paz y la seguridad.

Entre estas normas están la soberanía nacional, la no intervención en asuntos internos, el derecho a la inmunidad de un jefe de estado (no podría ser procesado en otro país), y la convención de Viena sobre las relaciones diplomáticas. Todas estas normas -que más o menos han conseguido que vivamos en un mundo relativamente estable por alrededor de 80 años- pueden ser relativizadas sin embargo, si se considera que N. Maduro según criterios convencionales ha ejercido el poder como dictador, desconociendo resultados electorales que le hacían perder su última elección presidencial, con control total del Poder Electoral, el Poder legislativo (Asamblea Nacional) , el Poder judicial (Tribunal Supremo de Justicia) y el Poder Ciudadano (Consejo Moral Republicano) dirigiendo un país mediante una fuerte asociación cívico-militar.

Adicionalmente, más de 7 millones de venezolanos se han visto forzados a abandonar su país en los últimos años, muchos de los cuales, sin poder acceder a un pasaporte, o documentos de identidad o profesionales, y están avecindados regular o irregularmente en diferentes países de América. Junto con técnicos y profesionales calificados, aparentemente también fueron expulsados o facilitada la emigración de reos desde las cárceles, y enfermos mentales desde hospitales psiquiátricos venezolanos (ya lo habíamos observado antes en América con la revolución cubana). El denominado Tren de Aragua se ha expandido por América, incluido por cierto un Chile atractivo por su nivel de desarrollo, la extensión y porosidad de sus fronteras, y un código de justicia desactualizado.

En Chile vimos caer nuestra democracia en 1973 mediante un golpe militar. Según la tesis del libro “Como mueren las democracias” (Levitsky y Ziblatt, 2018) éstas (también) mueren por la erosión gradual de normas informales y llegada de líderes populistas con tendencias autoritarias que atacan las instituciones, la legitimidad de los oponentes, debilitan a los partidos políticos y descalifican rivales, minando el sistema. La democracia en el mundo está en crisis y se manifiesta en pérdida de credibilidad de sus instituciones y sus actores políticos, y una desafección y falta de interés político.

La llegada al poder democráticamente por el Tte. Coronel de Ejército H. Chávez (1998-2013) en Venezuela, fue ‘de libro’; se erigió como representante del pueblo al cual efectivamente pertenecía, su publicidad como candidato presidencial fue un NO a la corrupción en un contexto de alta corrupción de los partidos políticos y gobiernos democráticos tradicionales. Y así, ganó sucesivas elecciones democráticamente, varias veces, (en 2007 perdió un referéndum cuya derrota aceptó), lo que le permitió concentrar cada vez más poder, consiguiendo desmantelar la democracia por dentro, permitiéndose la reelección indefinida, proceso culminado por su sucesor N. Maduro quien se consideró ganador aún cuando todo indicó que realmente perdió la última elección presidencial.

El caso del Pdte. Chávez es para análisis en ciencia política. La tesis de Levitsky y Ziblatt lo explica bien; Chávez mantuvo la democracia electoral pero simultáneamente produjo debilitamiento de controles institucionales, abuso de poder y vulneraciones a los derechos civiles y políticos, debilitando así gradual y sistemáticamente la democracia en su esencia (la candidata presidencial J. Jara dijo que Cuba y Venezuela eran democracias de otro tipo, especiales, y le costó muchísimo reconocerlas como dictaduras).

Chávez fue un militar ‘deconstructor’ carismático de la democracia (‘burguesa’). Su sucesor, N. Maduro, aparentemente no hizo más que agudizar el control social hacia una dictadura con asesoría cubana, y estrechar aún más los lazos de cooperación con Rusia, China e Irán para eludir sanciones, y obtener apoyos tecnológicos (de represión incluidos), y financieros. Pues bien, volviendo a cómo explicar la captura de N. Maduro por parte de EEUU digamos que ya en 2015 el Pdte. Obama indicó que Venezuela se estaba tornando un riesgo de peligro para EEUU. Aparentemente, la política de seguridad de EEUU es una de Estado, es decir, mantenida y continuada por cada Presidente, independientemente de su signo político.

El 4 de diciembre recién pasado fue publicada por la administración Trump la “Estrategia de Seguridad Nacional 2025”. En 29 páginas se gira radicalmente priorizando la soberanía nacional y la seguridad económica sobre la hegemonía global democrática. Así, establece el hemisferio occidental (América) como prioridad absoluta, buscando detener las influencias China, Rusa e Iraní.

Fusiona la superioridad tecnológica e industrial y la protección de cadenas de suministro críticas y el uso de la energía fósil y nuclear y, como defensa del territorio, prioriza el control de los flujos migratorios irregulares, lucha contra el narcotráfico e implementación del sistema de defensa de misiles (Cúpula de Oro), para defender su territorio, y redefine alianzas exigiendo compartir los costos a los países de la OTAN (europeos).

Si Ud. se detiene a re-leer bien esto, le resultará fácil comprender mejor porqué EEUU está interviniendo Venezuela ¿no? Al hacerlo está cumpliendo varios objetivos simultáneamente. Y a diferencia de los que han sido históricamente sus intervenciones con misiles y FFAA o desestabilizaciones de gobiernos (como Chile), acompañadas de justificaciones retóricas de restauración de los ‘valores democráticos’, o de los ‘derechos humanos’, nada de esto hubo aquí, hasta ahora al menos.

Lo esencial parece ser recuperar el petróleo (de paso tal vez también otras riquezas). Y que el sistema político venezolano siga como sus gobernantes o los venezolanos quieran, mientras no amaguen o entorpezcan alcanzar los objetivos centrales de asegurar el petróleo para las empresas privadas de EEUU.

Me parece muy interesante como el Gbno. de EEUU parece haber aprendido de la sabiduría china y de sus fallidos intentos por intentar instalar democracias donde no hay, así, no meterse en los valores o sistemas de gobierno de países a intervenir, o con los que se desea hacer negocios (mutatis mutandis, J.A Kast Pdte E., siguió también esta lógica de campaña de no hablar de sus valores otros que la seguridad y la economía).

Pero claro, se trata de que esta intervención de captura de N. Maduro no aparezca como una acción bélica transgrediendo flagrantemente la carta de Naciones Unidas y el Derecho internacional, ya que ello habría requerido permiso del Congreso norteamericano. Lo evitó, convirtiéndola en una acción de naturaleza penal y judicial, originada por acusaciones criminales. El Dpto. de Justicia de EEUU la ha designado como operación de aplicación de la ley y no como un acto de guerra, y, como preparación a ello, ofreció previamente 50 millones de dólares por información que llevara a la captura de Maduro. Los cargos Ud. ya los conoce: conspiración de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína a EEUU, tenencia de armas, liderar el ‘Cartel de los Soles’ y colaborador de grupos terroristas para inundar de drogas el territorio estadounidense.

Aparentemente, un nuevo orden mundial asoma formado una nueva trilateral: China, EEUU, Rusia, cada una reclamando para sí su territorio de influencia y, esperemos, ¿respetándose mutuamente? Si EEUU reivindica América para los Americanos, a cuidarnos! porque si hoy es el petróleo, mañana podría ser el cobre o el litio, lo que en un mundo distópico y anómico es -por cierto- posible. Parece el fin del multilateralismo y tal vez nos enfrentemos a la disyuntiva distópica de tener que elegir con quien estamos ¿EEUU o China? (Rusia está muy lejos, China sigue llegando). La elección parece sólo una ilusión, estamos ubicados territorialmente, nos guste o no, en América. Si EEUU está según ellos recuperando empresas petroleras en Venezuela, Putin reafirmará su derecho de apropiarse de lo que estime de Ucrania, y China, por cierto, de Taiwán…y suma y sigue. Se trata de líderes que se saltan las reglas de aquel orden internacional de postguerra, para los cuales las normas son un referente lejano que tomar o dejar a conveniencia. La ley de los más fuertes.

Para cerrar esta columna estimado lector(a), un vistazo metafísico, ignoro si Ud. conoce al periodista y escritor español J.J. Benítez (autor de la saga best-seller, “Caballo de Troya”,1984), quien está desde algunos meses en YouTube (y 3Atlas Ti de por medio), anunciando un nuevo mundo nunca conocido, y para el cual no necesariamente estamos preparados, pero que el cree -optimistamente- que será positivo. ¿No se tratará en cambio de esta distopía…?

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