Diego Palomo. Universidad de Talca.
Tras analizarlo bien, decidí en noviembre-diciembre pasado no postular a Abogado integrante para este 2026. Como señal de esta decisión no remití ningún antecedente de los solicitados.
No obstante lo anterior, todos los ministros/as me votaron e incluyeron en su oficio dirigido a la E. Corte Suprema. La valoración de mi trabajo la agradezco en todo lo que significa por provenir de personas de dilatada experiencia jurisdiccional.
Como no remití ningún documento de los exigidos y requeridos por el máximo tribunal (CS) no fui considerado en las ternas enviadas al Ejecutivo, quien debe tomar la decisión final, al hilo del procedimiento actualmente vigente y que hace intervenir no solo al Poder Judicial en estas decisiones.
No haber sido considerado en las ternas finales está bien, pues se alinea con mi voluntad de no integrar este año. Los aprendizajes fueron muchísimos; y espero haber aportado al mejor desempeño de la jurisdicción con la mirada puesta en la calidad del producto jurisdiccional.
La Corte de Talca realiza un muy buen trabajo y sus ministros/as aportan con talento, conocimiento y compromiso a diario.
Los abogados integrantes deberán seguir siendo parte de las salas, mientras no se concrete una reforma integral al sistema. Ojalá se termine de una vez por todas con la pésima práctica del Ejecutivo de turno de seguir con la designación de abogados/as con práctica profesional-legal activa, lo que no solo riñe abiertamente con la ética y abre la puerta a un sinnúmero de “conflictos de intereses” (por si interesa hacerse cargo de ese “detalle” que tiene “tocado”, casi hundido, al Poder judicial), sino que genera complicaciones diarias al funcionamiento de la Corte cada vez que una causa patrocinada por un abogado integrante figura en la tabla y éste/ésta se encuentra integrando en otra Sala del tribunal, lo que obliga a postergar otra semana la vista de esa causa.
Deseo que la decisión de los cinco abogados integrantes para el año judicial 2026 se base en el mérito, currículum y descarte aquellos postulantes cuya consideración afectaría, quiérase o no, una cuestión que a estas alturas ya no puede obviarse, el componente ético objetivo que debe asegurar la Justicia, si quiere comenzar a recuperar su imagen.





