La directora de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Talca, Claudia Zenteno, advierte que la exposición al tabaco y la polución por leña son los principales detonantes de esta patología irreversible.
La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) se consolida como una de las mayores preocupaciones para la salud pública en Chile. Esta afección, que obstruye de forma persistente el flujo de aire en los pulmones, afecta a un porcentaje importante de la población mayor de 40 años, con prevalencias que pueden alcanzar el 16,9% según estudios clínicos. La académica de la Universidad de Talca, Claudia Zenteno Cáceres, enfatiza que el daño pulmonar generado es irreversible, lo que convierte a la prevención en la única herramienta eficaz.
El tabaquismo activo aparece como el factor de riesgo predominante, considerando que el 33% de los adultos chilenos se declara fumador. No obstante, la experta de la Facultad de Ciencias de la Salud señala que en zonas como el Maule, la exposición a biomasa —especialmente el humo de leña para calefacción o cocina— y la polución intradomiciliaria juegan un rol crítico en la inflamación y destrucción del parénquima pulmonar. “Se estiman en aproximadamente 2 mil muertes al año que son atribuibles a EPOC en el país“, advirtió Zenteno.

Aunque la enfermedad no tiene cura, existen estrategias para mitigar sus efectos. La docente insta a la población de riesgo a realizarse espirometrías preventivas y a abandonar el hábito tabáquico de inmediato. “Este es el único factor que puede frenar la progresión de la enfermedad“, manifestó la profesional. Además del cese del consumo de tabaco, el manejo de la EPOC incluye el uso de broncodilatadores, programas de rehabilitación pulmonar y la vacunación anual contra la influenza y el neumococo para evitar complicaciones graves.
Finalmente, la académica subraya la importancia de la educación tanto para pacientes como para cuidadores. Mejorar la ventilación en los hogares y alejarse de ambientes contaminados con químicos o gases irritantes resultan medidas esenciales para quienes ya conviven con la patología. El enfoque actual busca no solo reducir síntomas como la disnea y la tos crónica, sino mejorar significativamente la calidad de vida y la capacidad funcional de los afectados.





