Miércoles, Marzo 11, 2026
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Envejecer no es igual para todos: la desigualdad también se acumula

Iván Palomo G., director del Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca y del Centro Interuniversitario de Envejecimiento Saludable (CIES-CUECH); Coordinador de la Red Interuniversitaria de Envejecimiento Saludable de Latinoamérica y Caribe (RIES-LAC / COMLAT-IAGG).

En el Maule, el envejecimiento ya no es un “tema del futuro”: es presente y territorio.  El Censo 2024 muestra que en la región el 15,2% de la población tiene 65 años o más, una proporción que prácticamente se duplicó respecto de 1992 (6,8%).  El índice de envejecimiento regional alcanza 83,9, por sobre el promedio nacional (79).

Pero hay una segunda lectura —la más incómoda— que no cabe completa en una pirámide etaria: la vejez está atravesada por el nivel socioeconómico. No envejecemos igual. Las oportunidades (y las carencias) se van acumulando durante la vida y en la vejez se vuelven visibles en el cuerpo, en el bolsillo y en la red de apoyos.

En Chile, la pobreza por ingresos en personas de 60 años o más alcanza alrededor de 3,1%
(Casen 2022). Políticas como la PGU han contribuido a sostener un piso mínimo de ingresos.
Sin embargo, esa cifra promedio no elimina la desigualdad: muchas veces la desplaza a
otras dimensiones decisivas como el gasto de bolsillo en salud, la calidad de la vivienda, la alimentación adecuada o el acceso a cuidados.

La evidencia muestra que educación e ingresos se traducen en años de vida y, sobre todo, en años de vida con autonomía. Estudios recientes describen brechas de hasta 6–7 años de esperanza de vida adulta entre extremos de nivel educacional. No se trata solo de vivir más, sino de llegar mejor.

En el Maule, donde conviven tradición agrícola, trabajo informal y realidades urbanas diversas, el desafío es cerrar la brecha del “cómo” envejecemos. Eso implica fortalecer la prevención, la funcionalidad, el apoyo a cuidadores, la accesibilidad territorial y la protección frente al gasto catastrófico en salud. En este escenario, el desafío no puede recaer solo en la persona o en su familia. SENAMA tiene un rol clave en fortalecer programas comunitarios y centros diurnos; los municipios son quienes conocen el territorio y pueden identificar tempranamente situaciones de riesgo; y el Gobierno Regional del Maule tiene la oportunidad de integrar el envejecimiento como eje transversal en su planificación, promoviendo infraestructura
accesible, transporte amigable y apoyo a cuidados.

Envejecer es un logro colectivo, pero permitir que el nivel socioeconómico determine quién envejece con dignidad y quién envejece con miedo sería una derrota social. Porque, como escribió Gabriela Mistral, “donde hay un árbol que plantar, plántalo tú”; y hoy ese árbol es la dignidad de quienes nos antecedieron. Cuidarlo no es caridad: es responsabilidad histórica.

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