Domingo, Marzo 15, 2026
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Cambio de rumbo y ejemplar inicio de la gestión gubernamental en Chile, en un mundo distópico

Dr. Emilio Moyano Diaz, Profesor Titular de Excelencia, Universidad de Talca.

Con más de 20 años de vida independiente Chile cambia de rumbo político, llegando al poder electoralmente, un gobierno de extrema derecha, con un presidente ex pinochetista, perteneciente al grupo católico Schoenstatiano,  después del fin de un gobierno dirigido por un agnóstico, y conformado por centro izquierda y extrema izquierda (marxista leninista).

No podía ser de otra manera. Como anticipamos en columnas anteriores, un país anómico al que se le introduce tanta inestabilidad mediante discursos adánicos (nadie existió antes),  de cambios radicales y totales  y políticas identitarias centradas en intereses de grupos y no en el conjunto de la sociedad, con un liderazgo fracturado, fundamentalmente romántico y retórico, inexperto e inconsistente, más actores de coalición corruptos y un incremento brutal la criminalidad, necesariamente se dirigirá a su opuesto. 

En efecto, el primer ‘opuesto’, fue que mientras en 2021 G. Boric triunfó sobre J.A. Kast por 55,87% contra 44,13%, hoy, con 5 millones de votantes más, el resultado se invirtió a 58,17% para JA Kast, y 41,83% para su oponente comunista J. Jara. Así, y siguiendo la lógica de los procesos sociales ¿qué podríamos esperar a continuación?

Como opuestos -o al menos como alternativas- se espera ahora políticas públicas (no identitarias) de orden u ordenamiento sobre cuestiones cruciales que afectan a las grandes mayorías nacionales, discursos realistas o propios de líderes maduros (responsables), disminución de la corrupción, y vocerías que no busquen echar tierra a los ojos a los/las ciudadanas sobre cuestiones evidentes, ni que desaparezcan cuando la realidad “quema”.

Y, tal vez su opuesto más destacable,  el inicio de este gobierno es un ejemplo de quien comienza a gobernar desde el primer minuto, ipso facto,  sin esperar nada. NOTABLE. Una serie de decretos-tareas a sus ministros fueron televisadas inmediatamente antes del primer discurso de asunción de parte del nuevo Presidente a una entusiasta ciudadanía que con banderas chilenas celebraron en el frontis del palacio, y al país. Sobresaliente. Su gestión de los primeros decretos y su discurso hacen evidente que se trata de un Presidente a quien ‘no le cayó la presidencia’ inesperadamente, se trata en cambio de uno que conformó equipo y trabajó desde antes. ¡Qué diferencia con el anterior que perdió al menos un semestre esperando la aprobación de una nueva Constitución (fallida) para comenzar a disponerse a trabajar!

Si bien un inicio ágil no asegura éxito, es una excelente partida y señal que ayuda a alcanzarlo. Su discurso explicitó que la situación fiscal es peor de lo imaginado,  y transmitió la necesidad de un gobierno fuerte para poner orden. Esto por cierto y como sabemos no ocurrirá de la noche a la mañana, una sociedad anómica con su tejido social facturado demorará en recuperarse. Reafirmó la necesidad de un gobierno de emergencia y parafraseando a D. Portales subrayó que …”un país no puede gobernarse solo con ideas, tiene que gobernarse con carácter y que ello no es arbitrariedad…la autoridad tiene que ser fuerte porque nuestro país, en esta hora así lo demanda, no para someter sino para proteger”. Y se necesita emergencia para detener la inmigración irregular (declarándola delito), y terminar con la vergüenza de la espera o colas (y mortalidad de por medio) para ser atendido en salud pública y recobrar algo del ejemplo Piñera de la asociatividad pública privada en salud para afrontarlo.

Fue muy claro y distinto en explicitar que los adversarios de Chile no son quienes piensan políticamente diferente, sino aquellos que se han tomado nuestros barrios, quienes siembran el terror en las poblaciones, quienes corrompen a nuestra juventud.  Hizo un llamado a la unidad. Por su parte también parte de la oposición -la izquierda y la izquierda democrática al menos- han llamado a la unidad.  Pero su propósito es como ‘organizarse para ser oposición’ (es un llamado a la unidad centrado en cómo obstaculizar, en cómo hacer olas en contra, en buscar el fracaso del gobierno). Que lamentable que no se trate en cambio de algo ‘positivo’, a un llamado a actualizar o modernizar las propias organizaciones partidarias internas y, especialmente, en generar una propuesta para el país innovativa, original, motivadora y de beneficio para las grandes mayorías.

Es muy poco sexy el llamado a la unidad per se,  es sin duda mucho más sexy y constructivo llamar a generar un nuevo y mejor proyecto-país. Parafraseando parte del discurso de un ministro de educación chino a la juventud: ‘no critiquen, propongan y háganlo mejor’. El gobierno de G. Boric llegó denostando a la Concertación y ofreciendo enterrar al neoliberalismo, lo que por cierto era utópico (como la mayoría de sus propuestas iniciales, por cierto), y NO lo hizo mejor que los anteriores gobiernos. La instalación del actual gobierno de signo opuesto es uno de los resultados de aquello, dónde solo una previsible minoría derrotada quiso continuidad con liderazgo comunista.

Desde la estética del poder, se ha pasado de un habitar en casa en barrio en decadencia y modo descorbatado, que rompe moldes tradicionales, descuidado, a otro formal, con un presidente que vivirá en La Moneda y representa su cargo con la dignidad y vestir formal que le son propios o inherentes. Ud. podrá valorar o gustarle el estilo descorbatado, pero, le guste o no, es propio de la interacción social (a un nivel incluso inconsciente), que Ud. será tratado -como dice el adagio- como anda presentado (El hábito hace al monje). Así, informalidad en el vestir está más asociado a anomia que a orden, así como un muro con grafitis está más asociado a desorden y suciedad que a orden y limpieza. Así, respecto del combate al narcotráfico y la estética de la ciudad y los barrios, se hará muy bien en continuar derrumbando casas donde se vende drogas, animitas y monolitos o hitos propios de la delincuencia y sus ‘héroes’, y usados a veces como delimitaciones de territorios.

El cambio de mando en Chile, realizado como siempre, republicanamente, aparece como un momento de respiro tranquilo y esperanzador, de pasaje de una sociedad anómica a otra que se espera supere la anomia, donde el comportamiento de los líderes sea predecible, que genere las condiciones para la recuperación del tejido y cohesión social, el respeto a la autoridad y el orden. Es una renovada esperanza en un contexto mundial también anómico: el Pdte. de EEUU ha transgredido la carta de las Naciones Unidades irrespetando las normas del derecho internacional, capturando y encarcelando al dictador venezolano N. Maduro, bombardeando Irán y amenazando a Canadá, Colombia y otros países, por doquier.

El Pdte. Trump se ha autodescrito en sus redes sociales como Rey, y en abril del año pasado afirmó en una cena con republicanos que líderes de otros países hacían cola para ‘besarle el trasero’ en ocasión de su decisión de aumentar los aranceles. Se han escrito libros en EEUU sobre la personalidad de D. Trump que lo han emparentado con A. Hitler respecto de compartir un tipo de egocentrismo maligno. En  “Too Much and Neves Enough” (Demasiado y  Nunca Suficiente, de Mary L. Trump -sobrina- es descrito como narcisista egocéntrico) ó, Diagnóstico de D. Trump: Un peligroso psicópata narcisista 2018-2025, u otro artículo titulado “El peligroso caso de D. Trump” que propone un diagnóstico de trastorno narcisista.

Hay quienes han buscado inhabilitarlo como Presidente, en base a estos diagnósticos y principalmente el de John Gartner, miembro de la organización Duty To Warn -asociación integrada por psicólogos, psiquiatras y otros profesionales de la salud-, quien dijera en NTN24 que el presidente de EE. UU., D. Trump, “es alguien que tiene el diagnóstico de un maligno narcisista, que es una combinación de narcisismo, paranoia, sociopatía y sadismo”. Desde Duty To Warn advierten que los comportamientos de Trump sugieren una “profunda incapacidad para empatizar. Individuos con este tipo de rasgos distorsionan la realidad para que se adapte a su estado psicológico, y atacan los hechos y a quienes los transmiten, como a periodistas y científicos”.

Es inquietante hoy observar un distópico mundo, con enfrentamiento de líderes como D. Trump con los de Irán,  fundamentalistas religiosos. O la guerra de Rusia contra Ucrania que dura 4 años (iba a ser de semanas…) causante hasta hoy entre 1,2 y 1,5 millones de muertos o heridos,  incluyendo soldados y civiles de ambos países. Según Trump, también sería cosa de un par de semanas la guerra que junto a Israel inició hace poco contra Irán, y que supera hoy los mil fallecidos. Los líderes iraníes han sostenido sin embargo que atentarán contra Trump, y que esta guerra no la acabará EEUU, sino Irán.

Las otras potencias mundiales, -China y Rusia-, llaman a un alto el fuego y a la resolución pacífica del conflicto. China condena el uso de la fuerza en las relaciones internacionales y llamó a respetar la soberanía iraní, alertando por las consecuencias que podría tener sobre el comercio internacional (cadena de suministro de petróleo especialmente). Rusia apoya el programa nuclear pacífico de Irán y señala que la justificación de EEUU para iniciar esta guerra es infundada, que ella podría llevar a un conflicto más amplio y ha ofrecido su mediación. Chile por su parte ha llamado al diálogo, a detener bombardeos y respetar el derecho internacional.

La TV Chilena informa mal y repetitivamente acerca de estas guerras. Hay una supremacía de información reproducida desde fuentes norteamericanas, exponiéndonos así solo a una cara (y parcial) de la moneda, poniendo una vez más en riesgo la adherencia de las audiencias a los canales de televisión nacionales. Solo se ‘retransmite’ imágenes de bombardeos una y otra vez, y nada se profundiza (ni se busca rellenar siquiera) con informaciones que ilustren la historia de guerras del pueblo persa, las reales motivaciones de EEUU e Israel para iniciar este conflicto, la historia de agresiones de EEUU sobre diversos países del mundo. Ojalá se cuente más frecuentemente con comentaristas especialistas en lo internacional para mejor comprender y educar acerca de lo que está ocurriendo.

También y respecto del rol de los/las periodistas en Chile, sería de alto interés que en lo político se propusieran buscar el entendimiento y no la ‘cuña ponzoñosa’ o conflictiva como observamos generalmente. Por estos días, una primera pregunta al ministro del trabajo sin decir ‘agua va’ fue: ¿Uds. van a buscar volver a la jornada laboral de 44 horas? Este es solo un ejemplo -entre muchísimos otros- de cómo el periodismo NO contribuye a lo positivo,  a la paz y cohesión social como sería en cambio preguntar -por ej.- ¿qué propone la nueva autoridad para el mundo del trabajo y de beneficio para los/as trabajadores/as, su salud, o beneficios?  Ojalá el llamado a la unidad del nuevo Presidente se haga eco también en los medios de comunicación que tanto pueden hacer por propiciar tranquilidad, armonía social y paz al elegir y transmitir sus ‘noticias’. Los datos muestran que un 45,7% de los televidentes consideran el desempeño de los medios nacionales como pobre y un 57,4 como sesgado, y ¡qué cara que nos cuesta la televisión nacional!

Deseamos éxito a este nuevo gobierno en buscar orden, seguridad, desarrollo económico y bienestar para sus ciudadanos.

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