La mayor revisión científica sobre cannabinoides analizó 54 ensayos y concluyó que no existe evidencia sólida para tratar ansiedad o depresión, advirtiendo posibles riesgos.
Un nuevo estudio internacional puso en duda la eficacia del cannabis medicinal para tratar trastornos de salud mental como la ansiedad y la depresión, al no encontrar evidencia concluyente que respalde su uso clínico en estas condiciones.
La investigación, publicada en la revista The Lancet Psychiatry, analizó 54 ensayos clínicos sobre la seguridad y efectividad de los cannabinoides. Según el informe, 24 estudios (44%) presentaron alto riesgo de sesgo, lo que reduce la confiabilidad de los resultados y deja en evidencia la baja calidad de la evidencia disponible.
El autor principal, Jack Wilson, del Matilda Centre for Research in Mental Health and Substance Use de la Universidad de Sídney, afirmó que “los resultados ponen en tela de juicio la aprobación del cannabis medicinal”. Además, advirtió que su uso podría “causar más daño que beneficio, al empeorar síntomas de salud mental o retrasar tratamientos más eficaces”.
Aunque el análisis identificó algunos efectos positivos —como la reducción de síntomas de abstinencia en consumidores de cannabis, mejoras en tics asociados al síndrome de Tourette y beneficios en casos de insomnio—, los investigadores enfatizaron que estos hallazgos deben interpretarse con cautela debido a la baja certeza científica.
En contraste, el estudio no encontró efectos significativos en el tratamiento de ansiedad, depresión, trastornos psicóticos, estrés postraumático ni anorexia nerviosa. También detectó datos insuficientes en condiciones como TDAH, trastorno bipolar y trastorno obsesivo-compulsivo.
Además, los resultados evidenciaron un mayor riesgo de eventos adversos entre quienes consumieron cannabinoides, aunque no se reportaron efectos graves. Incluso, se observó un aumento en el deseo de cocaína en personas con trastornos por consumo de esta sustancia.
Los autores subrayaron la necesidad de desarrollar investigaciones más rigurosas y de mayor escala, ya que la evidencia actual resulta insuficiente para justificar el uso habitual de cannabinoides en trastornos mentales. “El uso rutinario rara vez se justifica en la actualidad”, concluye el estudio.
Entre las principales limitaciones, el equipo destacó el bajo número de participantes (2.477), la falta de análisis por género y el enfoque exclusivo en ensayos de seguimiento prolongado, lo que podría restringir la comprensión completa de los efectos.
Revisa el estudio pinchando aquí.





