Miércoles, Marzo 18, 2026
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Que a las niñas no les cuenten cuentos. Protección real desde la cuna.

Por Paula Villalobos Molina, Abogada Familiar y ex Jueza de Familia de Linares.

Cada 8 de marzo abundan los discursos sobre igualdad. Se repiten palabras nobles: derechos, oportunidades, dignidad, futuro. Pero hay una pregunta incómoda que en Chile y América Latina siguen evitando: ¿estamos normalizando que la desigualdad de género comience en la infancia?

Porque empieza ahí. No cuando una mujer recibe menos salario que un hombre en el mismo cargo. No cuando una profesional choca con el techo de cristal. Empieza mucho antes. La desigualdad de género no comienza en la adultez. Comienza mucho antes, cuando una niña aprende que su cuerpo está más expuesto, que su seguridad es más frágil y que sus derechos pueden ceder más fácilmente ante la violencia, el abandono o la indiferencia.

En Chile, las cifras son demasiado duras como para seguir tratándolas de mero contexto. Entre adolescentes de 12 a 17 años, un 52% de las mujeres reportó haber sufrido maltrato de parte de padres o cuidadores en el último año. En los hombres, la cifra fue 27%. No es una brecha. Es una advertencia. Significa que, para demasiadas niñas, el espacio que debiera protegerlas es precisamente donde más vulnerables están.

La violencia toma formas todavía más brutales. En los registros sobre explotación sexual infantil en Chile, el 90% de las víctimas identificadas corresponde a niñas y adolescentes mujeres. La mayoría, además, tiene entre 14 y 17 años. Detrás de ese dato no hay solo un delito. Hay una cultura que sigue exponiendo a las niñas a un riesgo desproporcionado y que todavía llega tarde a protegerlas.

Ni siquiera el sistema llamado a proteger y reparar logra borrar esa señal. En enero de 2026, más de 123 mil niños, niñas y adolescentes fueron atendidos en programas de protección especializada en Chile. De ellos, el 52,5% eran niñas y adolescentes; y en cuidado residencial, la proporción subió a 55,7%. Cuando las niñas aparecen una y otra vez sobrerrepresentadas en las estadísticas de vulneración, ya no estamos ante una coincidencia. Estamos ante un patrón.

Por eso hablar de igualdad sin mirar la infancia es llegar tarde. Una sociedad que no protege a sus niñas de manera prioritaria no está construyendo igualdad: está administrando el daño.

Y el daño que no se detiene en la infancia casi siempre reaparece en la vida adulta con otro nombre: miedo, silencio, desigualdad o violencia.

Si hay una inversión que ninguna sociedad debiera postergar, es la que se hace en las familias y en las infancias. No como consigna, sino como prioridad concreta: con apoyo temprano, protección efectiva, educación, salud mental, prevención y redes reales de cuidado; porque es allí donde se previene el daño, se interrumpe la desigualdad y se construyen las bases más profundas de una sociedad verdaderamente justa.


Paula Villalobos Molina es abogada especializada en Infancia y Familia y ex Jueza de Familia de Linares; litigante, consultora y docente. Comparte análisis y herramientas prácticas sobre justicia y protección de derechos en Instagram. (@paulavillalobos_abogada)

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