¿Quién cuida a quienes cuidan?

Iván Palomo G. Director, Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca; Coordinador del Centro Interuniversitario de Envejecimiento Saludable (CIES-CUECH) y de la Red Interuniversitaria de Envejecimiento Saludable de Latinoamérica y Caribe (RIES-LAC).

Cuando hablamos de envejecimiento solemos concentrarnos en las personas mayores. Sin embargo, existe otro grupo cuya importancia muchas veces permanece invisible: las personas cuidadoras.

Detrás de muchas personas mayores que viven con dependencia parcial o total suele existir un familiar que organiza medicamentos, acompaña a controles médicos, ayuda en actividades cotidianas y permanece atento a necesidades que pueden surgir a cualquier hora del día.

En la mayoría de los casos, este cuidado se desarrolla silenciosamente, dentro de los hogares y lejos de la atención pública.

Cuidar a una persona es una expresión de afecto y compromiso. Pero también puede convertirse en una tarea exigente desde el punto de vista físico, emocional, social y económico.

Diversos estudios han mostrado que las personas cuidadoras presentan con frecuencia mayores niveles de estrés, sobrecarga emocional, agotamiento físico e incluso problemas de salud derivados de las responsabilidades que asumen. Muchas veces reducen su participación social, postergan proyectos personales o limitan sus oportunidades laborales para dedicar tiempo al cuidado de un familiar.

Por esta razón, existe un consenso creciente en que las políticas de cuidados deben considerar no sólo a quienes reciben apoyo, sino también a quienes lo entregan.

El envejecimiento de la población está aumentando progresivamente la necesidad de cuidados de largo plazo en numerosos países, incluido Chile. Esta realidad ha impulsado el desarrollo de iniciativas orientadas a fortalecer redes de apoyo, servicios especializados, programas de respiro para personas cuidadoras y mecanismos de acompañamiento comunitario.

La reciente Ley N.º 21.805, que reconoce el derecho al cuidado y crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, representa un paso importante en esta dirección. Su implementación constituye una oportunidad para avanzar hacia un sistema más integrado, capaz de reconocer, apoyar y valorar el trabajo que realizan miles de personas cuidadoras en todo el país.

En el Maule, donde el envejecimiento avanza con rapidez y muchas familias enfrentan además los desafíos de la dispersión territorial y la distancia a los servicios, fortalecer los apoyos al cuidado adquiere especial relevancia.

Sin embargo, el cuidado no puede recaer exclusivamente en las familias. Es una responsabilidad compartida que involucra al Estado, los municipios, los servicios de salud, las organizaciones comunitarias, las universidades y la sociedad en su conjunto.

Una sociedad verdaderamente amigable con las personas mayores no sólo se preocupa por quienes necesitan cuidados.  También se preocupa por quienes cuidan.

Porque cuidar es una tarea esencial para la vida en comunidad.  Y porque detrás de cada persona que recibe apoyo suele existir otra persona que también necesita ser escuchada, acompañada y cuidada.

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