Celinda Lilian Letelier. Dra. en Sociología y Cs Sociales – Profesora de Filosofía.
El término cancerbero (o cerbero) se refiere principalmente al perro monstruoso de tres cabezas de la mitología griega que custodiaba las puertas del inframundo y de los muertos regido por el dios Hades. El mundo de Hades era la oscuridad, la profundidad de lo subterráneo, de algún modo lo invisible, por lo mismo allí estaba ubicado Cancerbero.
Por extensión, también se usa para designar a un guardián severo, al portero de un equipo de fútbol, y al modificar la segunda “c” por “s” en la música, se refiere al nombre artístico de Tirone José González Oramas, célebre rapero y compositor venezolano de hip hop (Canservero). Se entiende entonces el porqué del título de la operación policial. Dramático y mortal.
Como estamos en tiempos en los que, la manualidad del tipeo, cambia lo escrito e impreso por errores relativos a la rapidez del tecleo ante la circulación, vehiculación y envío de la información a través de los medios de comunicación, las redes sociales, y las imágenes de televisión, de lo que se trata esta vez, es de: buscar comprender la puesta en escena de la “operación cancerbero” en el Complejo Penitenciario La Laguna que se encuentra ubicado en el sector Panguilemo, (en mapudungun bosque de pangues” o “lugar poblado de nalcas) a unos 10 kilómetros al norte del centro de la ciudad de Talca, en la Región del Maule. Y para ponerse a tono con los tiempos, se pone la música del rapero citado con anterioridad: “Es épico”.(https://www.youtube.com/watch?v=YcUW7oKDUJM&list=RDYcUW7oKDUJM&start_radio=1)
De inicio, la plaza central de Talca amaneció sitiada en su contorno perimetral y en el acceso al complejo. Hubo censura para la trasmisión e ingreso de los medios regionales, el alcalde no fue informado, y la población cercana reiteró su malestar por las condiciones de vida que presenta el sector.
Fue el estreno de un reality show cuyo actor principal era el mismísimo presidente de la república, que imitando el estilo Trump, cuando dirigió desde La Casa Blanca la intervención en Venezuela que terminó con la captura de Maduro y su compañera, esta vez, se paseaba de un lado a otro del recinto, observando y monitoreando las cámaras que trasmitían la llegada de los presos peligrosos desde la capital. Se podía oler a lo lejos la mezcla cultural del portal: rural urbano que se instalaba en el ambiente.
En la comparación, por el histrionismo y debido a la épica de la narrativa sobre la conducción de la seguridad pública en Chile, con el traslado y las operaciones de control para llevar a cabo el viaje de los reos, más bien se asemejó al fin de una serie policial. La filmografía completa de seguro estará disponible en los drones que acompañaron por la carretera principal, no solamente la caravana de autos en que venía el presidente, sino, los buses que traían a los delincuentes. En ella, se enaltecerá la eficiencia, la coordinación de acciones del buen trabajo policial y de gendarmería realizado. En la otra cara de la misma moneda estará, la observación silente y desconfiada de los lugareños, y del paisaje.
Sin embargo, la trasmisión de la épica continua con la llegada al sitio o escenario principal de los reos. Fue un espectáculo triste y sombrío sobre todo por la escena y actuación de la contraparte: los reos encadenados de pies, caminando en fila, con dificultad al bajarse de los buses, y recibir sus enseres personales para ingresar a la cárcel de alta seguridad.
En la recordación aparecieron las imágenes del Centro de detención de Guantánamo, la prisión militar de alta seguridad de Estados Unidos ubicada en su base naval en la bahía del mismo nombre en Cuba. Inevitable para la memoria, recordar a los terroristas afganos y musulmanes que llegaron a ese lugar en el pasado reciente. Los reos viajeros, con todo respeto, tenían mejor expresión.
Igual fue triste por ese montaje en especial, sobre todo por la constatación de la ausencia de sobriedad en la exposición mediática de los reos porque no era “su” reality, es decir, ellos no habían decidido su filmografía. En este sentido, fue sombrío por la interrogación abierta que plantea a la ciudadanía la inhumanidad, la dignidad de la persona y la aplicación o vulneración de derechos humanos.
Y, es en este contexto donde profundizar en la reflexión se hace necesario. Es en el contexto de trasmisión de la información y la noticia donde particularmente la experiencia moral y ética toman un lugar en la vida de cada quién, porque por una parte estamos hablando de peligrosidad pública, pero por otra, también estamos hablando de personas que cometieron delitos graves que tienen una familia en Chile.
Es ante la exposición de esas imágenes de reos encadenados, caminando con dificultad, a rostro descubierto, trasmitido por las redes sociales y por los medios de comunicación a nivel nacional, mostrando caras que logran ser identificables que, la energía empática saltó desde el corazón a la mirada abriendo en el disparo las preguntas:
- ¿era este ejercicio de exposición necesario?
- ¿Para quién era necesario?
- Y, ¿en beneficio de quién y de qué bien común?
- ¿qué valores éticos y de aprendizaje ciudadano se buscaron ilustrar con esta muestra y secuencia de imágenes?
En la planificación de la operación, ¿hay en sus supuestos la instalación de los soportes de la pedagogía del miedo? ¿Qué debemos aprender las chilenas y chilenos con ellas?
Por otra parte, y desde el ámbito de los derechos humanos, los “delincuentes peligrosos” ¿dejan de ser humanos? Al cometer delitos ¿pierden dignidad? Y si efectivamente la pierden ya que por lo mismos están recluidos y apartados de la sociedad, eso significa que: ¿cualquier gobierno puede mostrarlos como parias sociales? Para ellos, es decir, para este tipo de reos ¿no corre la privacidad? En este sentido, la exhibición de su condición carcelaria ¿debería ser normada y regulada?
En el pasado, más exactamente en 1889, indígenas selk’nam (onas) de Tierra del Fuego fueron llevados a Europa y fueron expuestos en los llamados zoológicos humanos en ciudades como Londres, Bruselas y París, en condiciones infames y de cautiverio que generaron reclamos diplomáticos. No es necesario exagerar, pero aún el Chile de hoy se resiente de estas exhibiciones. Por lo mismo en un contexto en el que se instala la discusión del proyecto de ley sobre seguridad pública son preguntas abiertas que no tienen respuestas provenientes para un determinado estado de ánimo y emocionalidad presente en el país.
Esta emocionalidad busca articularse en torno a nociones existentes en nuestras conversaciones y presentes en nuestras costumbres. Estamos hablando del pudor, como mecanismo de defensa natural de la intimidad de cada persona, que busca proteger la dignidad y el espacio personal frente a la mirada de los demás. Estamos hablando de la vergüenza ajena como sensación de incomodidad, bochorno o ridículo que experimentamos al observar las acciones torpes, patéticas o embarazosas de otra persona. No precisamente para instrumentalizarlas y reírnos, o para usarlas en beneficio propio porque quien la siente se pone en el lugar del otro de forma involuntaria, aunque no sea el responsable de la situación.
En efecto, no porque se asuma la fomedad como cultura del equipo de gobierno, y las encuestas señalen el estancamiento anímico de la población, entonces de lo que se trata es de vehicular una política comunicacional para relajar el ambiente: burlesca, humillante y maltratadora valiéndose del ciberbulling, de cualquiera humanidad que esté en una condición vulnerable. Eso no se hace.





