Iván Palomo G. Director, Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca; Director del Centro Interuniversitario de Envejecimiento Saludable (CIES-CUECH) y Coordinador de la Red Interuniversitaria de Envejecimiento Saludable de Latinoamérica y Caribe (RIES-LAC).
Cuando pensamos en envejecimiento saludable solemos concentrarnos en la salud, la alimentación o la actividad física. Sin embargo, existe otro factor igualmente importante: el lugar donde envejecemos.
Las personas no envejecen aisladas de su contexto. Envejecen en barrios, localidades rurales, pueblos y ciudades que pueden facilitar o dificultar su autonomía, participación y calidad de vida. Y esto adquiere especial importancia en una región como el Maule, donde conviven realidades urbanas y rurales y donde el envejecimiento de la población es cada vez más evidente.
Una vereda en mal estado, una plaza inaccesible, un transporte público poco amigable, una iluminación deficiente o la ausencia de espacios de encuentro pueden transformarse en barreras para la vida cotidiana de muchas personas mayores. Por el contrario, entornos seguros, accesibles e inclusivos favorecen la movilidad, la autonomía, la participación social y el bienestar.
De esta realidad surge el concepto de ciudades y comunidades amigables con las personas mayores, impulsado por la Organización Mundial de la Salud. Su propuesta es sencilla pero profunda: si vivimos cada vez más años, nuestros territorios también deben prepararse para una sociedad más longeva.
Una comunidad amigable no se define solamente por disponer de buenos servicios de salud. Importan también el transporte, la vivienda, los espacios públicos, la seguridad, la participación social, el acceso a la información y las oportunidades para continuar contribuyendo a la vida comunitaria.
Además, muchas de las medidas que favorecen a las personas mayores benefician a toda la población. Una vereda accesible ayuda a una persona mayor, pero también a alguien con discapacidad, a una familia que lleva un coche infantil o a quien temporalmente tiene dificultades para desplazarse. Una plaza segura, con lugares para sentarse y buena iluminación, puede ser disfrutada por niños, jóvenes y personas mayores. Una ciudad amigable con la vejez es, en realidad, una ciudad amigable con todas las edades.
El Maule tiene importantes fortalezas para avanzar en esta dirección. Existe identidad territorial, especialmente marcada en numerosas comunidades rurales; organizaciones sociales activas; vínculos entre vecinos y una creciente preocupación de municipios, universidades y otras instituciones por responder al envejecimiento de la población. Pero también persisten brechas de accesibilidad, conectividad, transporte y oportunidades de participación, particularmente relevantes para quienes viven alejados de los principales centros urbanos.
Construir comunidades amigables no requiere únicamente grandes inversiones. También comienza con decisiones aparentemente pequeñas: reparar una vereda, disponer de lugares para descansar, mejorar un espacio público, facilitar la participación en organizaciones locales, acercar servicios a sectores rurales o incorporar sistemáticamente la perspectiva del envejecimiento en la planificación comunal.
Pero existe una condición fundamental: las comunidades amigables no deben construirse solamente para las personas mayores, sino con ellas. Quienes habitan un territorio conocen mejor que nadie las dificultades que enfrentan diariamente y también pueden identificar soluciones. Escuchar su experiencia no es sólo una forma de participación; es una manera más inteligente de planificar nuestras ciudades y comunidades.
Esto exige, además, cambiar nuestra mirada sobre la vejez. Las personas mayores no son solamente usuarias de servicios ni destinatarias de políticas públicas. Son vecinas y vecinos, dirigentes sociales, cuidadores, voluntarios, trabajadores, artistas, profesionales y portadores de experiencias y conocimientos valiosos para sus comunidades.
Prepararnos para vivir más años significa también preparar los lugares donde transcurrirán esos años.
Porque construir hoy comunidades amigables con las personas mayores es construir el Maule en el que todos, tarde o temprano, tendremos la oportunidad de envejecer.






