Lo Iliberal de esta Gobernabilidad

Celinda Lilian Letelier. Dra. en Sociología y Cs Sociales – Profesora de Filosofía.

Fareed Zakaria en 1997, en una columna de opinión política especializada de un diario estadounidense, usó por primera vez el término “iliberal”. En efecto, en: “El Auge de la democracia iliberal” haciendo, por una parte, una cronología de la existencia de las democracias en el mundo occidental como formas de gobierno, advirtiendo sobre el carácter que las mismas comienzan asumir en un contexto de aceptación del capitalismo, y, en términos de las interrogantes que presentaban en relación con su robustez, al evaluar los procesos de consolidación, o los retrocesos que pueden experimentar.

Y, por otra parte, lo hace, asociado a los procedimientos, reglas y formas de elección de los candidatos y presidentes en una democracia liberal, discutiendo las diferencias entre la defensa de las libertades políticas y civiles, el ejercicio de las mismas, la libertad del liberalismo constitucional aplicado que, permite colocar una línea divisoria hacia las autocracias, los autoritarismos y, ciertos tipos autoridad gubernamental que una vez electos y empoderados en sus cargos, buscan romper o socavar el funcionamiento de las instituciones constitucionales en una democracia, y desde dentro de las mismas. .(https://fareedzakaria.com/columns/1997/11/01/the-rise-of-illiberal-democracy)

Aplicado a Chile, ya en el proceso eleccionario propiamente tal, desde el 11 de marzo del 2026 con el ascenso del actual presidente, sobre todo a partir del alza de las bencinas y sus derivados, se ha venido generando la sensación, el clima y la conversación en torno a si se vive y experimenta un tipo de gobernanza iliberal, y, si la democracia chilena está expuesta a una deriva autoritaria y autocrática.

En términos generales, lo que ha venido constatando una buena parte de la población es que este gobierno es iliberal porque actúa con el tejo pasado, o pasándose no uno, sino varios pueblos, porque constantemente está buscando pasar gato por liebre, porque no se ajusta a la lógica argumentativa de la deducción, y la inducción, porque es resbaladizo y ambiguo en su narrativa explicativa, lo que gatilla inconsistencias e incoherencias que sistemáticamente han venido lesionando a las instituciones, principalmente al parlamento, porque no se organiza ni actúa conforme a los principios ético políticos que desde 1990 operaban en el campo de la política chilena en democracia como: el respecto al adversario, a las minorías, y a la política de búsqueda de acuerdos, porque no tiene una disciplina interna de gobernabilidad, de vocería comunicacional, y no tiene una defensa de la soberanía.

También es iliberal porque la mayoría de los líderes de opinión, principalmente de los medios de comunicación de masas como la televisión con redes nacionales,  los conductores de programas, periodistas analistas de información política de dichos medios insertos en la opinión pública, con el afán de sostenerse en sus respectivos trabajos y sostener sus informantes dentro del Palacio de La Moneda, operan bajo la mentalidad cortesana, y no son capaces de instalar líneas rojas frente a la ambigüedad de los relatos resbaladizos de la oficialidad gubernamental, o claramente para marcar defensas a las invalidaciones dirigidas hacia los adversarios sean ellos académicos, políticos o expertos. Antiguamente y en el lenguaje coloquial se diría: les falta encacharse.

En la Evaluación, ya han pasado varios Pueblos

Toda la discusión y votación del proyecto de la megarreforma, su instalación que terminó con envío de requerimientos al Tribunal Constitucional fue el primer escenario de instalación del iliberalismo. Pero, pasó piola. Se definió un factótum operador en el ministerio de hacienda que dejó sentadas las bases de la desconfianza en el parlamento y en la esfera política. A través de la ruptura de acuerdos, no aceptación, ni reconocimiento de las minorías, la negación a la búsqueda de acuerdo, las declaraciones autoritarias y resbaladizas de racionalidad que van y vienen, tanto en la cámara de diputados, como en el senado, se terminó con la imposición y aprobación en el senado por 1 o 2 votos de un proyecto de ley que terminó en el Tribunal Constitucional. 

Seguimos en la enumeración con: la degradación constante que diferentes instituciones del Estado han debido recibir durante estos cinco meses de parte de los diferentes ministros y voceros de gobierno. Comenzó con los recortes a los ministerios y el mal trato a los funcionarios públicos. Incluye el mal trato al mismo parlamento, al poder Judicial al comentar los fallos de parte del presidente cuando son de su agrado, (absolución del delito de Crespo), pasando por los cuestionamientos al Tribunal Constitucional frente al fallo reciente sobre la Ley de “Escuelas Protegidas” (junio de 2026), y al acoger parcialmente los requerimientos de inconstitucionalidad en relación con la Ley de la Reconstrucción. Y, recientemente al fallo sobre la Reconexión de Servicios Básicos.

En los detalles de la memoria reciente está el cuestionamiento institucional al trabajo del Instituto de Derechos Humanos, el cuestionamiento a la encuesta Casen como instrumento de política pública, y se incluyen las declaraciones fallidas de la ministra de Educación sobre el rol de los profesores. Por cierto, no se olvida que esto comenzó con una cena de amigos en el palacio de La Moneda con uso de funcionarios públicos, la instalación de la Misa diaria, y la reposición de la figura de la primera dama.  En síntesis, la gota que vino a rebalsar el vaso ha sido la presentación de la ley constitucional sobre seguridad pública.

Con la descripción anterior, a lo que se apunta es a procesar los motivos justificados existentes a la fecha que han provocado hablar de iliberalismo. Se trata de hechos sociales concretos de esta gobernabilidad, a través de los cuales, el sentido común chileno ha comenzado a detectar una deriva autoritaria incluso en la opinión pública.

Lo Iliberal presente en la Opinión Pública

Lo primero que llama la atención al observar la escenificación de la conversación en la opinión pública establecida en el Chile actual, es la forma, el estado, la acción y el comportamiento que despliegan los líderes de opinión, es decir, las diferentes figuras influyentes, los columnistas, los analistas, los conductores de programas, o expertos que buscan guiar, encauzar el debate público, de cara a instalar la conversación sobre la “iliberalidad de esta gobernanza y gobernabilidad”.

Y para empezar a despejar la problematicidad instalada en la agenda pública se hace necesario establecer la diferenciación de los liderazgos que concurren en este esfuerzo, con el objetivo de democratizar una conversación que plantea relevancia temática, y por cierto seguimiento evaluativo. En este contexto, lo primero que es necesario aclarar es que no estamos hablando aquí, de los líderes y actores, quienes por derecho propio constituyen las vocerías políticas institucionales en representación de los tres poderes del Estado de Derecho: ejecutivo, parlamento y judicial.

Sino que, y entienda se bien, se buscar precisar y distinguir entre los actores “influencers”, que tienen “pergaminos” para hacerlo en términos de experticia, profesionalismo, conjunto de conocimientos, habilidades, educación; de los actores “influencers” que no tienen estas cualidades, pero que si han logrado un cierto prestigio, una cierta fama, y un cierto reconocimiento social, a partir de la inserción en un determinado grupo social aspiracional de los medios de comunicación de masas y de las redes sociales. En términos sociológicos se trata de establecer la diferencia entre quién porta capital cultural, y quién porta capital social, quién porta ambos, y quién juega a investirse de ambos desde una profesión inserta en el ámbito de las comunicaciones.

En efecto, muchos de los influencers actuales son personas que provienen del logro de presencia y seguimiento en redes sociales. O, desde la farándula. Desde allí han adquirido el poder de cambiar las opiniones, los estilos de vida, o definir compras de un grupo de seguidores y consumidores, gracias a la cercanía y confianza construidas con dicha audiencia. Desde este rol, surgen ahora en los medios televisivos nacionales, buscando definir opiniones políticas, o incidir en los debates públicos, pero con bastantes debilidades argumentales, cognitivas, retóricas e informativas.

En este mismo contexto, también se posicionan los profesionales de las comunicaciones avezados, fogueados, con variada y cultivada experiencia, y los que recientemente formados, inician el camino de insertarse no solamente en el trabajo de los medios, sino en el trabajo de insertarse en las redes cortesanas palaciegas para tener acceso a la información, la noticia, la cuña.

Por cierto, es este el primer plano del escenario que plantea una heterogeneidad de vocerías no necesariamente útiles, eficientes, ni pedagógicas que permitan a la ciudadanía, ir formándose una opinión acerca, no solamente del tema iliberal, sino de la relevancia e interés de los asuntos públicos precisamente porque es la democracia lo que está en juego.

Desde la audiencia, lo que se detecta, es el déficit deliberativo y crítico respecto de la motivación a la base en la secuencia de revivals provenientes de la cultura autoritaria del régimen pinochetista desde que se instalara este gobierno el 11 de marzo del 2026. Se trata de una baja capacidad de cuestionar, evaluar, confrontar argumentativamente a quién está a cargo de conducir una determinada entrevista, cuestionario desde el medio de comunicación que representa. No hay capacidad profesional comunicativa instalada que defienda la democracia, y que delimite el riesgo de involución cuando está aconteciendo el deslizamiento autoritario.

En un cierto sentido, lo que se observa es el despliegue de una voluntad política retroactiva que busca reconstituir como legítimas, prácticas que, para la consciencia colectiva mayoritaria del país, eran percibidas como prácticas pasadas, propias de la dictadura. Las mismas, y producto del 58% alcanzado por esta candidatura para ser electa, ahora, se vuelven a presentar por quienes nos dirigen, como prácticas de reposición y viables. Y, quienes están a cargo de construir la opinión pública desde los medios de comunicación de masas, las aceptan y legitiman, las dejan pasar, sin colocar el dique de contención.

Y, es complejo y crítico porque se trata de una gobernanza que buscara instalarse comunicacionalmente a diario, en una rutina disciplinaria que durara 4 años, y de los cuales llevamos recién 5 meses. Y lo hará en un proceso cansador, sobre la base del regreso a contenidos de represión y recalque para verificar, si en el presente, consiguen una cierta racionalidad societal aceptable de legalidad. Es decir, los contenidos del imaginario político y social que aparentemente habían sido expulsados de la consciencia por ser incivilizados con el retorno a la democracia, regresan de forma disfrazada o desfigurada, ya que al parecer la represión no fue eficaz, ni destruyó la fuerza del impulso inconsciente, o porque simplemente, están destinados a regresar para ver cómo pueden llegar a validarse.

En este contexto, a la ciudadanía no le queda otra que construir un estado de alerta frente al retorno de lo reprimido de lo autoritario dictatorial con varias desventajas entre las que se destacan: el quiebre de las confianzas entre los actores legítimos e institucionalizados de la oposición, la minusvaloración social de la experiencia y la longevidad de cara a un sector de la población, menores de cuarenta años, que no conocieron la dictadura, por lo tanto, no reconocen las formas como operó la censura, la represión, los aparatos de inteligencia, ni las formas que asumió la violencia en el periodo autoritario dictatorial. Por lo mismo, se trata de un tiempo difícil, áspero, y con dificultades porque faltan “palos para el puente”, y, porque cada día habrá que poner los diques de contención a lo iliberal escurridizo que buscará colarse para debilitar la democracia.


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