El académico de la Universidad de Talca, Mario Herrera, explicó cómo operan estas redes digitales y advirtió que viralizar un mensaje no significa cambiar el voto.
Miles de cuentas pueden amplificar un mismo mensaje en redes sociales y convertir una publicación marginal en un contenido ampliamente visible en cuestión de horas. Esta dinámica vuelve a instalar el debate sobre el impacto de los bots y las granjas de cuentas automatizadas en la conversación pública.
El tema cobró relevancia tras el hallazgo en Bolivia de una supuesta “mini granja de bots” en inmuebles vinculados al consultor argentino Fernando Cerimedo, situación que abrió interrogantes sobre el funcionamiento de estas estructuras y su eventual influencia política.
En este contexto, Mario Herrera Muñoz, académico del Centro de Análisis Político de la Universidad de Talca, explicó los mecanismos utilizados para amplificar contenidos y sus efectos sobre la opinión pública.
“Con el tiempo los bots pasaron de ser una cuenta individual adicional a la del usuario a ser cientos de miles de cuentas que se trabajan en paralelo para tratar de viralizar un contenido”.
Según Herrera, estas operaciones permiten multiplicar las interacciones de determinados mensajes y aumentar su exposición, generando una visibilidad que no necesariamente representa un respaldo ciudadano equivalente.
Bots, trolls y astroturfing
El académico también diferenció a los bots de los trolls. Mientras las cuentas automatizadas pueden operar de manera masiva, detrás de un troll existe una persona que oculta su identidad y participa directamente en la difusión de determinados contenidos.
Ambas herramientas pueden coordinarse para “instalar y amplificar contenidos dentro de la conversación digital”, explicó Herrera.
A esta dinámica se suma el denominado astroturfing, estrategia que busca generar artificialmente la impresión de que una determinada opinión cuenta con un respaldo ciudadano espontáneo.
El objetivo, según el académico, consiste en “instalar temas en la agenda y en la opinión pública, creando una percepción de respaldo social”, aunque esta no necesariamente corresponda con la participación real de las personas.
El impacto depende de la plataforma
Las investigaciones desarrolladas por Herrera en el marco del Núcleo Milenio para el Estudio de la Política, Opinión Pública y Medios en Chile (MIPP) también han permitido observar diferencias en el comportamiento de estas dinámicas según la red social utilizada.
Los estudios, desarrollados durante procesos constituyentes y elecciones presidenciales, identificaron diferencias tanto en la velocidad de viralización como en el tipo de información que alcanzaba mayor difusión.
El académico también destacó cambios en las formas de activismo político digital y mencionó que en países como México se han detectado prácticas vinculadas tanto a sectores de izquierda como de derecha.
¿Pueden los bots cambiar una elección?
Aunque estas operaciones pueden influir en la conversación pública, Herrera plantea que su capacidad tiene límites.
“Sabemos que influyen, pero no determinan el comportamiento electoral y lo hacen con mayor rapidez en ciertos grupos etarios”.
De acuerdo con el académico, estos efectos podrían adquirir mayor relevancia entre personas indecisas o políticamente volátiles, especialmente cuando los contenidos abordan asuntos sensibles como la economía, el empleo o la seguridad.
Por ello, la existencia de miles de interacciones sobre un mensaje no permite concluir automáticamente que exista un respaldo ciudadano equivalente.
La importancia de verificar antes de compartir
Frente a la creciente desconfianza sobre la información que circula en redes sociales, Herrera llamó a observar con cautela aquellos contenidos que alcanzan rápidamente una alta difusión.
“Como consejo general frente a la viralización de contenidos siempre revisar la fuente y, si algo es demasiado bueno, increíble o sorprendente, lo más probable es que sea un contenido falso”.
La recomendación apunta a verificar el origen de la información y contrastar sus antecedentes antes de asumir que la cantidad de veces que un mensaje aparece en redes representa necesariamente la opinión de miles de personas.





