Camilo, un hombre digno.

Jorge Navarrete. Doctor en Procesos Sociales y Políticos. Alumni del programa Red Microeconomía para la Competitividad del Instituto de Estrategia y Competitividad de Harvard Business School. Militante del Partido Socialista.

Ha partido en su último viaje Camilo Escola Medina, un compañero del Partido Socialista a quién conocí a los 14 años, en Santiago, cuando él fue candidato a la presidencia de la FESES) desde su Liceo Nº6 de la comuna de San Miguel, y yo militaba en el Liceo Nº 7 de Ñuñoa.

Era un joven que despertaba admiración por su lenguaje directo y “de avanzada” en 1973; de físico esmirriado pero firme, de penetrantes ojos azules que calaban hondo por la pasión que despertaba en cada decir.

Después de ese año, no le vi más. El debió partir al exilio -a Alemania- en donde estudio ciencias políticas, para tiempo después ingresar clandestinamente a Chile, y luchar por la unidad del pueblo, en pos de una genuina democracia.

Debe haber sido a fines de 1982, en que yo estudiaba acá en Talca, y a la vez trabajaba haciendo clases en el Instituto Pitágoras, que dirigía el compañero Juan Araya Concha, cuando éste me dice: “Jorge quédate un rato después del trabajo, es necesario” …

A eso de las 22:00 horas, cuando nadie quedaba en el recinto, sonaron las puertas que, al abrirse, había dos individuos con bigotes que asemejaban a la CNI, lo que me motivó a colegir precipitadamente que el proceso de reconstrucción de nuestro Partido Socialista, una vez más iba a ser desmantelado. Pero no era así, una de esas personas era Camilo, que venía a entregarnos información, quizás -no recuerdo bien- también nuestro periódico clandestino “Unidad y Lucha”, el que se había creado y publicado interrumpidamente desde 1974; y un tan esclarecido análisis de Camilo sobre la situación política como el mejor escuchado y analizado hasta nuestros días, por lo preclaro.

En efecto, años después, Camilo empezó a desarrollar protagonismo cada más -como se decía en esos esos tiempos- de “público” (no del frente “interno”), más aún con el ingreso clandestino del compañero Clodomiro Almeyda, a quién Camilo siempre considero su “Padre Político”, constituyéndose en un pilar fundamental en la definición de la izquierda chilena de asumir la vía electoral -no la de rebelión armada- para derrotar la dictadura cívico militar de Pinochet.

Tal vez se comprenda que ello no era sencillo, dada la violencia del régimen en comento; sin embargo, ello lo asumió con tal convicción que concatenó, en esa época, al PS Almeyda con las fuerzas democráticas que definitivamente triunfarían en 1988 y 1989.

En ese transcurrir, Camilo fue junto al compañero Almeyda, el artífice de la Unidad Socialista -hubo antes 21 fragmentos del PS- permitiendo sostenidas victorias electorales  hasta el año 2006; contribuyendo además, que todas las fuerzas democráticas cohesionadas en la Concertación, eligieran a dos militantes socialistas a la Presidencia de la República, Ricardo lagos Escobar, y a la primera mujer en la historia de Chile en alcanzar tan alta magistratura, Michelle Bachelet Jeria que, precisamente, en nuestra colectividad, Camilo fue el primer y mayor impulsor de esta extraordinaria y maravillosa estadista.

Ello no fue fácil. En efecto, para alcanzar tal gravitación, Camilo debió ganar las elecciones internas de nuestro Partido. Y, para ello, debió enfrentar a sectores que tenían un reconocido poder e influencia en la colectividad: La “línea verde” se les llamaba, pues eran propietarios de ONGs, la mismas que le había permitido lograr una notable gravitación en el Comité Central, y que en esos años anhelaban el control total del Partido con la Presidencia. Camilo les enfrentó, y formo una lista que denominó “Democracia y Socialismo” -según recuerdo- logrando una victoria consistente de la militancia “pura y sincera”, al punto que este sector, sólo en el Maule (en esa época con más de 5000 militantes), logró la Presidencia Regional, con Jorge Navarrete B; Provincial, R. Bravo, y Comunal, Carlos Galvéz.

Con Camilo, volvimos a reencontramos en los años en que fui Gobernador de Talca. Recuerdo, que había desarrollado más que inteligencia, sabiduría política; era un mejor conversador, escuchaba lo que había detrás de quién profería una idea o postura, y luego opinar estratégicamente, desprendido de intereses personales y consubstanciado de Bien Común.

En virtud de ello Camilo, evidenciaba una especial templanza. Lo digo pues, en una cena -con dos o tres comensales- en el restaurante “Donde Rubén Tapia”, nos vio un muy querido amigo de derecha del suscrito, Rodolfo Moraga, quién era en esos años presidente de FIMAULE, y le plateó -al calor de un sabroso brebaje- estrictas posturas de la derecha respecto de la izquierda y de los líderes progresistas, a las que Camilo, sonrientemente mirando un punto en el infinito -como solía a veces hacerlo- en algunos casos les respondía atenta y contundentemente y, en otras, las dejaba pasar por ser no fundamentales, pues para Camilo, lo esencial de la Política y de una genuina Convivencia Democrática, era la Unidad de Chile.

Con el tiempo, interactuábamos también a veces en “aplicaciones” de internet en donde, como buen hincha del futbol -y del Colo Colo- bromeaba con el suscrito que es de la “U”; o cuando en ellas, defendía a algún compañero que reincidía desertando del Partido y volvía de nuevo arrepentido, al que había que darle, insinuaba, otra oportunidad.

En definitiva, Camilo era un magnífico Ser Humano. Jamás se enriqueció de la política. Miraba el mundo desde la perspectiva de los que trabajan. Siempre defendió a los más débiles de nuestra sociedad. Fue un hombre consecuente en la defensa de los Derechos Humanos. Amó a Chile por sobre todas las cosas. Fue un hombre digno.

Como decimos los y las socialistas, en esta hora final, Honor y Gloria, querido compañero Camilo Escalona Medina.

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