El arte también ilumina los caminos rurales

Iván Palomo, Escultor.

Hace aproximadamente diez años comencé a construir el Parque de Esculturas de Duao, en la comuna de Maule. Primero fue Miradas, una escultura de madera. Después vinieron otras obras y una tarea menos artística, pero igualmente necesaria: limpiar el terreno de moras, malezas y arbustos invasores. Poco a poco, lo que había sido un espacio abandonado comenzó a transformarse.

Hoy son doce esculturas de mediano y gran formato, emplazadas entre la ruta K-635 y el Canal Colín, aproximadamente un kilómetro  al poniente de la Casoca Cultural. Muchas fueron construidas con maderas recuperadas de árboles caídos, antiguos postes y estructuras rurales. Materiales que alguna vez tuvieron otra función y que encontraron una nueva vida en el arte.

Durante estos años he visto cómo el Parque comenzó a incorporarse al paisaje y a la vida cotidiana de Duao. Vecinos, familias, estudiantes y visitantes se detienen a observar las obras. Algunos preguntan por sus nombres; otros simplemente las contemplan.

El arte público tiene precisamente esa virtud: no exige comprar una entrada, conocer previamente a un artista ni desplazarse hasta una gran ciudad.

Quien pasa en camión, camioneta, automóvil, motocicleta, bicicleta, a caballo o caminando puede encontrarse, aunque sea durante unos segundos, con una expresión artística.

No todos tendrán la oportunidad de visitar el Museo del Prado, el Reina Sofía, el Louvre o el MoMA. Pero todos debieran tener la posibilidad de encontrarse con el arte en su propio territorio.  El arte también pertenece a los caminos rurales.

Cuando llegó la luz

El 25 de septiembre de 2026 ocurrió algo que esperaba desde hacía mucho tiempo: la Municipalidad de Maule concretó la iluminación de las esculturas, mediante gestiones realizadas por la arquitecta Maitte Iturra, de SECPLAN, por encargo directo del alcalde, Sr. Pablo Luna.

Al llegar esa tarde a Duao, todavía con luz natural, vi los pequeños focos instalados frente a las obras. Fue impactante. Las dos horas que faltaban para el anochecer parecieron interminables. Miraba cada cierto tiempo.

Cuando comenzó a disminuir la luz natural, apareció lentamente la iluminación de las esculturas. Sus formas blancas fueron adquiriendo una presencia que hasta entonces no había conocido.

Durante la madrugada siguiente, alrededor de las tres, volví a contemplarlas. Y nuevamente al amanecer.  Me sentí profundamente feliz y emocionado.  Cada jornada de trabajo, cada madera trasladada, cada grieta reparada y cada gestión realizada habían valido la pena.

La iluminación representa mucho más que un mejoramiento estético. Permite que el Parque forme parte del paisaje nocturno de Duao y constituye un reconocimiento concreto al valor cultural de este espacio.

El siguiente umbral

Las obras culturales también necesitan proyectarse más allá de quienes las iniciaron.

Por eso estoy preparando una propuesta para donar las doce esculturas a la Municipalidad de Maule, con el propósito de que sean incorporadas a su patrimonio y que el Parque pueda desarrollarse como un espacio público permanente.

Esta donación debiera estar acompañada de un convenio que establezca compromisos concretos de conservación, mantención, protección y mejoramiento del lugar. Entre las necesidades se encuentran la mantención periódica de las esculturas, la instalación de placas identificatorias, un letrero de calidad, asientos y un mejoramiento del piso para facilitar el recorrido de los visitantes.

También sería importante retomar el proyecto Ruta Cultural de Duao, trabajado anteriormente con SECPLAN, incluyendo la posibilidad de canalizar el Canal Colín en el sector del Parque, para ampliar la superficie disponible, sujeto a las autorizaciones correspondientes.

La iniciativa requiere resolver previamente aspectos jurídicos y administrativos relativos al terreno y a la faja de la ruta K-635. Son dificultades reales, pero confío en que pueden abordarse mediante el trabajo conjunto de las instituciones competentes.

La experiencia de estos diez años me ha enseñado que las obras no se construyen de una sola vez. Son la suma de pequeñas acciones, muchas veces separadas por largos períodos de espera. Como una suma de ladrillos que finalmente permite levantar una construcción.

Aspiro a que las duainas y los duainos sientan este Parque como suyo, lo cuiden y lo transmitan a las generaciones siguientes. Y que quienes lleguen por primera vez a esta pequeña localidad rural del Maule se sorprendan al descubrir que, junto a los campos, los árboles y los canales de regadío, existe un lugar donde doce esculturas dialogan con el paisaje.

Las esculturas llegaron primero. El Parque vino después. La comunidad comenzó a hacerlo suyo. Ahora corresponde trabajar para que permanezca.

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