Maria Ester Muñoz S., Enfermera, Coordinadora Área Salud integral de Centro de Longevidad VITALIS y académica de la Universidad de Talca.
Cuando hablamos de envejecimiento, con frecuencia pensamos en necesidades: salud, pensiones, dependencia o cuidados. Sin embargo, existe otra dimensión de la vejez que permanece mucho menos visible: el aporte cotidiano que las personas mayores realizan a sus familias y comunidades.
Envejecer no significa dejar de contribuir. Muchas personas mayores continúan realizando labores domésticas, cuidando a familiares, apoyando a otros hogares, participando en organizaciones sociales y desarrollando acciones de voluntariado. Ese trabajo sostiene silenciosamente una parte importante de la vida cotidiana.
Esta realidad adquiere especial relevancia en nuestra Región del Maule. Los resultados del Censo 2024 muestran que el 15,2% de la población regional tiene 65 años o más y que el índice de envejecimiento alcanza 83,9 personas mayores por cada 100 menores de 15 años. Es decir, estamos frente a una transformación demográfica que ya forma parte de nuestra realidad regional.
Pero envejecer en el Maule también significa vivir en territorios diversos, con ciudades intermedias, comunas rurales y localidades donde las redes familiares y comunitarias adquieren un enorme valor. Allí, muchas personas mayores no solo reciben apoyo: también lo entregan. Cuidan nietos, acompañan a familiares, colaboran con vecinos, participan en clubes y organizaciones, manteniendo vivas redes sociales que muchas veces son fundamentales para sus comunidades.
Los datos de uso del tiempo muestran, además, que el trabajo no remunerado continúa estando marcado por importantes diferencias entre hombres y mujeres. En el Maule, la II Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo evidenció que las mujeres destinan más tiempo que los hombres a estas actividades, particularmente al trabajo doméstico y de cuidados.
Por eso, hablar de envejecimiento también implica preguntarnos qué aportes estamos reconociendo y cuáles seguimos dando por sentados. No basta con diseñar políticas para las personas mayores; necesitamos construir políticas con ellas, reconociendo sus capacidades, experiencias, tiempo y participación.
El desafío para el Maule es avanzar hacia comunidades donde envejecer no signifique quedar al margen, sino continuar siendo parte activa de la vida familiar, social y comunitaria. Para ello necesitamos servicios y espacios que favorezcan la autonomía, la participación y la corresponsabilidad en los cuidados, pero también mecanismos que permitan visibilizar y valorar aquello que las personas mayores ya están haciendo.
En este desafío, desde la Universidad de Talca, el Centro de Longevidad VITALIS busca contribuir precisamente a esta mirada, promoviendo la investigación, la formación y la vinculación con el medio en torno al envejecimiento. Parte de este trabajo implica visibilizar las distintas formas en que las personas mayores participan y aportan a sus territorios, generando conocimiento y espacios de colaboración que permitan avanzar hacia un Maule donde la longevidad sea también una oportunidad para fortalecer la vida comunitaria.
Las personas mayores no son únicamente una población que requiere cuidados. También cuidan, participan, enseñan, acompañan y sostienen. Reconocer ese aporte no es un gesto simbólico: es comenzar a comprender de manera más completa lo que significa envejecer en nuestra región.
El desafío no es solo vivir más años, sino construir un Maule donde cada uno de esos años siga teniendo un lugar, un propósito y un aporte que reconocer.





