Celinda Lilian Letelier. Dra. en Sociología y Cs. Sociales – Profesora de Filosofía.
La Sociedad Benefactora y Educacional “Dignidad”, posteriormente llamada Villa Baviera desde su inserción en las cercanías de Parral, en la Región del Maule Sur, bajo el liderazgo y control del predicador alemán Paul Schäfer en 1961, instaló una cultura de la jerarquía, el dominio y opresión. Un tipo de convivencia, y una forma de organización y gobierno que, hasta la actualidad del siglo XXI, no termina de generar efectos desastrosos en la vida comunitaria de las comunidades cercanas, y también, en su propio interior. Dicho sea de paso, una “memoria cifrada” en el Maule en general que está dando paso a la impunidad biológica.
En 1961, post nazismo, un clan de linajes de jefes de familia alemana: Hopp, Döhnu o Bohnau/Döhnu y, Schmidhd o Schmidt, Skrabs y Seelbach, bajo el liderazgo del pedófilo Paul Schäfer, y trayendo consigo desde Alemania en condiciones de rapto o secuestro forzado a: niños, niñas, mujeres arrancadas de sus familias de origen, y hombres, fueron instalados en el fundo El Lavadero, teniendo como limites inicialmente el fundo el Pasto y el fundo el Peumo.
A nivel endogámico, es decir, “hacia dentro”, construyeron un tipo de organización tradicional, jerarquizada y arcaica, basada en una trasmisión educativa socializadora que usaba una variante del idioma alemán medioeval de sus miembros, con características religiosas y culturales en términos de comunidad asociada al luteranismo, más precisamente, asociada a los predicadores bautistas no modernas, para de este modo, continuar con el linaje de liderazgo que obedecía a la figura del seguimiento del “pastor”, y a las que había pertenecido el mismo Schäefer, y el clan de lideres de familia dominantes.
Se trató de un vínculo de vasallaje fidelizado perverso en cautiverio, en el sentido que incluía un cierre al contacto y desarrollo del propio idioma y lenguaje alemán, a la par que servía de vehículo para el trasplante de una forma de pertenencia y reconocimiento al grupo que legitimaba e institucionalizaba formas de familiaridad y dependencia hacia un liderazgo principal con exclusividad: Schäfer, y, un cierre al aprendizaje del idioma chileno, español que podría haber permitido la adquisición de otro vínculo, y de habilidades comunicativas de adaptación e inserción al medio. Cualquier análisis psicológico y socio cultural del fenómeno de disciplinamiento que ocurrió allí, sería exhaustivo y determinante al respecto. Sin embargo, se hizo silencio y bajamos la mirada.
La exogamia se fue dando bajo la mirada extrañada de los lugareños, que fueron sistemáticamente observando como “los alemanes” jugaban a modificar los límites de la propiedad, y las cercas de delimitación de sus tierras.
A la par, los líderes de la colonia fueron generando un “hacia fuera” y como fachada, un padrón de emprendimiento agrícola, industrial en pequeña escala, en el área de la salud y la educación, que les permitió ir controlando y construyendo relaciones vecinales, en formas de explotación. Las comunidades cercanas y habitantes de Las Casas, Las Lomas, el Valle de Las brujas de la Hacienda San Manuel, vecinos aledaños, tuvieron progresivamente que irse doblegando ante las formas de trato y prácticas de un autoritarismo fiduciario desprovisto de moral. En dichas relaciones, el intercambio se establecía sobre la base de una vulneración: la necesidad de la prestación de parte del lugareño del servicio que ofrecían a cambio. Es decir, la instalación de la práctica de la extorsión sistemática hacia fuera, y la violencia del abuso sexual infantil, psicológica, sistemática hacia dentro.
Hacia afuera, desde 1975 aproximadamente, llegaban a Constitución a la orilla del río Maule, en el sector estación. Mientras en todo Chile se extendía la represión, la delación y la violación a los derechos humanos, ellos se subían a votes a motor con indumentaria militar, vestuario color café claro, o marrón claro, y con armamento con mira telescópica, fusiles y rifles diseñados para alcanzar objetivos a larga distancia con alta precisión mediante un dispositivo óptico de aumento, se hacían a la mar a cazar animales marinos como: focas, lobos de mar, entre otros. Se los divisaba desde las playas, navegar sin ningún control naval, y disparar a los animales que generalmente se resguardaban en las rocas, y las cuales desde el retorno a la democracia han sido declaradas patrimonio nacional.
Cuando los mauchos y mauchas los observaban transitar con armas por la ribera del río, se hacía un silencio sepulcral. Aparecía y se ejercitaba el poder de facto, y se sobre entendía que los sucesos que estaban ocurriendo estaban fuera del control ciudadano. Sin embargo, la pregunta introspectiva era obvia: ¿Por qué y cómo podían transitar con armamento sin ningún tipo de control ni reglas en pleno gobierno militar? La respuesta en el silencio era obvia. Los alemanes eran amigos de la dictadura, tenían licencia para hacer lo que quisieran, y dada la necesidad y urgencia de poner a resguardo la propia sobrevivencia era mejor callar el maltrato animal entre otros.
De este modo, también, fuimos construyendo en el silencio, el aprendizaje de “cifrar o encriptar la violencia” en el Maule cuando sabíamos de personas que habían desaparecido, o personas que estaban bajo la protección de los alemanes.
El Nivel de Problematicidad de las formas de violencia cifradas
Según el abogado sobreviviente Winfried Hempel al salir de la colonia a la edad de los 17 años, junto con comenzar a aprender el lenguaje español, aprendió a comprender recién: “la noción de familia”, asociada a la noción de padre y madre biológico, al interior del hogar chileno que le dio asilo. A los 17 años comenzó a internalizar la noción de familia moderna en la cual tradicionalmente se organizaba en Chile, la socialización y la sociabilidad primaria. Y lo hizo en conjunto con aprender el lenguaje castellano que hoy habla como chileno fuera de la Ex Colonia.
En efecto, la organización social existente en Colonia Dignidad no tuvo, ni se propuso desarrollar los vínculos familiares sanguíneos ni consanguíneos. A los padres y madres alemanes, se les retiraba el derecho a educar a sus hijos e hijas, se les retiraba el vínculo y el acercamiento físico emocional y afectivo, vulnerando desde la niñez, la constitución de la estructura de la personalidad del ser humano en formación. En condiciones precarias de desarrollo del lenguaje, y en el aislamiento, mayoritariamente los colonos no tenían acceso al desarrollo y cultivo de su propia lengua, y tampoco el del idioma español. Por lo mismo, las comunicaciones hacia el exterior, con la vecindad, no les permitió establecer niveles de socialización mayor. Fue una violencia construida para nunca ser verbalizada ni hacia dentro ni hacia fuera porque “nunca fue percibida como tal”, de manera consciente. Hacia dentro, era la norma, la ley.
Es de público conocimiento que el tipo de entrenamiento interno que se hacía de los jóvenes en general era conducido hacia el trabajo. Desde muy temprana edad, su fuerza laboral sostenía el emprendimiento pequeño industrial de la sociedad. Los jóvenes, sostenían la gobernabilidad orgánica de acompañamiento a Schäfer y las actividades agrícolas. La educación fue absolutamente controlada y jerarquizada de acuerdo a los objetivos de preservación de la misma jerarquía, la obediencia, la fidelización a los lideres de la comunidad.
En efecto, los adultos del linaje de familias se hacían cargo de la planificación, la seguridad, los negocios, las finanzas, en el plano militar, y en las relaciones políticas de Paul Schäfer. Los alemanes fueron mostrándose como agricultores, gente “ordenada y disciplinada”, cultivadores de lindos jardines, emprendedores hacia fuera, mientras hacia dentro, construían túneles subterráneos para ir ejecutando, junto a la Dina, y Schäfer, el plan de exterminio, ocultamiento y remoción de cuerpos, secuestro y sesiones de tortura de miles de chilenos. Un horror que también fue quedando en el silencio. Solamente de Talca, al momento de escribir, son 51 en total los que pasaron por allí, de los cuales 31 alcanzaron a testificar que se los mantuvo en el sector El Peral dentro del lugar.
En la síntesis, en ese proceso de instalación y desarrollo de la Ex Colonia se describen el ejercicio y las prácticas de 4 tipos de violencias: 2 hacia dentro y 2 hacia fuera.
- Hacia dentro, hacia los colonos: abusos sexuales hacia los niños y niñas, vulneración y violación de derechos humanos y sociales de manera sistemática hacia los adultos que los mantiene hasta el día de hoy separados en dos grupos de personas, los que aún viven fidelizados por los actuales líderes de la presencia alemana en Chile, todos hijos de los jerarcas que volvieron a Alemania; y aquellos que han desarrollado una visión de asentamiento más chilenizada, y cuestionan la fidelización, el ejercicio del poder y la autoridad del enclave alemán.
- Y, también existen 2 violencias hacia fuera, hacia el Maule y la comunidad cercana, debido a los secuestros de personas, generalmente hijos e hijas de los lugareños mediante fidelismo, uso de la fuerza, y vasallaje en la prestación de servicios y trabajo. Y, por cierto, hacia ciudadanos chilenos trasladados al lugar para tortura, represión y desaparecimiento forzado desde el 73 en adelante por los aparatos de inteligencia en actuación conjunta.
Cifrar o Encriptar las violencias en el silencio
En términos analíticos, hay dos conceptualizaciones que buscan abordar los procesos mentales mediante los cuales, el inconsciente de los humanos, construye un mecanismo de censura o represión de los hechos de violencia o violación de los cuales ha sido objeto precisamente por la deriva de dolor y sufrimiento que han provocado a nivel experiencial. Para Freud cifrar era solo el mecanismo para “esconder un secreto”, para Lacan en cambio la represión, actúa transformando un pensamiento intolerable en una representación sustitutiva, lo que equivale a un proceso técnico de cifrado.
Para Freud: entre la represión de un pensamiento y su retorno en la consciencia ocurre el cifrado. El acto de cifrar (poner en palabras el dolor) es la manera en que el cerebro humano procesa y obtiene una satisfacción sustitutiva, en estos casos, la sobrevida resiliente. El cifrado es el proceso mediante el cual el inconsciente oculta un deseo, un conflicto o un goce transformándolo en un mensaje cifrado (como un síntoma, un sueño o un acto fallido) que debe ser descifrado mediante la terapia psicoanalítica.
Para Lacan en cambio: “el inconsciente está estructurado como un lenguaje” significa que el inconsciente no es un lugar caótico de instintos biológicos, sino un sistema ordenado de signos que funciona bajo las mismas leyes que el habla. Un mensaje con un significado cifrado sustituye una verdad intolerable. El sueño como material psíquico opera bajo las mismas reglas mediante el desplazamiento y la condensación.
En tiempos de Freud no existía el concepto encriptar que puede ser usado en la actualidad. Encriptar es el proceso de transformar información legible en un código ilegible mediante algoritmos matemáticos, permitiendo que solo las personas autorizadas que poseen la clave correcta puedan leerla. Mientras que el cifrado tradicional busca ser descifrado mediante la transferencia en el tratamiento analítico, la noción de encriptación se utiliza de manera más restrictiva, clínica o analógica. Nicolas Abraham y María Torok, también psicoanalistas, hablan del proceso de: “encriptación” o la creación de una cripta psíquica. Esto ocurre cuando en el duelo, en la herencia psíquica y transgeneracional, un trauma grave o un secreto vergonzoso de los padres no se puede decir ni procesar simbólicamente. En el silencio, queda sepultado (encriptado) de forma intacta en la psique del hijo, manifestándose como un fantasma que no responde al desciframiento común sino al retorno de ese secreto no dicho que no pertenece al descendiente, pero que lo habita, y lo atormenta de forma inconsciente a través de síntomas o conductas inexplicables.
Algunos investigadores abordan los aportes de la criptología señalando que, mientras un mensaje criptográfico militar se encripta de manera deliberada con una clave matemática fija para que nadie lo entienda, la encriptación inconsciente cifra sin un plan consciente premeditado; la clave del síntoma se va construyendo y revelando dinámicamente en el propio decir de la terapia cuando se tiene el leguaje para hacerlo.
Entonces y en este contexto, las preguntas que caben hacerse en este recorrido de vida son: ¿Qué sucede y ha sucedido cuando no se dispone del lenguaje para trasmitir? y ¿cuando el silencio encriptado ha ocupado ese lugar?
En el pasado reciente, el ex presidente Piñera definió este estado de cosas presente en Chile como: “complicidad pasiva”, y en la actualidad de septiembre del 2026, la complicidad pasiva se instaló por primera vez como un enorme silencio gubernamental. Un silencio que esconde o busca sostener: el secreto de la violencia al interior de la familia chilena en el mes de la patria, y, el otro silencio de la ausencia de palabras para nombrar la violencia vivida por los colonos alemanes que aún viven en un mundo aparte, condenados a la impunidad biológica. Por diferentes razones y motivos: ambas humanidades constituidas lejanas a la verdad, a la justicia, a la misericordia, al camino de la reconciliación en el bienestar. Y expuesta a la serie fantasmal.
En efecto, la complicidad pasiva ahora con el silencio como política de estado, busca institucionalmente normalizar e invisibilizar, no solo los conflictos, sino los hechos de violencia y violación ocurridas en el país desde el 11 de septiembre de 1973. Un silencio complaciente que busca en lo implícito justificar, ya que no solamente se busca negar la conflictividad como elemento de la diferenciación identitaria, sino, como aportes de verdad y justicia necesarios a la construcción del orden social y político. En un plano nacional, y de salud mental, es claramente un retroceso y un deterioro “fantasmal”.
En lo especifico, en el Maule, silenciar es dejar hacer a la violencia instalada como enclave de los alemanes porque el silencio busca mantener en la indefensión fidelista a los vulnerados y vulneradas en sus derechos durante años. Aunque en la contradicción vale preguntarse por la presencia de los valores cristianos, de evangelización, incluso de herencia migratoria alemana en Chile.
Y, por cierto, para la ciudadanía crítica y deliberativa del Maule, el silencio significa forzarla al cautiverio de su memoria. Resiliente una vez más. Por cierto, no son tiempos benignos.
Nota biográfica: mientras escribía este texto, sostuve en el recuerdo fantasmal a Belisario Amigo Coloma, Profesor de Artes Plásticas, dibujante, caricaturista, maulino, a quién conociera en Constitución, cuando era pequeña…





