Claudia Avendaño Ramos. Ejecutivo de Negocios, CORFO Maule.
Transitar de una región que produce y exporta vino, el que llega a la mesa de los consumidores, a ser una región que abre sus puertas para recibir a visitantes y turistas, en el que la experiencia es lo central, es uno de los grandes desafíos a los que se enfrenta hoy la Región del Maule.
Materia prima no nos falta, estamos en el corazón de la viticultura chilena, con pequeños viñedos patrimoniales en el Maule profundo a extensos viñedos modernos en el valle central, paisajes que evidencian una de las principales vocaciones productivas de la región. Y, por cierto, como el vino siempre va acompañado de comida, contamos con una riqueza agroalimentaria excepcional y tradiciones culinarias que sobreviven al paso del tiempo gracias a las manos y corazón de algunos maulinos.
La pregunta, entonces, es cómo convertir esas ventajas comparativas en ventajas competitivas y hacer del Enoturismo un verdadero motor de desarrollo territorial.
La experiencia internacional entrega pistas valiosas. Regiones como La Rioja, en España; Napa y Sonoma, en California; o Mendoza, en Argentina, han construido destinos en los que la visita trasciende la compra de una botella. También territorios ligados al tequila en México y al café en Colombia transformaron actividades productivas arraigadas en su identidad en experiencias turísticas extraordinarias.
La Región del Maule puede adoptar, al menos, cinco aprendizajes clave de esos modelos exitosos. La primera lección es superar la mirada fragmentada de cada valle vitivinícola y avanzar hacia una estrategia unificada de posicionamiento, asociatividad y gobernanza. Para quien nos visita, la experiencia debe sentirse como un recorrido por un gran destino, diverso en sus paisajes y propuestas, pero coherente en calidad e identidad.
La segunda es ampliar la forma de entender la experiencia enoturística. El formato tradicional de “charla y degustación” sigue teniendo valor, pero ya no basta. El desafío es abrir las puertas a público que no es experto en vino, mediante experiencias recreativas y de bienestar, que aprovechen el paisaje y diversifiquen la oferta.
La tercera es elevar la gastronomía con identidad, que valore nuestros productos y recetas, y el alojamiento inmersivo, conectado con el entorno, que permitan prolongar la estadía, aumentar el gasto y, sobre todo, dar razones para quedarse.
La cuarta es contar con infraestructura pensada para el visitante, señalización clara, rutas conectadas, transporte adecuado y alternativas de movilidad sostenible que hagan sencillo y seguro recorrer los viñedos y atractivos del territorio.
La última lección es facilitar la decisión de viajar y comprar. Hoy una buena experiencia comienza antes de llegar al destino. Información clara, presencia digital, disponibilidad visible y sistemas simples de reserva y comercialización son básicos para acercar a turistas de otras regiones y del extranjero. La tecnología también permite mantener el vínculo y convertir al visitante en un embajador del Maule.
Pero ¿quién da el punta pie inicial, las empresas o el Estado?, ¿quién se atreve y cruza el río, los grandes o los pequeños? En mi opinión y experiencia, la tracción parte en el sector privado, empresarios y emprendedores con pasión, visión y esperanza. Esperanza en que el Estado, a través de los servicios públicos y la academia, genere condiciones de entorno favorables para que esas ideas de negocio se materialicen y escalen, aportando información, coordinación, innovación, soporte, financiamiento y capital humano preparado.
En esta tarea, CORFO ha acompañado iniciativas privadas que buscan en el Enoturismo una oportunidad de negocio. Desde inicios de la década de 2000, se impulsaron las Rutas del Vino, a través de proyectos orientados a articular productores y promover el turismo asociado al vino. Hoy el mercado del Enoturismo ha cambiado, ha crecido y se ha sofisticado, y CORFO nuevamente hace eco a iniciativas privadas para impulsar su desarrollo.
Desde noviembre de 2025 se ejecuta el Programa Territorial Integrado “Enoturismo Sustentable en la Región del Maule”. Su propósito es fortalecer una gestión territorial que articule iniciativas públicas y privadas, poner en valor el patrimonio vitivinícola y turístico, y contribuir a cerrar brechas en las empresas y emprendimientos del sector. La meta es mejorar la oferta de valor, fortalecer la competitividad y avanzar en el posicionamiento de la Región del Maule como destino enoturístico nacional e internacional.
Por eso, la invitación es doble. Empresarios, emprendedores y profesionales del turismo, conozcan el programa Enoturismo Sustentable y súmense al desafío colectivo de construir una oferta cada vez más sólida. Y a quienes disfrutan del vino, la buena mesa, la naturaleza y la aventura, recorran el Maule con otros ojos. Tenemos viñedos, productos, paisajes, sabores y personas capaces de sorprender. Ahora debemos conectarlos y convertir esa riqueza en experiencias que hagan querer venir, quedarse y volver.





