Viernes, Enero 9, 2026
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Evitar lo peor

Diego Palomo. Universidad de Talca.

Señor director:

Distraigo la atención de sus fieles lectores con una brevísima reflexión que liga con la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

Tengo para mí, que en un país maduro (advierto que es coincidencia y nada tiene que ver con el señor de Venezuela), elegir presidente/a no debería ser una decisión por el “mal menor”, sino una elección real entre buenas propuestas, razonables, posibles y convocantes. Si en cambio, la gente vota solo para evitar que gane alguien peor, el sistema (político) ya habrá fallado desde antes de la votación del 14 de diciembre.

Sin pretender dramatizar, puede haber en esta situación una señal de que nuestra democracia está algo enferma. Es que una democracia sana no es la que obliga a la inmensa mayoría a elegir entre dos candidatos que nadie quiere realmente.

Una democracia sana es, puedo estar equivocado o pensar con demasiada candidez en este tema, la que impide que personajes incapaces, muy ideológicos, cegados por dogmas, personalistas, confrontacionales, sectarios, populistas, únicos “salvadores” del país, que apelan al miedo y frustración del votante, o que encarnan una propuesta puramente emocional, lleguen tan lejos.

Cuando votar se hace con ganas, y no con resignación, la política deja de ser un “show vacío”, como se ha visto hasta ahora, y vuelve a ser una herramienta para aportar en la tarea colectiva de construir un país que valga la pena dejarle a las nuevas generaciones.

Igual ya es tarde, pero tómese nota para más adelante. Los países serios no “cruzan los dedos” esperando que aparezca un buen candidato/a. Construyen y consolidan reglas e instituciones que evitan que nos debamos conformar con optar por el menos malo. La clave siempre estará allí: las reglas y las instituciones, lo que no es sinónimo de rigidez o inmovilidad.

Como los juncos, una democracia sana no necesita rigidez para ser fuerte: lo que necesita son raíces firmes. Serán las reglas claras y las instituciones sólidas las que sostengan el sistema, incluso cuando soplan vientos extremos de norte y sur. Si todo se juega en cada elección, como si se tratara de un juego de apuestas, es que algo estamos haciendo.

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