Antonieta Muñoz Quilaqueo, Profesora en Educación Técnico Profesional – Universidad Austral de Chile Candidata a Magíster en Política y Gestión Educacional – Universidad de Talca.
Un llamado a fortalecer capacidades sin perder de vista el aprendizaje
Durante esta semana se inyectaron $800 millones al Departamento de Administración de Educación Municipal (DAEM) de Talca, un apoyo extraordinario que busca resguardar la continuidad del servicio educativo en un escenario marcado por la baja sustantiva de matrícula y por tensiones financieras acumuladas.
La aprobación del PADEM 2026, hace dieciocho días, abrió un debate que no se limita a lo administrativo. Puso en evidencia la distancia que puede instalarse entre la gestión y el propósito pedagógico. Las comunidades educativas, sin embargo, siguen siendo el centro vivo del sistema: espacios donde directivos, docentes, profesores y asistentes sostienen los aprendizajes en medio de incertidumbres presupuestarias.
El investigador Cristián Bellei, en su libro “El problema de la educación en Chile”, advierte que la gestión educativa no puede desvincularse de su propósito pedagógico. En el analiza cómo las reformas y marcos administrativos, al centrarse en la eficiencia, corren el riesgo de debilitar la identidad de las escuelas y la voz de sus comunidades. Esa lectura ofrece una invitación a repensar el sentido público de la educación más allá de las estructuras formales.
El desafío sigue siendo estructural. Instrumentos como el PADEM deben funcionar como herramientas de mejora, articulando decisiones presupuestarias con aprendizaje, equidad y participación. Recuperar esa coherencia implica mirar la escuela no solo como un centro de costos, sino como el lugar donde se forma ciudadanía y se concreta el derecho a aprender.
Hoy la educación pública vive un momento de inflexión. Avanzar hacia un sistema robusto requiere fortalecer capacidades institucionales, abrir espacios de diálogo y construir decisiones desde el aula hacia la institucionalidad. La sostenibilidad financiera debe caminar junto a la sostenibilidad pedagógica.
Porque la educación pública es una comunidad viva que, cada día, lucha por mantenerse en pie. Mientras existan docentes y profesores que enseñan con convicción, estudiantes que sueñan su futuro y equipos que trabajan con compromiso, la educación pública seguirá recordándonos algo esencial: cuando la escuela se cuida entre todos, ninguna crisis tiene la última palabra.





