Miércoles, Febrero 11, 2026
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Una vejez digna Parte 4: Personas mayores, fuerza decisiva de la democracia chilena

Iván Palomo G., director del Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca y del Centro Interuniversitario de Envejecimiento Saludable (CIES-CUECH); Coordinador de la Red Interuniversitaria de Envejecimiento Saludable de Latinoamérica y Caribe (RIES-LAC / COMLAT-IAGG).

Chile atraviesa un proceso de envejecimiento poblacional acelerado y estructural. Hoy, cerca del 20% de la población tiene 60 o más años, y las proyecciones muestran que en las próximas décadas este grupo seguirá aumentando tanto en número como en peso relativo. Este cambio demográfico no solo desafía los sistemas de salud, pensiones y cuidados, sino que también transforma de manera profunda el escenario social, cultural y político del país.

En democracia, los cambios demográficos importan. Y mucho. Las personas mayores no constituyen un grupo pasivo ni marginal: son hoy uno de los actores más relevantes del padrón electoral chileno. En los últimos procesos eleccionarios han representado cerca del 27% de quienes están habilitados para votar y, de manera consistente, presentan tasas de participación superiores a las de otros grupos etarios. Votan más, con mayor regularidad y con un fuerte sentido de responsabilidad cívica.

Este patrón volvió a quedar en evidencia en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de noviembre de 2025. Las personas mayores destacaron nuevamente como uno de los segmentos etarios con mayor concurrencia a las urnas. Incluso frente a barreras de movilidad, tiempos de espera o dificultades físicas propias de la edad, su participación fue proporcionalmente superior a la  grupos más jóvenes.

Este dato no es menor. Cuando un grupo etario representa cerca de un tercio del padrón electoral y, además, participa activamente, se transforma en un actor capaz de inclinar y decidir una elección presidencial. En escenarios electorales competitivos, donde las diferencias entre candidaturas son estrechas, el voto de las personas mayores adquiere un peso estratégico que no puede ser ignorado.

Sin embargo, este poder electoral convive con una realidad preocupante: las personas mayores siguen estando subrepresentadas en los espacios de toma de decisiones políticas. En elecciones recientes, menos del 20% de las candidaturas a cargos locales correspondieron a personas de 60 años y más, y su presencia disminuye aún más a nivel regional y nacional. Se configura así una paradoja democrática: quienes más participan del sistema, no siempre ven reflejadas sus prioridades, experiencias y visiones en la agenda pública ni en los liderazgos políticos.

Desde el Centro de Longevidad VITALIS sostenemos que este desequilibrio debe ser abordado de manera explícita. No basta con valorar el voto de las personas mayores durante los períodos electorales. Es indispensable incorporar de forma clara y sostenida sus demandas estructurales (pensiones dignas, salud integral, cuidados de largo plazo, transporte accesible, vivienda adecuada y participación social) en los programas de gobierno, y promover activamente su participación política, incluyendo candidaturas senior y espacios reales de incidencia.

Las personas mayores no solo votan: analizan, comparan propuestas y toman decisiones informadas, muchas veces apoyadas en trayectorias de vida marcadas por transformaciones profundas del país. Su compromiso democrático no es circunstancial; es el resultado de la experiencia, de derechos conquistados y de una valoración profunda del voto como herramienta de cambio y continuidad institucional.

Las elecciones presidenciales de noviembre de 2025 dejan una lección que ninguna candidatura debiera pasar por alto: las personas mayores ya están decidiendo el rumbo político del país. Son numerosas, participan más que otros grupos etarios y ejercen su derecho a voto con convicción, memoria histórica y responsabilidad cívica.

Frente a este escenario, él candidato y la candidata a la Presidencia de la  República de Chile, más que hablar sobre las personas mayores, deben comenzar a hablar con ellas.   Reconocer su peso electoral, traducirlo en propuestas concretas y abrir espacios reales de representación no es una concesión, es una exigencia democrática. En un Chile que envejece aceleradamente, quien no comprenda el valor político del voto de las personas mayores, no está leyendo el país real.

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