Antonieta Muñoz Quilaqueo. Profesora en Educación Técnico-Profesional – Universidad Austral de Chile. Candidata a Magíster en Política y Gestión Educacional – Universidad de Talca.
Expectativas familiares, prestigio social y decisiones formativas.
En numerosos hogares chilenos, la elección de la Educación Técnico Profesional (ETP) por parte de hijos e hijas continúa siendo recibida con desconcierto, preocupación o incluso abierta decepción. Para muchas familias, la universidad sigue representando el horizonte natural —y deseable— del éxito educativo, mientras que la formación técnicoprofesional aparece asociada a una renuncia anticipada o a una trayectoria de menor valor. Esta tensión no es anecdótica ni individual, sino expresión de una construcción cultural arraigada sobre el prestigio del conocimiento y las jerarquías educativas.
La expectativa familiar de que los jóvenes ingresen a la universidad no surge de manera espontánea. Durante décadas, el discurso social ha reforzado la idea de que la movilidad social depende, casi exclusivamente, de la obtención de un título universitario. Desde esta lógica, la universidad se ha consolidado como símbolo de estatus y promesa deestabilidad económica, mientras otras trayectorias formativas han quedado relegadas, con independencia de su calidad o proyección. Sin embargo, optar por una vía distinta a la universitaria no implica necesariamente una renuncia ni un déficit, sino que puede responder a decisiones informadas, intereses vocacionales definidos y proyectos de vida coherentes.
El conflicto emerge cuando estas decisiones juveniles colisionan con expectativas familiares construidas desde un imaginario distinto. Para muchos padres y madres, la elección de una formación TP se vive como una ruptura del proyecto familiar, como si el esfuerzo invertido en la escolaridad no encontrara continuidad suficiente. En este punto, la decepción no es pedagógica, sino cultural: no se cuestiona la formación en sí, sino el lugar simbólico que ocupa en la jerarquía social del conocimiento.
Esta tensión se refuerza por una comprensión limitada de las trayectorias educativas contemporáneas. Persisten ideas que asocian la Educación Técnico Profesional a un destino terminal, desconociendo los actuales caminos de continuidad en la educación superior técnica y universitaria. Desde una mirada sociológica, estas dinámicas reflejan procesos de reproducción simbólica: la universidad se asocia al saber legítimo, mientras la formación técnica queda reducida al “saber hacer”, pese a que ambos resultan indispensables para el desarrollo social y productivo.
Más que contraponer universidad y Educación Técnico Profesional, el desafío consiste en cuestionar la falsa dicotomía que las separa y reconocerlas como parte de un sistema educativo diverso. Allí, lo que se disputa no es solo una elección académica, sino el sentido mismo del éxito, del prestigio y del futuro que las familias imaginan para las nuevas generaciones.





