Dra. Dahiana Pulgar. Cirugía oncológica. Clínica Met.
Cada 4 de febrero, el mundo conmemora el Día Mundial del Cáncer, una fecha que nos invita a detenernos, reflexionar y, sobre todo, a tomar conciencia. El cáncer no es una realidad lejana ni ajena: casi todos conocemos a alguien que lo ha enfrentado, ya sea un familiar, un amigo o un compañero de trabajo. Detrás de cada diagnóstico hay una historia, una familia y un camino que nunca se recorre en solitario.
Hablar de cáncer suele generar temor, pero también es una oportunidad para transmitir un mensaje poderoso: una parte importante de los cánceres se puede prevenir y muchos otros pueden detectarse en etapas tempranas, cuando las posibilidades de tratamiento y curación son mucho mayores. La prevención y el diagnóstico precoz salvan vidas.
María tiene 52 años y decidió, casi por insistencia de su hija, realizarse una mamografía de rutina. No tenía molestias, no había notado ningún cambio y se sentía sana. El examen mostró una lesión pequeña en su mama izquierda. El diagnóstico fue cáncer de mama en etapa inicial. Gracias a ese control oportuno, recibió un tratamiento menos invasivo y hoy se encuentra libre de enfermedad. María suele decir que ese examen, que estuvo a punto de postergar, le cambió la vida.
Pedro, en cambio, trabajó por años al aire libre. Nunca le dio mayor importancia a una herida pequeña en su nariz que no cicatrizaba. Pensó que era “solo una costra”. Meses después, al consultar, se confirmó un cáncer de piel. Afortunadamente, también estaba en una etapa tratable, pero su historia recuerda algo fundamental: escuchar a nuestro cuerpo y consultar a tiempo hace la diferencia.
Estas historias, que se repiten a diario en distintos centros de salud, muestran que el cáncer no siempre avisa con dolor o síntomas evidentes. Muchas veces se manifiesta de forma silenciosa, y es ahí donde los controles preventivos cumplen un rol clave. Exámenes como mamografía, Papanicolaou, colonoscopía, test de sangre oculta en deposiciones, control dermatológico y chequeos médicos periódicos permiten detectar lesiones antes de que se transformen en un problema mayor.
La prevención también está estrechamente ligada a nuestros hábitos. No fumar, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física regular, evitar el consumo excesivo de alcohol, protegerse del sol y mantener un peso saludable son medidas simples, pero con un impacto enorme en la reducción del riesgo de cáncer. No se trata de buscar la perfección, sino de avanzar paso a paso hacia un estilo de vida más saludable.
Otro pilar fundamental es la educación. Saber cuáles son los factores de riesgo, conocer los antecedentes familiares y conversar abiertamente sobre estos temas permite tomar decisiones informadas. La información, cuando es clara y confiable, empodera.
El Día Mundial del Cáncer no es solo una jornada de conmemoración, sino también un llamado a la acción. Un llamado a cuidarnos, a cuidar a quienes queremos y a perder el miedo a consultar. Muchas personas retrasan la visita al médico por temor al diagnóstico, cuando en realidad consultar a tiempo puede significar tratamientos más simples y mejores resultados.
Hoy más que nunca, el mensaje es de esperanza. La medicina ha avanzado de manera significativa en prevención, diagnóstico y tratamiento. Cada año contamos con mejores herramientas, terapias más efectivas y equipos de salud cada vez más preparados.
Este 4 de febrero, regalémonos y regalemos a quienes amamos un acto de cuidado: agendar un control, retomar un examen pendiente, protegernos del sol, dejar el cigarro, movernos un poco más. Son gestos pequeños, pero capaces de cambiar una vida.
Porque el cáncer no siempre se puede evitar, pero muchas veces sí se puede prevenir. Y casi siempre, se puede enfrentar mejor cuando se detecta a tiempo.





