A través de su concepto “Busaneko”, el fotógrafo nipón Masayuki Oki captura la resiliencia y las expresiones humanas de los felinos callejeros, transformándolos en íconos globales del arte urbano.
La fotografía de animales suele buscar la perfección estética y la ternura convencional, pero el artista japonés Masayuki Oki desafía estos cánones. Residente de Tokio, Oki dedica sus jornadas a recorrer los callejones menos transitados para documentar la vida de los gatos sin hogar. Su trabajo no persigue la elegancia de las razas de exposición, sino que exalta el concepto de “Busaneko” (gatos feos o poco agraciados), término que utiliza con profundo respeto para describir la autenticidad de sus sujetos.
El fotógrafo logra capturar instantes donde la naturaleza salvaje y la personalidad individual de los felinos convergen. En sus imágenes, los gatos bostezan con ferocidad, se involucran en acrobacias accidentadas o descansan sobre máquinas expendedoras, mostrando una gama de emociones que la audiencia suele calificar como “humana”. Esta capacidad de antropomorfizar la vida callejera sin intervenir en ella ha convertido a Masayuki Oki en un referente de la fotografía urbana contemporánea.
Con más de 700 mil de seguidores en su cuenta oficial de Instagram, el impacto de su obra trasciende las redes sociales. Oki ha publicado exitosos fotolibros como “Zannen na Neko” (Gatos desafortunados), donde explora la comedia involuntaria de la vida felina. Sus capturas ofrecen una ventana única a la cotidianidad de los barrios de Japón, elevando la figura del gato callejero de un habitante invisible a un protagonista con historia propia. Su arte nos recuerda que la belleza reside en la imperfección y en la lucha diaria por la supervivencia.





