Iván Palomo G., director del Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca y del Centro Interuniversitario de Envejecimiento Saludable (CIES-CUECH); Coordinador de la Red Interuniversitaria de Envejecimiento Saludable de Latinoamérica y Caribe (RIES-LAC / COMLAT-IAGG).
Cuando hablamos de envejecimiento solemos imaginar una cifra regional y un gráfico. Pero en la Región del Maule, el envejecimiento tiene geografía y esa geografía importa. El Maule mantiene una ruralidad cercana al 25%, y el 15,2% de su población tiene 65 años o más (Censo 2024). El índice de envejecimiento regional alcanza 83,9, con comunas como Curepto, Vichuquén y Hualañé superando ampliamente el promedio.
El Maule no enfrenta un solo envejecimiento, sino al menos dos. En el mundo urbano hay mayor disponibilidad de servicios de salud y trámites, pero también más riesgo de soledad, viviendas poco adaptadas y barreras de movilidad.
En el mundo rural, muchas personas mayores conservan identidad y pertenencia, pero enfrentan distancias largas para controles médicos, menor transporte y menor conectividad digital.
El desafío regional exige políticas diferenciadas: fortalecer la atención primaria con enfoque geriátrico, impulsar transporte rural adaptado, apoyar cuidadores y promover participación comunitaria.
Aquí la articulación institucional es decisiva. SENAMA puede orientar lineamientos técnicos y fortalecer redes; los municipios conocen nombre y apellido de las personas mayores que viven solas en sectores rurales o barrios urbanos; y el Gobierno Regional del Maule puede impulsar una estrategia de envejecimiento saludable con enfoque territorial.
Como se ha dicho, no basta con agregar años a la vida; debemos agregar vida a los años. Y tal vez convenga recordar a Pablo Neruda, nacido en Parral, cuando escribió: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”. La primavera del Maule también está en la dignidad de sus personas mayores, en cada barrio urbano y en cada camino rural.






