María Ester Muñoz S., Enfermera, Coordinadora Área Salud integral de VITALIS Centro de Longevidad y académica de la Universidad de Talca.
Cada año, cuando el otoño comienza a teñir de amarillo los campos del Maule, también llega un recordatorio silencioso pero urgente: es tiempo de vacunarse. Para quienes trabajamos en el cuidado de personas mayores, esta época no pasa inadvertida. Desde CL Vitalis, nos interesa que las personas mayores de las distintas comunas de nuestra región puedan enfrentar una temporada de influenza o un brote de COVID-19 con la protección que una vacuna puede ofrecer.
Nuestra región posee una proporción significativa de personas mayores en su población, muchas de ellas residiendo en zonas rurales con acceso limitado a servicios de salud especializados, por lo que el riesgo de que una infección respiratoria derive en una complicación grave es real y concreto. La lejanía de algunos centros hospitalarios, sumada a condiciones crónicas como la hipertensión, la diabetes o enfermedades cardiovasculares —muy prevalentes en este grupo etario— convierte a la vacunación en una herramienta de protección esencial, no opcional.
¿Por qué influenza y COVID-19?
Tanto la influenza como el COVID-19 son enfermedades respiratorias que, en personas mayores de 60 años, pueden provocar complicaciones severas: neumonías, hospitalizaciones prolongadas, deterioro funcional e incluso la muerte. Lo que para una persona joven puede significar unos días de malestar, en una persona mayor puede traducirse en semanas de recuperación, pérdida de autonomía y un impacto profundo en su calidad de vida. Las vacunas disponibles hoy en Chile para ambas enfermedades han demostrado ser seguras y eficaces, especialmente para reducir la probabilidad de hospitalizaciones y fallecimientos.
Barreras que debemos derribar
Uno de los obstáculos más difíciles de enfrentar no es logístico sino cultural: los mitos en torno a las vacunas siguen circulando con sorprendente fuerza, incluso entre personas que tienen acceso real a la vacunación. Hay personas mayores convencidas de que la vacuna contra la influenza o el COVID-19 puede provocarles la enfermedad, cuando en realidad ninguna de estas vacunas contiene virus activos capaces de infectar. Otros creen que, a su edad, su sistema inmune ya no es capaz de responder y que vacunarse “no sirve de nada”, desconociendo que precisamente por eso —porque la respuesta inmune se debilita con los años— la vacuna es aún más necesaria para darle al organismo el apoyo que necesita. Estos mitos no nacen de la mala voluntad, sino de información incompleta que circula por redes sociales, conversaciones de pasillo o experiencias mal interpretadas. Desactivarlos requiere paciencia, empatía y un diálogo honesto entre los equipos de salud y las personas mayores y sus familias.
Por eso, desde CL Vitalis hacemos un llamado concreto: si tienes un familiar mayor en el Maule, promueve que se vacune, si es necesario acompáñalo a vacunarse. Si eres profesional de salud, refuerza el mensaje con empatía y sin juicios. Si eres una autoridad local, facilita los mecanismos de acceso, especialmente en zonas rurales. Y si eres tú quien aún no se ha vacunado, te invitamos a protegerte: hacerlo no es solo un acto de cuidado personal, sino también un acto de responsabilidad con los que te rodean.
El Maule tiene una cultura de comunidad, de solidaridad entre vecinos, de cuidado intergeneracional. Vacunarse es parte de ese cuidado. Es decirle a quienes amamos: “yo hago mi parte para que estés bien”. En esta temporada, ese gesto pequeño puede salvar una vida grande.






