Sábado, Marzo 21, 2026
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El péndulo de la…..

PhD. Rodrigo Ignacio Berrios Rojas. Académico y miembro de la Sociedad Española de Pedagogía (SEP).

Por años, la política en Chile se ha comportado como un péndulo que nunca termina de centrarse. Oscilamos entre refundación y ajuste tecnócrata; entre “cambiarlo todo” y el miedo a romper la “normalidad”. El vaivén responde a carencias estructurales, junto a desigualdades persistentes, desconfianza y expectativas que nadie ha logrado abordar a mediano plazo.

Mientras tanto, los costos se acumulan en desempleo, servicios sobrecargados, instituciones bajo sospecha y la propuesta pública rehén de eslóganes. Sobre todo, cuando la ciudadanía percibe que una agenda se atrinchera, el voto la empuja hacia su opuesto – llamado péndulo- como sinónimo de populismo saludable. Sin acuerdos básicos, reglas fiscales creíbles, estándares de calidad para políticas sociales, estabilidad regulatoria, ese péndulo cambiara de curso, pero no de destino. Donde volveremos una y otra vez al punto de partida, con mayor desilusión.

La clave no es detener el péndulo, sino dotarlo de amortiguadores: pactos transversales con métricas públicas, evaluaciones independientes y umbrales de calidad que no dependan del turno. Esa trayectoria sugiere que la política creíble se basa en metas verificables y no en promesas maximalistas, convirtiendo las mentiras en algo creíble.

Lamentablemente en Chile, las mentiras (o verdades a medias) resultan creíbles porque encajan con los sesgos de cada tribu. La promesa fácil como “bajar impuestos y crecer”, “subir gasto y mejorar todo”, “levantar una zanja y se acaba la migración” -triunfa sobre el dato incómodo-. Por lo que es necesario -urgentemente- una cultura cívica, con alfabetización institucional, transparencia radical y sanciones reales para la desinformación que se emite desde el poder.

Volvamos a los impuestos: Es tentador creer que una rebaja tributaria a las empresas por sí sola gatilla inversión y empleo. Cuando la incertidumbre es alta, la productividad estancada y la ejecución pública deficiente, la rebaja se traduce en la caja retenida para las empresas y no en nuevos proyectos para crear empleos. Por lo que necesitamos una ecuación sofisticada con justicia tributaria amplia y evasión bajo control que mida resultados y una productividad que saque el estancamiento generado por los mismos -privados- igual que una máquina desenchufada.

Por otra parte, termino la cuenta regresiva y la migración es un fenómeno multicausal. Las zanjas son costosas en política y baratas en resultados. Control fronterizo profesional, cooperación internacional, sistemas biométricos, corredores humanitarios y expulsiones efectivas son herramientas insuficientes sin gestión en destino como empadronamiento, inserción laboral formal, acceso a servicios y control policial.

Criminalizar al migrante y después reconocerlos con una llave de la ciudad, son dos caras del mismo fracaso. Tal como los indultos, que son un acto excepcional que comunica prioridades morales y políticas. Sobre todo, cuando se aplican sin claridad, erosionan el principio de igualdad ante la ley y las instituciones.

No se trata de prohibirlos, sino de dotarlos de transparencia, estándares, evaluación y rendición de cuentas. Si el mensaje es ambiguo, el péndulo se acelera: la oposición se radicaliza, el oficialismo se encapsula y la ciudadanía se desencanta – Orden con humanidad y Estado con capacidad es más efectivo-.

Otro error grave es la oportunidad en minerales críticos -apurar y luego arreglar-. Un proyecto en el Biobío sin base ambiental robusta, participación temprana y beneficios territoriales explícitos no se compra con slogans, sino con contratos sociales claros y cumplimiento monitorizado. De lo contrario, el péndulo regulatorio hará inviable la inversión. Tal como sucede en las instituciones de educación superior, donde se multiplicó la matrícula con la expansión de universidades.

Obvio, ganamos inclusión, pero no cerramos la brecha decisiva: calidad y pertinencia. Junto a titulados que no encuentran empleo, endeudamiento que alivió ingresos y egresos pero no aprendizajes, instituciones masificadas sin estándares homogéneos.

Si bien la gratuidad se consolidó en más de 30 universidades y 69 instituciones adscritas, el debate se desplaza desde el “quién paga” al “qué se obtiene”: acreditación exigente, empleabilidad, pertinencia curricular por territorio y sector productivo. El desafío es alinear financiamiento por desempeño y trayectorias. De lo contrario, la equidad sin calidad continuara fabricando frustración.

Entonces ¿Qué haría más corto el arco del péndulo? Metas de Estado medibles y blindadas en productividad, seguridad, aprendizajes, salud; con reportes trimestrales públicos. Reglas creíbles que den estabilidad a la inversión y protejan a los ciudadanos. Austeridad y transparencia radical para cortar el oxígeno a la demagogia.

Chile no necesita un péndulo elegante. Necesita un centro de gravedad. Y eso se construye con más rigor y voluntad. Esto no es moralina: es economía política básica, es una condición para reconstruir confianza en una democracia cansada.

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