Envejecer en el Maule: del desafío demográfico a la oportunidad territorial

Iván Palomo G., director del Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca y del Centro Interuniversitario de Envejecimiento Saludable (CIES-CUECH); Coordinador de la Red Interuniversitaria de Envejecimiento Saludable de Latinoamérica y Caribe (RIES-LAC / COMLAT-IAGG).

El envejecimiento poblacional dejó de ser una proyección para convertirse en una realidad concreta que está transformando nuestras sociedades. Europa lo vive con intensidad y comienza, tardíamente, a estructurar una respuesta estratégica. En Chile  -y particularmente en la Región del Maule-  estamos en un punto similar, pero con menos tiempo para reaccionar.

El informe del Comité Económico y Social Europeo plantea que el envejecimiento no es solo un problema económico o sanitario, sino también una oportunidad social y productiva que ha sido subestimada. Esa mirada -que cambia el foco desde el costo hacia el potencial- es la que necesitamos instalar en el Maule.

La región del maule, en relación al resto del país, presenta uno de los índices de envejecimiento más altos, fenómeno que no es homogéneo: se expresa con mayor fuerza en comunas rurales, donde la migración de jóvenes ha invertido la pirámide poblacional. El resultado es un territorio donde la vejez no es solo más frecuente, sino también más solitaria, más vulnerable y más invisibilizada.

Europa ha identificado tres grandes desafíos sociales en este proceso: soledad, dificultades de acceso a servicios y edadismo. En el Maule, estos tres problemas se potencian entre sí: (i).. La distancia geográfica se convierte en distancia social, (ii) La brecha digital se suma a la desigualdad territorial, y (iii) La falta de reconocimiento de las personas mayores limita su participación en la vida comunitaria.

Pero sería un error detenernos solo en el diagnóstico.  El mismo informe europeo advierte que las personas mayores no deben ser vistas como una carga, sino como un capital social, intelectual y económico subutilizado . En otras palabras, el envejecimiento puede ser una palanca de desarrollo si se aborda con inteligencia.  En el Maule, esto abre una oportunidad estratégica: (i) Nuestra estructura demográfica nos obliga a innovar antes que otras regiones, (ii) Contamos con capacidades académicas e institucionales -como las desarrolladas desde la Universidad de Talca a través del Centro de Longevidad VITALIS y coordinación de las redes CIES y RIES-LAC, que permiten articular conocimiento, formación y vinculación con el territorio, y (ii) El envejecimiento puede transformarse en un eje de desarrollo regional, integrando salud, ciudades, economía y cohesión social.

Esto exige pasar de políticas fragmentadas a una visión integrada. No basta con fortalecer la atención de salud o aumentar la cobertura de cuidados. Se requiere avanzar hacia comunidades amigables con las personas mayores, sistemas de cuidado de largo plazo, formación de capital humano especializado y, sobre todo, generación de oportunidades de participación activa. La llamada “Economía plateada” puede convertirse en un motor de desarrollo territorial si se vincula con emprendimiento, turismo, innovación social y servicios.

Pero hay un principio que no puede perderse en este camino: la dignidad. El informe europeo es enfático en señalar que cualquier estrategia debe garantizar que las personas mayores vivan -y mueran- con dignidad. Esta no es una consigna ética abstracta, sino un criterio concreto para evaluar políticas públicas: calidad de los cuidados, trato respetuoso, inclusión social y reconocimiento de su rol en la sociedad.  En el Maule, esto implica un cambio cultural profundo.  Debemos dejar de pensar la vejez como una etapa pasiva y comenzar a entenderla como una fase activa, diversa y con potencial. Significa también avanzar hacia un nuevo pacto intergeneracional, donde las políticas no enfrenten a jóvenes y mayores, sino que construyan soluciones compartidas.

La región tiene hoy la oportunidad de liderar este proceso en Chile.  Si somos capaces de articular una estrategia regional de envejecimiento saludable -basada en evidencia, con enfoque territorial y con gobernanza efectiva- el Maule no solo responderá a su realidad demográfica, sino que podrá transformarla en una ventaja comparativa.

Porque, al final, la pregunta no es si vamos a envejecer como sociedad. La pregunta es cómo lo vamos a hacer. Y esa respuesta -si se construye bien- puede convertirse en uno de los mayores proyectos de desarrollo regional de las próximas décadas.

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