Boris Vera Barrera – Grupo de trabajo Comunas Amigables con las personas mayores – Centro de Longevidad VITALIS – Universidad de Talca.
El envejecimiento poblacional ha transformado la demografía a nivel global, nacional y regional. Este escenario, ya instalado en nuestro país, tiene expresiones concretas en la Región del Maule, ya que somos un reflejo acentuado de esta realidad a nivel país.
Los resultados del Censo 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas confirman que nuestra región presenta un índice de envejecimiento superior al promedio país, con alta concentración de personas mayores en comunas rurales y semiurbanas. Cuando el envejecimiento se instala en territorios con menor dinamismo económico y mayores barreras de acceso, la calidad de vida se ve afectada: aumenta el riesgo de fragilidad, dependencia funcional, aislamiento social y soledad no deseada, entre otras consecuencias.
Cuando una persona mayor enfrenta barreras en su entorno, como, por ejemplo: veredas en mal estado, transporte público inaccesible, servicios de salud distantes, ausencia de espacios de encuentro, se altera profundamente su bienestar y funcionalidad. La imposibilidad de desplazarse con autonomía reduce la participación social, debilita las redes de apoyo, acelera el deterioro cognitivo y funcional, profundiza el aislamiento social y la soledad. El entorno, que debiera ser un facilitador, se convierte en una barrera que empuja hacia la dependencia evitable.
Frente a esta realidad, la pregunta es: si hoy nuestro entorno no está preparado para quienes ya envejecieron, ¿Cómo será para quienes envejecerán en el futuro?
Resulta importante que doce comunas del Maule como Licantén, Curicó, Curepto, Constitución, San Rafael, Pencahue, Pelarco, Empedrado, Chanco, Retiro, Cauquenes y Pelluhue se hayan sumado a la iniciativa de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, promovida por la Organización Mundial de la Salud. Estas comunas han formalizado su compromiso de adaptar sus entornos físicos y sociales para ser más inclusivos y ajustarse activamente a las necesidades de las personas mayores.
Los efectos positivos de esta red son profundos. Cuando una comuna se compromete con este enfoque, las personas mayores fortalecen su autonomía para desplazarse, participar y relacionarse. Se reducen las barreras cotidianas, se amplían las oportunidades de encuentro y se construyen entornos que cuidan la funcionalidad. Pero el beneficio es para todos: una comuna amigable con las personas mayores es más segura, accesible y acogedora para cada habitante, sin importar su edad.
Ser parte de esta red implica un trabajo serio y participativo: diagnosticar necesidades junto a las propias personas mayores y diseñar planes de acción concretos y medibles.
Hoy este compromiso recae exclusivamente en la voluntad de los municipios y en la organización de las comunidades, debido a un vacío institucional que antes brindaba acompañamiento técnico y financiero. Esto hace aún más valioso el paso de las doce comunas maulinas, pero también nos recuerda que debemos seguir avanzando.
La invitación está abierta para las comunas que aún no se han sumado. Integrarse a esta red no es un trámite burocrático ni una declaración simbólica. Es la decisión consciente de colocar a las personas mayores en el centro del desarrollo local. Es asumir que el bienestar en la vejez depende de lo que hoy seamos capaces de construir. Es construir el territorio que todos, más temprano que tarde, habitaremos.
Comprender el envejecimiento como un proceso inevitable, nos motiva a actuar con perspectiva de largo plazo. La autonomía y el bienestar en la vejez dependen fundamentalmente de las condiciones que como sociedad generemos para cada rincón de nuestra Región.






