Envejecimiento en el Maule: determinantes sociales y oportunidades para un envejecimiento saludable

Iván Palomo G., director del Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca y del Centro Interuniversitario de Envejecimiento Saludable (CIES-CUECH); Coordinador de la Red Interuniversitaria de Envejecimiento Saludable de Latinoamérica y Caribe (RIES-LAC / COMLAT-IAGG).

El Maule está envejeciendo más rápido que muchas otras regiones del país. La buena noticia es que vivimos más años. La pregunta relevante —y urgente— es otra: ¿En qué condiciones estamos envejeciendo?

El envejecimiento poblacional en Chile ha dejado de ser una proyección para convertirse en una realidad estructural. Sin embargo, este proceso no ocurre de manera homogénea en el territorio. La Región del Maule representa un caso crítico donde convergen tres factores: alto índice de envejecimiento, elevados niveles de pobreza y rezago educativo.

Si bien el envejecimiento es, en sí mismo, un logro sanitario, su interacción con condiciones de vulnerabilidad configura un escenario de alto riesgo para la salud pública.

1. Determinantes sociales

a) De acuerdo con la CASEN 2022, la Región del Maule presenta pobreza por ingresos en torno al 13%, superior al promedio nacional, y pobreza multidimensional cercana al 20%, entre las más altas del país.

b) Por su parte, el INE reporta analfabetismo regional entre 4% y 5%. En población mayor, esta cifra puede duplicarse, especialmente en contextos rurales.

Estos indicadores no son independientes. La literatura en salud pública ha demostrado consistentemente que la pobreza y el bajo nivel educacional son determinantes estructurales del estado de salud.  

2. Envejecimiento y fragilidad

El síndrome de fragilidad se define como un estado de mayor vulnerabilidad frente a estresores, con aumento del riesgo de dependencia, hospitalización y muerte.

En el Maule, la prevalencia de fragilidad alcanza aproximadamente el 20% en personas mayores, cifra superior a otras regiones del país.

La evidencia internacional muestra que el bajo nivel educacional se asocia a peor funcionalidad y mayor deterioro cognitivo; la pobreza incrementa la carga de enfermedades crónicas y limita el acceso a cuidados oportunos, y ambos factores aumentan el riesgo de fragilidad y dependencia en la vejez.

En términos simples, la desigualdad se acumula a lo largo de la vida y se expresa con mayor crudeza en la vejez.

El envejecimiento en contextos de vulnerabilidad se traduce en mayor prevalencia de enfermedades crónicas, incremento de la polifarmacia, aumento de caídas y fracturas, mayor dependencia funcional y mayor presión sobre el sistema de salud y los cuidadores.

Este fenómeno no solo tiene implicancias clínicas, sino también económicas y sociales. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que los sistemas sanitarios que no se adaptan al envejecimiento poblacional enfrentan aumentos sostenidos en costos y desigualdades.

La Región del Maule enfrenta lo que podría definirse como una doble carga: envejecimiento acelerado y alta prevalencia de determinantes sociales adversos. Factores como la ruralidad y el analfabetismo contribuyen a una mayor prevalencia de fragilidad. Esto implica que, de no mediar intervención, el envejecimiento en el Maule tenderá a ser más precozmente discapacitante que en otras regiones.

3. Política pública

Chile ha avanzado en programas como Más Adultos Mayores Autovalentes (Más-AMA). Sin embargo, persisten limitaciones relevantes: baja cobertura efectiva, intervenciones homogéneas para poblaciones heterogéneas e insuficiente medición del impacto funcional.

En este contexto, iniciativas regionales orientadas a fortalecer el envejecimiento saludable representan una oportunidad concreta para anticiparse a este desafío. La evidencia respalda la incorporación de estrategias como segmentación por nivel de riesgo, medición objetiva de fragilidad y funcionalidad, intervenciones diferenciadas y capacitación de equipos de salud.

Este enfoque es consistente con recomendaciones internacionales que enfatizan la necesidad de modelos de atención integrados y centrados en la funcionalidad.

Desde una perspectiva de política pública, invertir en envejecimiento saludable tiene alta rentabilidad social: reduce hospitalizaciones evitables, disminuye la dependencia y contiene costos en salud a mediano plazo.  Más aún, permite avanzar en equidad territorial, abordando brechas históricas que afectan a regiones como el Maule.

Conclusión

En el Maule, el envejecimiento no puede analizarse solo como un fenómeno demográfico. Es, fundamentalmente, un reflejo de desigualdades acumuladas.

La evidencia es clara: la pobreza y el analfabetismo no solo acortan la vida, sino que deterioran su calidad en los años finales.

Pero también existe una oportunidad. Abordar estos determinantes de manera oportuna permitirá que el aumento en la esperanza de vida se traduzca en más años de autonomía, funcionalidad y bienestar para las personas mayores de la región.

Avanzar en esta dirección no solo es una necesidad sanitaria, sino también una inversión estratégica para el desarrollo regional.

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