Antonieta Muñoz Quilaqueo. Profesora de Educación Técnico Profesional. Candidata a Magíster en Política y Gestión Educacional | Universidad de Talca.
La sostenibilidad ya no puede entenderse como un contenido complementario. Hoy constituye
parte esencial de la formación técnica y del compromiso educativo con las nuevas
generaciones.
Durante mí pasantía académica en Francia, tuve la oportunidad de visitar la UNESCO y acercarme a distintas discusiones internacionales sobre educación, sostenibilidad y desarrollo humano. En ese contexto, una de las reflexiones más relevantes surge al observar el rol que hoy ocupa la Educación Técnico Profesional frente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Durante años, la formación técnica fue comprendida principalmente como preparación para el trabajo. Sin embargo, los desafíos actuales exigen una mirada mucho más amplia; formar técnicos hoy también implica educar para la sostenibilidad, la innovación, la convivencia, el cuidado de las personas y la responsabilidad social. En muchas aulas y talleres, estos desafíos ya comienzan a incorporarse cotidianamente; gastronomía, por ejemplo, enseñar seguridad alimentaria, higiene, reducción del desperdicio, consumo responsable y valorización de productos locales implica trabajar directamente dimensiones vinculadas al bienestar, la salud y la sostenibilidad. Del mismo modo, especialidades ligadas a energía, construcción, tecnología, administración o salud enfrentan nuevas exigencias relacionadas con transformación digital, cuidado ambiental, equidad y desarrollo sostenible.
Pero el verdadero desafío no consiste solo en nombrar los ODS o incluirlos en planificaciones curriculares. La pregunta de fondo es realmente profesores y docentes: ¿Estamos formando personas capaces de comprender críticamente el mundo que habitan y participar activamente en su transformación?
La Educación Técnico Profesional posee una característica única: conecta directamente la formación con la vida cotidiana, los territorios y el mundo productivo. Por eso, su impacto puede ser profundamente transformador cuando logra articular aprendizaje técnico, compromiso ético y desarrollo humano.
A pocos años del 2030, la discusión sobre sostenibilidad deja de ser únicamente una meta internacional. Se transforma en una responsabilidad educativa concreta, que interpela la manera en que enseñamos, producimos, trabajamos y convivimos.
…Porque quizás educar para el futuro no significa solo preparar para un empleo, sino también formar personas capaces de construir sociedades más humanas, sostenibles y conscientes…





