Sergio Wehinger, Tecnólogo Médico, Doctor en Ciencias Biomédicas, Área de Salud integral en la Longevidad VITALIS y académico de la Universidad de Talca.
En una sala de espera cualquiera, una mañana cualquiera, se sientan varias personas mayores. A simple vista, parecen tener poco en común. Una mujer revisa una receta médica; un hombre le pide a su hijo que consulte el resultado de su glicemia en el celular; otra persona comenta que le duele la rodilla desde hace semanas.
María tiene 72 años y espera su control porque su presión arterial volvió a subir. No está sola. En Chile, casi tres de cada cuatro personas de 65 años y más viven con hipertensión. Unos asientos más allá está don Carlos, de 68 años, quien convive con diabetes tipo 2 y aprendió hace años a controlar su alimentación y medir regularmente su glicemia. Podríamos pensar que cada uno enfrenta un problema distinto. Pero no es así.
Lo más frecuente no es tener hipertensión o diabetes por separado. Lo habitual es convivir con varias enfermedades al mismo tiempo. María no solo tiene hipertensión; también padece artrosis que le dificulta caminar. Carlos, además de diabetes, controla el colesterol y comienza a perder fuerza en las piernas. Como ellos, siete de cada diez personas mayores viven con dos o más enfermedades crónicas simultáneamente, una condición conocida como multimorbilidad.
Y aquí aparece una pregunta incómoda: si hoy vivimos más años que nunca, ¿por qué seguimos organizando la atención de salud como si las personas tuvieran una sola enfermedad? Nuestro sistema funciona con especialistas, controles y tratamientos para cada diagnóstico. Pero las personas no viven su hipertensión los lunes, la diabetes los miércoles y la artrosis los viernes. Viven todas esas condiciones al mismo tiempo, intentando mantener su independencia, cuidar de sus familias, salir a comprar, caminar por su barrio o simplemente disfrutar de una conversación con amigos.
Ese es el verdadero desafío del envejecimiento en Chile. No basta con aumentar la esperanza de vida si esos años adicionales transcurren entre múltiples consultas, medicamentos y una atención fragmentada. La evidencia muestra que la multimorbilidad aumenta el riesgo de hospitalizaciones, dependencia y pérdida de funcionalidad, precisamente aquello que más temen muchas personas mayores: dejar de hacer las cosas que dan sentido a su vida.
Por eso, la Organización Mundial de la Salud propone un cambio de paradigma. El objetivo del envejecimiento saludable ya no consiste únicamente en controlar enfermedades, sino en preservar la capacidad funcional: que las personas puedan seguir tomando sus propias decisiones, desplazándose con autonomía y participando activamente en sus comunidades, aun cuando convivan con varias enfermedades crónicas. Quizás el éxito de nuestra sociedad ya no deba medirse solo por cuántos años vivimos, sino por cuántos de esos años podemos vivir con autonomía, dignidad y bienestar. Porque el desafío del siglo XXI no es simplemente agregar años a la vida, sino agregar vida a esos años.






