Horst Schaffrik y las memorias de un ex colono en Villa Baviera

“Es un tremendo dolor saber que había tanta maldad escondida aquí”

Vivir en un mundo de terror, torturas y manipulación mental por más de 20 años, hizo que este ciudadano alemán que llegó con apenas tres años a Chile, desarrollara una gran resiliencia, porque tras la muerte de Paul Schäfer logró formar una verdadera familia

09 Septiembre a las 10:00   1012   Crónica   Anaís Duque
“Es un tremendo dolor saber que había tanta maldad escondida aquí”

Tiene una mirada que refleja todavía desconsuelo y sus lágrimas lo evidencian. Horst Schaffrik, a sus 61 años, hoy puede atestiguar los horrores que vivió por más de dos décadas. Una dura infancia marcada por maltratos, torturas, control mental y abusos sexuales, todos ultrajes que -para aquel entonces- estaba normalizados en la ex Colonia Dignidad, bajo una falsa imagen de armonía impuesta por líder de dicha secta, Paul Schäfer, junto a la cúpula de jerarcas y ayudistas chilenos.


A sus tres años, Schaffrik llegó a Chile junto a su familia, desde Alemania, pues sus padres deseaban llegar a tierras chilenas para unirse a la entonces Colonia Dignidad. De esa manera, buscaban rehacer sus vidas luego de la vivir dos guerras mundiales, ya que en la cordillera de Parral se les prometió crear una comunidad cercana a Dios.


Sin embargo, como todos conocen actualmente, los predios germanos escondieron años de trabajos forzados, no remunerado, además de maltratos, abusos sexuales y la eliminación total de toda relación afectuosa o familiar. De allí, entonces, las secuelas les siguen como sombra a cada uno de los que vivieron tal infierno.


“Mi papá, después de la guerra, quedó en silla de ruedas para toda su vida, pero tenía tantas ansías de tener a sus hijos al lado, hacerles cariño. Para nosotros estaba prohibido hablar con él, cuando estaba con vida. Ayudarlo y empujar su silla de ruedas tampoco estaba permitido. No supimos en ese tiempo lo que significa para un papá, ese dolor de no tener a sus hijos, ni hacerles cariño, ni recibir ningún cariño”, contó el ex colono.


Lo que siguió más adelante fue que “con muchas drogas que le dieron, con electroshock, que lo tenían el hospital, no sé cuantos meses, mi papá murió de pura pena. Hoy día yo tengo una familia, tengo dos hijos. Así empezamos a entender que es el cariño, que es el amor y de qué se compone la vida. No es la plata, no es nada, es el corazón, el sentimiento con otra persona, hacerle el bien donde se pueda, y no esa vida que conocimos aquí”.

 

A la fecha, este alemán radicado en Chile, se convirtió en un destacado apicultor. Se casó, formó su familia y con dos hijos, de 10 y 13 años, respectivamente, hizo un viaje al pasado para relatar a Diario El Centro, todos esos hechos que, según espera, no se vuelva a repetir en ningún lugar del mundo.

 

Villa Baviera, sin que ustedes supieran, sirvió de centro de detención y tortura a los opositores a Pinochet. ¿Qué siente al participar en actos para pedir justicia por los desaparecidos?
“Primero como lo dije, estamos muy emocionados y agradecidos de poder participar en esa memoria a los que han sufrido acá. Es un tremendo dolor para nosotros que llegamos como guaguas a Chile, saber hoy día que había tanta maldad escondida aquí, y tanto sufrimiento de compatriotas chilenos aquí, donde se atrevieron a secuestrar, matar y torturar a ciudadanos chilenos.

La crueldad que había en Villa Baviera. Me acuerdo cuando llegaron las personas a reclamar, que les pusieron bocinas tremendamente fuertes, las echaron con máquinas del camino. Les cerraron el paso y, eso más nos estimulaba, nos hace sentir obligados en estos actos en la memoria y búsqueda de la verdad y justicia”.

 

Hoy día sigue conmoviéndose mientras atestigua lo que vivió…
“Si, nosotros, como niños, teníamos un tremendo sufrimiento aquí. No había ninguna amistad, ninguna relación con los papás, ninguna protección. No se entiende hoy día -yo tengo dos hijos - cómo se puede pegar a un niño tan cruelmente, hasta que se quiebre el palo.

Hay quienes tienen marcas en su cabeza para toda su vida, porque les rompieron la cabeza con cables de cobre, y sometían en rejas de fierro con corriente.  Primero, con los que se usan como con batería para los animales y, después, hicieron algo que se conectaba directamente a la corriente, porque se gastaba mucha batería. Eso lo hacían con niños de 8 y 10 años. Es un infierno para los niños que se han criado acá, sin la protección”.

 

¿Hasta donde llegaron los maltratos al que fue sometido usted por Schäfer?
“Abuso sexual, hasta estar mayor de edad. Nunca sabíamos cómo nace un niño, yo pensaba -hasta tener 25 años- que los ángeles traen los niños a la tierra, nada de sexualidad, todo era tabú. Aprovechaban que no teníamos la protección de papás y abusaban de todos los niños aquí durante 20 años”.

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