Para que nunca más

¿Por qué recordar estos episodios hoy? Simplemente porque septiembre es el mes de la memoria.

11 Septiembre a las 22:41   86   Editorial   Gustavo Alvarado

Ya es gravísimo que se haya fusilado a un intendente, sin juicio ni derecho a defensa y, además, con sentencia posterior a su muerte. Pero resulta todavía más alarmante saber que una autoridad de esa envergadura fue víctima previamente de bestiales torturas, solo imaginables en los tiempos más oscuros de la historia contemporánea.


Así lo revela un nuevo informe de autopsia elaborado por el Servicio Médico Legal (SML) a petición del ministro, Mari Carroza, de la Corte de Apelaciones de Santiago y con dedicación exclusiva para investigar casos de derechos humanos. Los dramáticos detalles los da a conocer hoy Diario El Centro en un reportaje especial.


Se trata de un antecedente que, a la fecha, era desconocido. Justamente para aclarar estas circunstancias es que, en fecha reciente, el propio ministro Carroza se constituyó en Talca para realizar diligencias investigativas, junto a la PDI y a testigos, Se trató de la cárcel, la Tercera Comisaría de Carabineros y el regimiento de Talca.


La víctima, Germán Castro, era en 1973 el representante del Presidente de la República. En esa calidad, tras el golpe militar, encabezó una caravana que fue emboscada en la ruta internacional El Pehuenche. Allí, tras un incidente con personal de Carabineros, Castro es detenido y devuelto a la ciudad de Talca.


Otros integrantes del grupo logran seguir con destino hacia Argentina, pero algunos quedan en el camino. El episodio termina con el fusilamiento de Germán Castro en el regimiento de infantería de Talca, tras un Consejo de Guerra que, en realidad, emitió sentencia post mortem, según establece la investigación.


¿Por qué recordar estos episodios hoy? Simplemente porque septiembre es el mes de la memoria. Así lo exige no sólo la figura de personalidades que pagaron con su vida haber representado a un gobierno legítimamente electo, sino también las voces apagadas para siempre de presos políticos cuyo paradero sigue siendo un misterio.


Así lo recordaban –en recientes publicaciones de Diario El Centro- los sobrevivientes del principal campo de detenciones, torturas y secuestros de opositores al régimen militar, como fue la ex Colonia Dignidad. Allí fueron hechos desaparecer más de un centenar de presos políticos, sin que hoy se conozcan ni siquiera sus nombres.


Tan férreo y tristemente eficiente ha sido el pacto de silencio entre militares y civiles que, a la fecha, ni siquiera la justicia ha logrado determinar el número exacto de detenidos que llegaron a la actual Villa Baviera durante la dictadura militar y, mucho menos, cómo, cuándo y dónde fueron hechos desaparecer.


Claro que existen indicios, como lo han revelado excolonos o bien los escasos ayudistas de aparatos de seguridad que optaron por colaborar con la justicia. Y de esos escasos antecedentes, se sabe que hubo al menos tres fosas donde se inhumaron y exhumaron cadáveres, para luego quemarlos y arrojar sus cenizas al río Perquilauquén.


Por todo esto y, en particular, por tanto que todavía falta por saber, es que septiembre seguirá siendo el mes de la memoria. Se trata de la porfiada memoria que, a pesar de todos los intentos por acallarla, sigue presente y le habla a la consciencia de todo un país, despertando el interés de las nuevas generaciones por saber la verdad.