Para qué tanta angustia

Ludwig Zeller no tenía apuro. Tardó 92 años para dar forma a una filosofía artística que lo llevó a amar la vida y lo que le rodeaba, sin angustia, desprovisto de ansias.

05 Agosto a las 21:37   93   Editorial   Gustavo Alvarado

“Para qué tanta angustia, tanta estrella girando hecha una brasa en los cielos de ayer”, se preguntaba Ludwig Zeller en un poema de 1999.


Zeller, poeta al que las definiciones le quedaban siempre pequeñas o, al menos, no le hacían ni le hacen justicia, falleció el pasado jueves 1 de agosto a los 92 años de un ataque al corazón en su casa-barco del pueblo de San Andrés de Huayápam, México.


Insigne surrealista -movimiento literario y artístico que tuvo su versión criolla en el grupo Mandrágora, con nombres fundacionales como Teófilo Cid, Enrique Gómez-Correa y Braulio Arenas, y a Talca como referencia- Ludwig Zeller deja un legado inmenso gracias, fundamentalmente a su obra, variada y extensa, pero también a su relación con personajes claves de la literatura como Octavio Paz, Lawrence Ferlinghetti y Edouard Jaguer.


Un acervo que el Centro de Documentación Patrimonial de la Universidad de Talca gestionó acertadamente para que sea trasladado próximamente a Talca. Su director, Eduardo Bravo, viajó a México y estuvo con Zeller en el mes de julio para ultimar los detalles de la clasificación y embalaje del material. Bravo reconoció que su salud no estaba bien, aún así, el poeta no dejaba de leer y “estar presente”.


Pocas semanas después, Eduardo Bravo se enteraba de su muerte, y recordaba la respuesta de Zeller a su pregunta sobre lo que interesaba en la actualidad: “Me interesa mucho el mundo que me rodea. Estoy muy metido en eso…y estoy muy contento”.


Una respuesta de un hombre de 92 años de la que se puede aprender mucho. Como mucho se puede aprender de ese poema de 1999: “Para qué tanta angustia…”.


Ludwig Zeller no tenía apuro. Tardó 92 años para dar forma a una filosofía artística que lo llevó a amar la vida y lo que le rodeaba, sin angustia, desprovisto de ansias, entendiendo, tal vez, que ese es el camino para un recorrido pleno.


Amó la vida y a Susana Wald, por supuesto, su compañera. Eduardo Bravo dice que la obra de Zeller “no existe separada de Susana Wald”, como la estrofa de un poema no escrito. De hecho, mucho del archivo que llegará a Talca corresponde a material de Susana.


Quienes acudan al Centro de Documentación Patrimonial a analizar la obra de Ludwig Zeller podrán concluir, como él: “Para qué tanta angustia…”.