Septiembre mes de la memoria

a partir de lo que se viene en esta semana, con el recuerdo para las antiguas y nuevas generaciones de chilenos de lo que ocurrió el 11 de septiembre de 1973, la opinión pública reflexione en torno al valor universal de los derechos humanos y de la solución pacífica a los conflictos, de la naturaleza que sean

09 Septiembre a las 22:17   100   Editorial   Gustavo Alvarado

Dónde están los detenidos desaparecidos de Colonia Dignidad? A 46 años del golpe militar de 1973, la pregunta que encabeza esta editorial sigue sin respuesta. Y no se trata de una cuestión que nadie sepa o que sea uno de esos mitos populares, sino de que ha primado un pacto de silencio que sigue impidiendo que se sepa la verdad.


La justicia chilena ha establecido -a partir de relatos de colaboradores de los aparatos de seguridad- que, tras la detención y ejecución de presos políticos, sus cuerpos fueron sepultados en forma ilegal y, con el paso de los años, se procedió a la exhumación masiva. El siguiente paso fue hacerlos desaparecer para siempre.


No se trata que la dictadura chilena haya llevado a cabo esta política de exterminio en forma aislada. Muy por el contrario, porque había sido aplicada en casi toda Latinoamérica, tras ser instaurada en las mentes de los altos mandos militares que, durante la década de los ’60, fueron instruidos en la Escuela de Las Américas.


Los “profesores” eran oficiales de inteligencia norteamericana que desplegaban operaciones de intervencionismo encubiertas en todo el mundo, aplicando técnicas de control de masas, propaganda y adoctrinamiento, heredadas de jerarcas nazis que se entregaron al ejército de EE.UU. tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.


Por ello, es posible comprender que cuando los oficiales de la DINA se contactaron con Paul Schäfer, junto a su cúpula de jerarcas alemanes y ayudistas chilenos, la coordinación y conexión entre todos ellos fue bastante fácil. En realidad, la pregunta es quien enseñó a quien los métodos de secuestro, tortura y desaparición.


En ese contexto, también se hace comprensible –aunque claramente inaceptable- que en Colonia Dignidad no haya quedado ni un solo indicio físico o documental de lo que ocurrió con cerca de un centenar de presos políticos que pasaron por el enclave alemán, todos derivados por la DINA o unidades militares cercanas.


Así lo han comprobado las búsquedas que, por tercer año consecutivo, lleva adelante el ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Mario Carroza, quien investiga violaciones a los derechos humanos. En sus pesquisas, coordinadas con la PDI, se logró descubrir el punto exacto de las fosas donde se inhumaron y exhumaron los cuerpos.


Aunque la búsqueda sigue, a cargo de expertos antropólogos, al momento no se ha encontrado ningún resto humano, ni el más mínimo. Ello refuerza, claramente, que esta política de exterminio y silencio sigue siendo eficaz, ya que impide que se avance en aclarar lo que pasó con los detenidos desparecidos de Colonia Dignidad.


Por ello, resulta importante que, a partir de lo que se viene en esta semana, con el recuerdo para las antiguas y nuevas generaciones de chilenos de lo que ocurrió el 11 de septiembre de 1973, la opinión pública reflexione en torno al valor universal de los derechos humanos y de la solución pacífica a los conflictos, de la naturaleza que sean.


Somos todos, abuelos, padres, hijos y nietos, quienes debemos transmitir de generación en generación estas lecciones de historia, para que septiembre sea el mes de la memoria, en un ambiente donde prime el diálogo, la sana crítica y una mirada de futura, dejando atrás el odio y la violencia, venga de donde venga, sin distinciones.