Todo el año es el día del niño

Otro aspecto importante es que los más pequeños de la casa son reconocidos, ahora, como personas que tienen derecho a participar en decisiones fundamentales del hogar

10 Agosto a las 21:22   107   Editorial   Gustavo Alvarado

La celebración del Día del Niño, si bien tiene una fecha comercial, constituye igualmente una oportunidad para reflexionar en torno a de qué forma la sociedad y la democracia han sido capaces de institucionalizar los derechos de niñas, niñas y adolescentes, así como fomentar su protección e inclusión, cuando se trata de migrantes.
Lo primero es reconocer que se ha avanzado mucho. En la actualidad y, casi sin excepciones, más allá de casos específicos, podemos decir que todos los menores de edad reciben educación primaria en jardines infantiles o escuelas básicas, para luego, tener la opción de continuar sus estudios secundarios en liceos o colegios.
A ello se suma que la protección a niños en riesgo social se ha perfeccionado en forma sustantiva, por cuanto ahora tiene una judicatura especializada y profesional. Pero no es solo eso, porque también existen equipos técnicos que se abocan a realizar seguimientos en casos de niños bajo medidas de resguardo especial.
Otro aspecto importante es que los más pequeños de la casa son reconocidos, ahora, como personas que tienen derecho a participar en decisiones fundamentales del hogar. Muchos recuerdan que, cuando eran chicos, bastaba una mirada del padre para guardar silencio o bien que era imposible comer en la mesa de los grandes.
Pero todo eso cambió y, la verdad, a muy buena hora, porque los niños actualmente tienen la capacidad suficiente para ser integrados completamente a la vida en familia. Además, su propio desarrollo y crecimiento exige que sean partícipes de los proyectos familiares y que puedan también sociabilizar sus opiniones.
Todo ello, de igual forma, en el marco de un ambiente de respeto mutuo a los más grandes, porque lo contrario puede acarrear graves problemas en el futuro. Quien no internaliza desde pequeño que la convivencia con los demás se sustenta en estos valores, tendrá un déficit muy complejo de superar con el paso de los años.
Pero la vida del niño es mucho más que la familia, especialmente hoy, con el avance y masificación de la tecnología. Allí, es responsabilidad de los adultos otorgar estas herramientas a sus hijos, pero en forma escalonada y comprensiva, es decir, que sea siempre un aporte y no una forma de escapismo con la realidad inmediata.
Resulta llamativo que muchos escolares, después que llegan a sus casas desde el colegio, se conecten a sus teléfonos y aplicaciones para hablar con sus mismos compañeros de curso. Allí los adultos pueden ver que la comunicación cara a cara se va perdiendo, lo cual debe llamar la atención y tiene que motivar acciones concretas.
Salir a caminar o bien bicicleta, disfrutar del tiempo libre, pensar y comentar en torno a una lectura, una película o una obra de arte, será siempre más relevante para un niño que simplemente verlo todo desde una pequeña pantalla en la mano. Nada supera la experiencia gratificadora de ocupar en buena forma el tiempo libre.
De esta forma, cuando muchos corren a comprar regalos, hay que detenerse un minuto y mirar a los hijos, sobrinos o nietos, como lo que son más allá de las luces o sonidos de algún juguete. Si le pasamos solo la caja y el niño termina más entretenido con ella, es porque hay que lanzarse al suelo y acompañarlo en ese simple juego.