Conociendo a Dios para hacer su voluntad

10 Agosto a las 21:19   438   Opinión   SERGIO RODRIGUEZ VARELA
Columnista Diario El Centro SERGIO RODRIGUEZ VARELA
SERGIO RODRIGUEZ VARELA

Consejo de Pastores.

A una gran mayoría de los creyentes, les cuesta entender el mensaje de la Biblia. ¿Cuál es la razón? La respuesta es sencilla; ella nos transporta al mundo del oriente de hace miles de años atrás, un mundo inicialmente primitivo, bárbaro, agrícola y rudimentario. Es en dicho mundo donde se desenvuelven todos los hechos históricos que nos relata la Biblia. Es en ese mundo que encontramos a Abraham, Isaac y Jacob; a Moisés, a David, a los profetas que, a través de ellos, Dios denuncia el equivocado camino de la rebeldía y el pecado del hombre. Como, a la vez, nos deja ver sus justos juicios a consecuencias de la perversidad del hombre. Encontramos a los apóstoles y a los demás que Dios llamó. Lo más maravilloso y asombroso es su revelación, el Verbo encarnado, Cristo el Hijo de Dios que no es solo para Israel, sino para toda la humanidad.


Al leer las sagradas escrituras, si lo hacemos como un libro más, nos va a parecer que estamos fuera de ese mundo como meros espectadores, por lo cual, muchos se preguntan ¿qué tiene que ver todo eso con nosotros? El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, escribe en Romanos 15:4 lo siguiente: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”.


Estimados, es necesario entender que, a pesar de que las sagradas escrituras tengan miles de años, no obstante, como dijo Cristo el Hijo de Dios, permanecerán para siempre (Mateo 24:35). Cuando Dios las entregó, no fue en forma antojadiza, de la noche a la mañana, sino que lo hizo en un espacio de tiempo aproximado de mil seiscientos años, en distintos escenarios geográficos. Y sus 66 libros que la componen, sus autores son unos 40, de diferentes culturas y de variados estratos sociales. Sin embargo, a pesar de ello, su pensamiento es uno solo y consiste en la gran revelación de Dios a la humanidad, su amor por el hombre y del cómo lleva a cabo su plan de salvación, para lo cual envía a su Hijo, quien se despoja y se encarna, llegando a este mundo a servir y, luego, morir en la cruz por los pecados del hombre (Filipenses 2: 5-11), resucitando al tercer día y está a la diestra del Padre (Romanos 8:34).
Otra cosa que debemos entender es que Dios es un ser “eterno” (Sal. 93.2) y, al decir eterno, digo inmortal (I Timoteo 6: 16). “Incorruptible” (Romanos 1:23), esto es, que existía antes de todo. “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Sal. 90: 2). La tierra y el cielo “perecerán” (lentamente, aunque la ciencia lo niegue, nos acercamos a un caos total), más “Dios permanecerá; y todos ellos (cielo y tierra), como una vestidura, se envejecerán; mas Él los mudará (renovará); Dios es el mismo y sus años no se acabarán” (Salmo 102:25-27). Dios es “el primero. pero también el postrero” (Isa. 48: 12).


Alguien alguna vez escribió: “Dios es un ser que no mengua, no adquiere ni pierde poder; no aumenta en sabiduría, ni en fuerza, ni se debilita con el paso del tiempo; él jamás experimenta cambios” (Malaquías 3:6), Él es el “Gran YO SOY EL QUE SOY” (Éxodo 3:14).
Mis estimados, Dios a través de su Hijo Jesucristo, también quiere revelarse a tu vida a fin de hagas su voluntad. Amén.