¿Greta lover’s?

07 Octubre a las 09:00   504   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Cuando se observa los movimientos sociales, sean demandas económicas, reivindicaciones sociales, repudios políticos o respaldos culturales, y se tiene el cuidado de hacerles algún seguimiento, el análisis puede aportarnos conclusiones interesantes. A veces se cae en modas, en simples oleadas de lo que se considera comportamientos socialmente correctos, en subirse a carros que se perciben llenos y apuestas a ganadores seguros. Algo así es lo que percibo hoy con la extensión de programas televisivos, declaraciones empresariales, propuestas estudiantiles y, también, iniciativas gubernamentales, en torno a la ecología, al cuidado medioambiental y, en particular, a la manera de enfrentar el Cambio climático.
No soy tan ciego u obcecado para negar la realidad evidente del desastre ecológico que se nos viene encima. Tampoco de la magnitud de las consecuencias de mediano y largo plazo que se desatarán si nada hacemos al respecto. La emergencia existe, es gigantesca, inminente y de consecuencias desoladoras. Es así.
No obstante, cuando veo a conspicuos personajes de televisión, de la política, de la cultura o de la economía declarar su súbita preocupación ecológica, sin haberse preocupado antes, hace apenas unos meses, de aquellos asuntos, no puedo evitar sentir que esta inquietud no es más que una moda para ellos.
Y así, algunas empresas aprovechan de subirse al carro y declaran, sin más apoyo que sus propias afirmaciones, que sus productos respetan el medioambiente, que donarán parte de sus utilidades a iniciativas de cuidado de los bosques, programas de reciclaje o cuestiones similares. Mientras, astutos productores televisivos lanzan a la pantalla programas de “formación” de monitores medioambientales en tres horas o en 50 páginas, iniciativas de protección de aves, insectos, peces, plantas o lagunas, sin más respaldo científico que la intuición, ni más propósito que el rating. Este verano, no tengo dudas, nos inundaremos de festivales respetuosos de la flora y fauna, vacaciones medioambientalistas, discoteques ecológicas y astucias semejantes.
¿Cuántos diputados se fotografiarán con Greta Thunmberg cuando llegue a Chile? ¿Cuántos senadores destinarán unas horas de sus viernes a marchar por el futuro? ¿Cuántos políticos dirán que leyeron su libro, escucharon sus discursos y cambiaron su vida desde entonces?
Proteger el medioambiente está “in”. Reciclar es lo que se lleva hoy. Cuidar el agua es la declaración más retwitteada. Fotografiándose en un bosque se obtiene más “like”. La rotunda inminencia del Cambio Climático y las transcendentales consecuencias para la sobrevivencia de la humanidad y del planeta no merecen que se le considere como una moda, semejante a los aerobics, a las cadenas por twitter o las chapitas en apoyo de los pingüinos. Nuestro planeta merece mucho más respeto que farandulizar su cuidado y protección.
Cuando San Vicente de Paul dijo que “El ruido no hace bien; el bien no hace ruido”, probablemente no estaba pensando en esta “moda”, en esta “pose” de preocupación ecológica que “se lleva” esta temporada. Pero tenía mucha razón.