Realidad regional

07 Noviembre a las 09:00   355   Opinión   Ervin Castillo A.
Columnista Diario El Centro Ervin Castillo A.
Ervin Castillo A.

Fundación Talca

Que nuestro amado Continente resulta ser una tierra difícil de gobernar, es un dato de la causa, un asunto que no da mayor espacio a la negación, porque resulta evidente la inestabilidad política e institucional durante décadas y décadas. Sin ir más lejos, lo que estamos viviendo en nuestro país, da cuenta de una política aletargada, lejana a sus comunidades y que muchas veces no logra conectar discursos y empatías públicas con el sentir ciudadano. Lo que ocurre en Chile parece estar recién comenzando, y de seguro será un espiral muy difícil de enfrentar para las futuras elecciones en un año más, donde seremos testigos y partícipes de un procedimiento particularmente complicado para quienes opten por candidaturas a cargos de elección popular.


Hace algunos años, tras el evidente fracaso de gobiernos socialistas en la región, de malas prácticas y ligazón institucional con la corrupción, se pensó en un giro importante hacia las ideas de centro derecha y derecha, por ello el nuevo triunfo del Presidente Piñera, o el derrocamiento del socialismo en Brasil, la ratificación de gobiernos de derecha en Colombia, o el histórico triunfo de Mauricio Macri en Argentina. Pero, después de algunos años, varias de esas cosas, se vuelven a poner en tela de juicio, dentro de un contexto generalizado de desaceleración de la economía en la región, que por ejemplo, explica en parte la estruendosa derrota electoral de Macri en su intento de reelección, permitiendo el sorprendente regreso del kirchnerismo y las fuerzas políticas de izquierda a la nación trasandina.


La ciudadanía, cada vez menos identificada con colores políticos o partidos determinados, demanda nuevas cosas, con expectativas radicalmente diferentes a lo que veíamos en antaño, y no concede cheque de garantía a político alguno. La evaluación, el acceso a la información, permiten que las personas estén mucho más aptas a exigir transparencia a sus representantes, y fiscalizar diariamente el rol que estos cumplen. Los cambios y transformaciones que se requieren, no tienen que ver necesariamente con cuestiones ideológicas de un sector político en especial, ello queda demostrado por ejemplo con el fracaso político del gobierno del Presidente Morales en Bolivia, que está dejando una severa crisis social en las calles del país altiplánico, ante la acusación de fraude electoral por parte de la oposición al gobierno de turno, o la vergonzosa situación de sectores de izquierda en Brasil, que más bien parecen estar radicados en los Tribunales de Justicia que en lugar de estar trabajando junto a su gente. De Venezuela mejor ni hablar, y es que en tiempos como estos, es altamente necesario abandonar adhesiones a quienes plantean la política entre los buenos contra los malos, entre blancos o negros.
Los estándares, en buena hora han cambiado, y exigen un trabajo diametralmente superior. No podemos continuar como centro derecha en Chile, con esta desconexión que es real con muchas personas que tienen algo que decir y que son un aporte para una política mejor, más eficaz, responsable y transparente. Hay que volver al encuentro con nuestras personas, con nuestro pueblo, ese que ha sufrido con abusos e injusticias que todos condenamos, pero que también demanda de actitudes y decisiones que en la práctica vayan a resolver dichas situaciones incubadas por muchos años. Esta labor es esencial, sobre todo por el cuidado que debemos de tener respecto a que las soluciones y recetas no resulten siendo peor que la enfermedad misma y se avance así en soluciones facilistas y populistas, que, en realidad, no son soluciones de futuro y a largo plazo. Los cánticos de sirena y las respuestas simplonas no pueden ser alimentadas por un sector político que siga mirando desde afuera lo que está pasando, sin entender que, desde sus propias ideas y principios, también podemos aportar en respuestas a las inquietudes planteadas.


La inestabilidad regional conocida por todos es un desafío para que, de una vez por todas, empecemos a activar más nuestros oídos y comencemos a pensar más con la cabeza.