Viernes, Abril 12, 2024
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La literatura como un derecho

Artículo elaborado por Érika Yazmín Zárate Villa, Jueza de Distrito especializada en Ejecución de Penas en la Ciudad de México, comisionada para el desempeño del cargo de Secretaria de Estudio y Cuenta en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Algunos en la niñez leímos nuestro primer libro en una biblioteca pública, incluso escuchamos nuestro primer disco de música clásica ahí. Después, ahorramos para comprar nuestro primer libro en la librería del barrio o en la escuela nos llevaron por primera vez al teatro o al museo.

Todas esas actividades pueden considerarse parte del derecho a la cultura, pues son ejemplos del goce del arte. Ese derecho está en diversos tratados internacionales, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Protocolo de San José.

En la Observación número 21 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU se especificó que los Estados tienen obligaciones positivas para asegurarse de que existan las condiciones para que las personas participen y accedan a la vida cultural y facilitar el acceso a los bienes culturales. Los Estados cumplen con esos deberes, por ejemplo, respecto a la cultura literaria, estableciendo más bibliotecas públicas por habitante. Pero ¿cuáles son otras acciones que los Estados pueden hacer para dar acceso a las obras literarias y hacer efectivo el derecho a la cultura?

La respuesta lleva a considerar que, quizás los excesivos trámites administrativos inhiben a las personas para decidir abrir una librería como forma de ganarse el sustento o, también podrían pensarlo dos veces antes de iniciar ese negocio por los costos de los aranceles. Por lo que los Estados podrían tener un campo de mejora regulatoria que llevaría a las personas a tener más opciones de acceso a literatura y gozar del arte, como parte del derecho a la cultura.

Pensemos en la historia real del libro “84, Charing Croos Road” que relata la amistad epistolar, de 1949 a 1969, de la escritora con los empleados de un negocio de libros viejos en Londres, al que ella acudió por necesidad de encontrar libros antiguos accesibles a su presupuesto, ya que no podía comprar a los precios de New York. Si lo pensamos, más allá de la belleza de la historia, esa situación sería un buen caso para pensar que se debieron aplicar las sugerencias que he hecho en el anterior párrafo. Esto, porque el acceso al arte como parte del derecho a la cultura no debe ser exclusivo para las personas de altos ingresos, ya que la cultura no se debe asociar a caro o élite, ya que todos los seres humanos somos seres culturales.

Érika Yazmín Zárate Villa, Jueza de Distrito especializada en Ejecución de Penas en la Ciudad de México, comisionada para el desempeño del cargo de Secretaria de Estudio y Cuenta en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

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