Miércoles, Abril 17, 2024
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La (buena) política brilla por su ausencia

Columna escrita por Diego Palomo, académico de la Universidad de Talca.

Vivimos una crisis, pero a no engañarse. En la arena política, la ausencia de una genuina vocación por el bien común puede dejar un vacío que sea explotado, otras vez, con destreza por determinados sectores de derecha.


La crisis política, lejos de ser vista como una oportunidad para la reflexión y el cambio constructivo, ha servido como el terreno propicio para que estas fuerzas políticas afiancen sus posiciones y concepciones sobre la libertad individual, que en realidad ocultan poco más que una individualidad privatizada, tal como advirtió el sociólogo Zigmund Bauman.


La política, entendida como el arte de conciliar intereses diversos para el beneficio colectivo, parece haber quedado relegada en gran medida. En su lugar, estamos siendo testigos, otra vez, de un juego de poder en el que los actores políticos buscan exclusivamente el fortalecimiento de sus agendas particulares, incluso si esto significa socavar el bienestar general de la sociedad.


En tiempos de crisis política, la incertidumbre y la inestabilidad prevaleciente generan miedo e inseguridad en la población. En este contexto, determinados sectores de derecha han encontrado una oportunidad para consolidar su base de votantes y reforzar sus ideas en torno a la libertad individual. Estos actores políticos argumentan que la solución a los problemas reside en la minimización del Estado, la reducción de la intervención gubernamental en la economía y una mayor autonomía para los ciudadanos. Bajo esta premisa, prometen devolver a la gente la capacidad de tomar decisiones libres sobre sus vidas, sin injerencias externas.


Sin embargo, es necesario examinar más de cerca estas propuestas y concepciones sobre la libertad individual. La individualidad privatizada, tal como Bauman la describió, conlleva un enfoque centrado en el individuo y su responsabilidad única hacia sí mismo, pero al mismo tiempo omite el análisis de las estructuras sociales y económicas que afectan significativamente la capacidad de elección de cada persona.


Al abogar por una reducción del papel del Estado y la desregulación, estos sectores de derecha olvidan que existen desigualdades profundamente arraigadas en la sociedad que limitan la verdadera libertad de muchos ciudadanos. La falta de acceso a oportunidades educativas, la escasez de empleos bien remunerados, la discriminación de género o racial y la brecha entre ricos y pobres, son solo algunos ejemplos de factores que coartan la libertad de elección de las personas.


En lugar de abordar estas desigualdades estructurales, ciertas fuerzas políticas de derecha desvían la atención hacia una concepción de libertad individual que esconde la responsabilidad colectiva detrás de una mirada centrada únicamente en lo individual. Es una forma de privatizar las cuestiones sociales, desentendiéndose de la responsabilidad compartida en la construcción de una sociedad más justa y equitativa.


La crisis política, por tanto, ha sido aprovechada por estos actores políticos para promover una visión sesgada de la libertad individual que favorece a unos pocos mientras ignora las necesidades del conjunto de la sociedad. La (buena) política, la que busca el bienestar común y aborda los problemas estructurales de fondo, brilla por su ausencia en este escenario.


En definitiva, chantajes de no avanzar en mesa provisional y proceso constituyente 2.0 de por medio, es imprescindible mantener un espíritu crítico ante las estrategias políticas que aprovechan las crisis para reforzar agendas particulares bajo el disfraz de la libertad individual. Abogar por una política genuinamente comprometida con el bien común y la equidad social es esencial para construir una sociedad más justa y cohesionada, en la que la verdadera libertad esté al alcance de todos sus miembros.

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