Viernes, Julio 19, 2024
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Hasta pronto, amigo

En memoria del Dr. Álvaro Hernández Aguilar.
Diego Palomo.

La amistad verdadera es un regalo invaluable que no conoce, ni debe conocer, fronteras ni limitaciones geográficas.

Es un lazo que trasciende las distancias y conecta nuestros corazones en cualquier rincón del mundo.
Las amistades que se forjan a lo largo de la vida son un verdadero regalo, y no importa si nuestros amigos viven al otro lado del océano, en una ciudad distante o en la misma cuadra. La amistad es un lazo invisible pero poderoso que nos une a aquellos que han dejado huella en nuestras vidas.
Escribo estas líneas muy triste por la reciente noticia de la partida de uno de mis mejores amigos, que vivía en Costa Rica, y fue un jurista muy destacado de su país. Magistrado y académico.
De una generosidad que emociona, que me llevó a abrazar a Costa Rica como mi tercera patria. Amo a Costa Rica tanto o más como amo a Chile o España.
Pero cuando te cae este tipo de noticias que el pu** cáncer te anuncia en su particular pu** forma, solo cabe conformarse con recordar los bellísimos momentos compartidos durante casi una década, las risas, las resacas, las confidencias, las siestas en las hamacas, los bailes centroamericanos, las conversaciones, las confidencias, las iguanas, y sobre todo los abrazos.
La amistad nos brinda apoyo en los momentos difíciles de la vida y celebra con nosotros los triunfos, sin envidia. No importa cuánto tiempo pase sin vernos, la amistad perdura en nuestros corazones.
Escribo con especial tristeza, pues ignoro si llegaré a tiempo a tu despedida, Álvaro. Viajo por tí, por tu amada mujer, Carmencita, por su generosidad conmigo y por tu cariño con mis hijos Diego y Constanza, por tus consejos, por tu complicidad, por tu genialidad y enorme capacidad intelectual.
En esta despedida, ojalá momentánea, quizás merezca la pena recordar que el mundo es un lugar pequeño cuando se trata de la amistad.
Aunque estemos separados por muchas horas de vuelo, nuestros corazones siguieron conectados siempre.
Tengo la fortuna de tener mis mejores amigos en Argentina, España (Barcelona), y otros países.
Como dice Nicanor Parra, “Los amigos se ven, se saludan, se abrazan, se separan: jamás se olvidan”.
Yo no olvido, Álvaro. Hoy escribo para honrarte, para acompañarte en este viaje a algún lugar donde descanses en paz, para decirte que llegaré a estar con Carmencita y acompañarla.
Así que, amigo querido, aunque nuestras vidas nos lleven por caminos diferentes en este momento, sé que nuestra amistad no terminará.
Hasta pronto, amigo del alma, porque la distancia no es nada cuando la amistad es eterna.

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