Miércoles, Abril 17, 2024
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La otra brecha habitacional

Edgardo Fuenzalida R. Gerente General Fundación Las Rosas.

En los últimos días nos hemos informado del cierre de Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores (ELEAM); en este caso, personas mayores vulnerables que viven en Conapran, restando así un considerable número de camas al alicaído sector y que se suma a lo anunciado en igual sentido por el Hogar de Cristo, el año pasado. Esta otra “brecha habitacional” que cruza al país, afecta en consecuencia a un amplio grupo de adultos mayores, especialmente pobres y desvinculados de su familia y la sociedad.

Según el reciente estudio UC-Confuturo, en Chile hay disponibles solo 24 mil camas o cupos en residencias, para acoger a cerca de 288 mil personas mayores con dependencia severa, que no cuentan con familiares, amigos o redes de apoyo. Esa profunda brecha se alimenta año a año con el acelerado envejecimiento poblacional. Cabe preguntarse ¿cómo abordar este grave déficit? ¿dónde vivir pasados los 80 años -incluso antes- si me encuentro enfermo, sin nadie que me pueda cuidar y sin los recursos económicos para salir adelante?

Resulta evidente la necesidad de contar con algún tipo de apoyo para abordar este período de la vida. Por supuesto, mantenernos vinculados a nuestra familia, a nuestro entorno y a la comunidad, sería en todos los casos el principal factor de cuidado; sin embargo, esto por lo general no ocurre o decae fuertemente, particularmente en los sectores más vulnerables, debido a múltiples causas sociales, culturales y económicas, que aún no hemos logrado abordar como país, en forma adecuada.

Hoy día en que se está discutiendo profusamente la ley de pensiones, podría ser conveniente agregar un porcentaje que vaya a un “seguro de dependencia” para todo trabajador que al llegar a la madurez de la vida y necesite cuidados especializados, pueda acceder a ese seguro y le permita vivir dignamente esos últimos años. Otro gran desafío, es profundizar el trabajo conjunto del Estado con la sociedad civil, que nos permita construir unidos un Chile más justo con las personas mayores más vulnerables.

En definitiva, esta “otra brecha habitacional” no se aborda de forma aislada, sino con una mirada social común, empática, que trascienda lo coyuntural y lo generacional, abriendo espacios a esas más de 260 mil personas mayores que no tienen dónde pasar, sin sobresaltos y en compañía, sus últimos años de vida.

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