Diego Palomo. Universidad de Talca.
A nivel global, asistimos como testigos “privilegiados” al cambio de las reglas que gobernaron el derecho internacional por casi un siglo. Mark Carney, en una intervención en el Foro Económico Mundial en Davos, extendió carta de defunción a todo lo que conocemos hasta ahora, sin eufemismos, sin pelos en la lengua.
La claridad de lo que declaró se opone a la timidez, silencio o miedo que han demostrado otros líderes mundiales frente al flagrante abuso y matonismo del que ha venido haciendo gala el (desequilibrado) presidente Trump que cada día que pasa se acerca a lo que conocemos como un dictador, donde la separación de poderes en su país aparece cada vez más debilitada y más cercana a una triste parodia.
A nivel nacional, asistimos a la configuración del gabinete del presidente Kast. La incorporación de personas cuya cercanía con el dictador Augusto Pinochet, parece no molestar ni incomodar en forma relevante. Es como si el miedo y también las expectativas generadas a partir de las propuestas populistas de campaña en materia de seguridad ciudadana, hayan anestesiado la ética de nuestro país, y que a partir de ahora en lo que dure esta gestión deberemos convivir en tiempo presente con la peor versión de nuestra historia pasada.
A nadie parece indignar lo que se está concretando, incluso en personas que hasta hace poco reconocía como respetuosas y promotoras de los DDHH. Será el sino de los nuevos tiempos, puramente pragmáticos y vacíos de ética. Aunque ello no deja de preocupar: así como en España los más jóvenes (principalmente adherentes a Vox, partidos de ultraderecha) declaran su admiración nostálgica por Franco (“con Franco esto no pasaba”, se repite), en Chile empieza a pasar lo mismo con Pinochet (Republicados y Libertarios). No olvidemos lo cíclico de la historia.
A nivel más micro, en lo que liga con lo que acá queremos poner de relieve, parece que el miedo también se ha instalado en las Universidades. La Universidad de Talca se encuentra en proceso de elección de rector, y habiendo escuchado a dos de los tres candidatos se coincide en que la comunidad universitaria tendría miedo y se sentiría presionada. Formo parte de la Universidad, primero como estudiante, desde 1993, y como académico, desde 2001, habiendo pasado por todas las jerarquías académicas (hoy profesor titular) y habiendo ejercido casi todos los cargos de gestión, incluido el de decano.
Nunca he enderezado mi conducta como académico con temor o miedo, tampoco en la relación con rectores. Tanto con el ex rector Álvaro Rojas como con el actual Carlos Torres he tenido importantes diferencias en determinados momentos y jamás he dejado de plantear lo que creo justo y necesario por miedo. De hecho, el miedo me parece incompatible con la calidad de académico.
Dicho eso, más allá de los eslóganes, más allá de los lugares comunes, aspiro a que las diferencias entre los candidatos a la rectoría se expresen con respeto, pero con claridad y sin edulcorantes. La comunidad universitaria debe tener claras las diferencias en:
a) la visión para los próximos 10 años y como piensan concretarla;
b) cómo enfrentarán los principales desafíos del mundo universitario estatal bajo una gestión presidencial que probablemente le dará la espalda y privilegiará claramente a las privadas;
c) cómo piensan recomponer la desafección que muchos que integramos la Universidad venimos sintiendo producto de una forma de gestionar puramente optimizadora;
d) de que forma aportarán por revincularse con la comunidad regional;
e) cómo y a través de que estrategia la Universidad volverá a ser referente en las políticas públicas, con el apoyo de sus Facultades y Centros;
f) hasta cuando permitiremos que proyectos universitarios históricamente menores sigan avanzando a costa nuestra;
g) cuál de los candidatos pondrá fin al modus operandi de un número no menor de académicos que sólo se sirve de la Universidad para fines (académicos y económicos) personales;
h) qué candidato se compromete a tener tolerancia cero con las actuaciones reñidas con la ética académica (plagio), poniendo fin a situaciones bochornosas que se arrastran hasta hoy;
i) estarán conscientes que el tiempo actual exige e impone a las Universidades, al mundo académico e intelectual, tener una voz potente y hacerse escuchar, frente a una administración que parece no estar muy preocupada de esas cuestiones, prefiriendo otro tipo de análisis (¿?).
Es lo que vivimos, es lo que se viene. Y no caben eufemismos ni medias tintas.





