Diego Palomo, Universidad de Talca.
En mi breve estancia en Barcelona, una de las actividades que realicé fue dictar, junto a un reconocido catedrático de la Universidad de Barcelona, y por su invitación, una clase de una hora y media sobre Inteligencia Artificial, Justicia y Proceso. Y esta clase se enmarcaba en un curso integrante de un particular Programa.
Pude constatar que hay regresos que no se hacen por necesidad, sino por vocación. Volver a la universidad después de los sesenta -o incluso más allá- no es una excentricidad tardía ni una concesión a la nostalgia estudiantil. Es, en muchos casos, una afirmación de libertad. La convicción profunda de que el aprendizaje no se jubila.
En esa línea, proyectos como la Universidad de la Experiencia de la Universidad de Barcelona constituyen una de las iniciativas académicas más sugerentes de los últimos años en el ámbito universitario europeo. No se trata de un simple programa cultural para “mantener ocupadas” a personas mayores, sino de una propuesta formativa estructurada, exigente y universitaria en sentido pleno.
¿En qué consiste esta iniciativa?
La Universidad de la Experiencia está dirigida a personas mayores de 55 años interesadas en continuar -o comenzar- estudios universitarios sin la presión de obtener un título profesional habilitante. De hecho, no exige pruebas de acceso tradicionales ni compite con los grados oficiales. Su finalidad es otra: promover el aprendizaje a lo largo de la vida, estimular el pensamiento crítico y fortalecer el vínculo entre la universidad y la sociedad en todas sus edades.
Ahora bien, Lejos de ser una actividad periférica, el programa se integra en la vida académica de la universidad. Las clases se imparten por profesorado universitario, los contenidos mantienen rigor académico y los estudiantes participan activamente además en seminarios, conferencias y actividades culturales.
Características centrales
Entre sus rasgos distintivos destacan especialmente:
• Programas estructurados en ciclos plurianuales, normalmente de tres cursos académicos.
• Planes de estudio organizados por áreas de conocimiento: Humanidades, Ciencias Sociales, Ciencias, Arte, entre otras.
• Evaluación formativa, no competitiva, centrada en el aprendizaje y no en la acreditación profesional.
• Espacios de participación cultural y debate, que fomentan la socialización y el intercambio intergeneracional.
Una cuestión clave es que no se trata de “ir a oír charlas”. Se trata de estudiar: leer, discutir, escribir, reflexionar. Volver a entrenar la mente en el ejercicio disciplinado de la curiosidad.
Objetivos que van más allá de la sala de clases
El proyecto persigue varios fines convergentes:
1. Promover el envejecimiento activo, entendiendo que la salud intelectual es tan relevante como la física.
2. Combatir la soledad y el aislamiento, generando comunidad académica.
3. Reconocer la experiencia vital como capital cultural, integrándola en el diálogo universitario.
4. Reforzar la idea de universidad como institución pública abierta, no limitada a una franja etaria.
En una sociedad como la actual obsesionada con la productividad inmediata, estas iniciativas recuerdan que el conocimiento también tiene valor intrínseco. Que aprender no siempre es invertir; a veces es simplemente vivir con mayor plenitud.
La universidad como espacio sin fecha de vencimiento
Programas como el de la Universidad de Barcelona interpelan, además, a las propias instituciones académicas. ¿Es la universidad solo un lugar de tránsito juvenil hacia el mercado laboral? ¿O es, ante todo, una comunidad de búsqueda intelectual abierta a lo largo de toda la vida?
Volver a la universidad, en este contexto, no significa retroceder, sino ampliar. Es recuperar el tiempo que las urgencias profesionales o familiares no permitieron dedicar al estudio. Es estudiar Historia sin la ansiedad del examen de acceso, Filosofía sin la presión de una oposición, Literatura por el puro placer de comprender mejor el mundo.
En una época donde la formación continua se asocia casi exclusivamente a la actualización técnica, la Universidad de la Experiencia recuerda algo más profundo: que el conocimiento no es solo herramienta, también es horizonte.
Tal vez el verdadero progreso universitario no consista únicamente en laboratorios de última generación o la obsesión por los rankings internacionales, sino en esta imagen simple, pero potente: personas que, tras toda una vida de trabajo y responsabilidades, deciden sentarse de nuevo en un aula. No para empezar de cero, sino para seguir.
Las Universidades en general y las públicas en particular tienen una deuda en esta materia, aunque algunas como la Universidad de Talca ya vienen con trabajo adelantado muy destacado como el que desarrolla a través del Centro de LONGEVIDAD Vitalis. Toca profundizar la apuesta, y comprometer a los candidatos a la rectoría a asumir con seriedad, planificación y recursos una iniciativa como la acá expuesta de resultar vencedores.





