Celinda Lilian Letelier. Doctora en Sociología y Cs Sociales por la Universidad Nacional de Brasilia y Flacso y Profesora por la Pontificia Universidad Católica PUC Santiago.
Las últimas encuestas de opinión pública de la última quincena y cierre del mes de abril no reflejan una evaluación propositiva de la instalación de gobierno, ni le son favorables a lo que va de la gobernabilidad del presidente Kast. Los estudios de opinión a los cuales se les hizo seguimiento, incluyen Criteria, Cadem y Panel Ciudadano.
Si bien es cierto la encuesta de Criteria, es por un punto, más benigna en relación con la aprobación y desaprobación alcanzada por el presidente que la encuesta de Cadem, ambas son conclusivas en relación con la baja adhesión de los encuestados, hombres y mujeres, hacia determinados ministros y ministras, y, por cierto, han descrito la percepción de un estancamiento en la confianza, sobre el rumbo de Chile, y sobre quién conducirá el país estos 4 años.
Todos ellas, venían de vuelta del efecto del alza de la bencina, que ya había demostrado la caída del gobierno a finales de marzo, inicio de abril, y, por otra parte, la ciudadanía encuestada ya había escuchado la cadena nacional en la que el primer mandatario había planteado el proyecto de reconstrucción nacional.
Es decir, las encuestas de opinión y sobre todo quienes definen la agenda pública tenían una cierta expectativa que, la aguja del ánimo de la población bien pudiera moverse hacia la recuperación del apoyo y la adhesión. Pero, no fue el caso. Lo máximo que se detecta es una leve alza de quienes declaran no saber, o no desean responder. Y esto puede estar ocurriendo precisamente porque el arrepentimiento por la opción de voto que favoreció a Kast en segunda vuelta, está siendo un proceso introspectivo aún no declarado. Pero, en general, la balanza de aprobación versus desaprobación se mantiene intacta. No subió la aguja favorable hacia el gobierno. Incluso, al compararse con los últimos tres presidentes, en lo que va de este mes y medio de gobierno, desde marzo en adelante, en algunas semanas esta más baja en relación con Boric, se genera un empate, o una leve alza sobre Boric. Pero, en relación con Piñera y Bachelet, claramente se posiciona muy por debajo.
En lo más específico de la segmentación de la muestra que hace Cadem, las mujeres adultas mayores, es decir, mayores de 55 años, es el nicho donde se concentra el apoyo más alto al presidente Kast con un 54% y por cierto también en regiones. Así como, en el contraste, entre los más jóvenes, entre 18 y 34 años es donde se concentra el mayor rechazo: 66%. Sumados ambos intervalos de edad, entre 18 y 34 y 35 y 54 años alcanzan un promedio de 58.5% de quienes desaprueban la forma como Kast está conduciendo el gobierno. Incluye a la región metropolitana como la más alta en desaprobación.
En las otras variables consideradas, por ejemplo, en el nivel socio económico, alto, medio y bajo, es parejo el nivel de desaprobación, sobre el 53%. A un 5% de alcanzar el 58% de la votación con la que el presidente ganara en segunda vuelta.
Por otra parte, si se considera el nivel de adhesión política, el único nivel donde tiene alta aceptación es en la derecha con un 83%. En efecto, si se compara este porcentaje alcanzado por la derecha, con el porcentaje de desaprobación expresado por la izquierda, es esperable, – son oposición esta vez- y alcanzan un 96%, quienes desaprueban. Sin embargo, que el centro político, y entre quienes se definen como independientes, el promedio alcance un 56% no es comprensible a simple vista, no es comprensible el desgaste de la figura presidencial, y tampoco, la distancia social expresada hacia su liderazgo.
Es más, la desagregación política que se hace considerando la votación de la primera vuelta, vuelve el asunto más complejo aún, sobre todo si se entiende que Kast, en primera vuelta obtuvo un 24%, y en segunda un 58%. Esto significa considerar que parte de su aumento triunfal, por lo menos entre un 8% y un 10% vino del electorado de Parisi, y otro % del centro político. Ambos porcentajes se desplazaron rápidamente hacia la desaprobación. Y, aunque no constituyen una oposición activa, es evidente que relevan aspectos de malestar social y de arrepentimiento, que debieran ser considerados porque vienen del primer momento de la instalación, y se traspasan al segundo momento ya con el plan de reconstrucción en marcha.
Se reconoce que, estamos en tiempos de guerra, y aunque la ciudadanía de este lado de la cordillera, pudo sentirse lejana a la vida en Gaza bajo la presión de Netanyahu, lejana a la situación del Estrecho de Ormuz y más lejana aún de Ucrania; lo cierto es que al parecer la mayoría de chilenos y chilenas tenían, y siguen teniendo, la esperanza puesta en un Estado de bienestar, y un presidente protector, que acompañe la vulnerabilidad, y los represente en estos tiempos duros. En este sentido, lo que marcó la caída de Kast, en el primer momento, fue la drástica y dura constatación de que: el manejo, la conducción y liderazgo fue transferida al ministro de hacienda. Y que el presidente no tuvo, no tiene, ni tendrá las riendas de este viaje.
Ahora, en este segundo momento, y en relación con el plan de reconstrucción presentado al congreso por el ministro de hacienda “delegado”, los mismos estudios de opinión señalan que caló o tuvo anclaje en la población, el argumento que asocia el proyecto, al hecho de favorecer mediante rebaja tributaria de impuestos a los más ricos o a los grandes empresarios. Y, por cierto, esta narrativa plantea una baja de confianza hacia la creación de empleo o puestos de trabajo, así como, al tratamiento que se le dará al tema educacional en general, y universitario especialmente. En el mismo sentido, es esperable que cuando se conozcan, más al detalle, los aspectos del proyecto que afectan al medio ambiente, y que contradice lo avanzado en términos de: ordenamiento medioambiental y conciencia ciudadana, surgirán más detractores. Precisamente, por la aplicación de una noción de “crecimiento rústico” que no contempla la sustentabilidad y el desarrollo.
Ahora bien, las razones que pudieran explicar hasta finales de abril, esta manutención de la caída en torno al 53% de desaprobación, pueden estar tanto en el fondo como en la forma de la gobernanza por delegación. Es decir, en los hechos, se vuelve a colocar al ministro de hacienda como líder y conductor de un proceso, cuando ya estaba en el ojo del huracán público. Y, se reconoce que las cualidades de despliegue territorial, manejo y trato político no tienen anclaje ciudadano favorable.
En concreto y evaluando todo el contexto marzo-abril, tanto del primer momento como del segundo, uno de los aspectos que debieran detenerse en la continuidad de su ejecución, más allá de los errores de implementación, es el que dice relación con el “gobierno de emergencia” el que, en el primer momento de instalación, buscó la “inundación de la zona” tal cual lo definiera Steve Bannon experto comunicacional y ex estratega político de Donald Trump.
En este sentido, debiera hacerse la distinción de este segundo momento que ha sido: el de la propuesta de gobierno propiamente tal. Todo ello, porque ya está comprobado que, para el votante habitual, seguir responsabilizando al gobierno pasado por el estancamiento económico, cultural y moral, y, seguir con esa política comunicacional no tiene valor de propósito, ni credibilidad alguna. A otro porcentaje de los votantes no le hace sentido ni le interesa ese discurso, lo cansa, lo estresa y lo agota. Y para los únicos que sigue teniendo un significado minoritario es para el votante obligatorio de extrema derecha, es decir, al 24% inicial de Kast, y al aproximadamente 14% de Kaiser.
Para este segundo momento, en el fondo y en la forma, es necesario distinguir que no todo lo explica el liderazgo del presidente, también cobra un peso explicativo el posicionamiento de los ministros, ministras y de quienes lo acompañan en el ámbito de las asesorías comunicacionales. Y, es evidente que, una vez hecha la delegación y transferencia de poder hacia determinados ministros, no se puede esperar a que el presidente desgaste el capital simbólico que le va quedando en defender sus acciones ante la opinión pública.
Es decir, no todas las razones y/o percepciones que podrían explicar la continuidad o estabilización de la caída de la adhesión hacia el presidente están en el ejercicio de su liderazgo, sea por ausencia o por despliegue. También hay explicaciones que están, en quienes lo acompañan, su elenco, y en cómo se posicionan políticamente de acuerdo a las tareas que deben cumplir. Y, no cabe duda que lo que ha hecho la ciudadanía, al distanciarse del gobierno, tiene que ver por una parte con “la desconocida” que le hizo el presidente a la chilenidad con el alza de la bencina, pero, además, con el mal trato, con el “posicionamiento político” de algunos de sus ministros y ministras, sea porque se detecta déficit de política, déficit de inclusión, lo que deriva en un déficit de pertenencia ciudadana en relación con la propuesta de reconstrucción.
Es cierto que, los efectos de acumulación de agua por la inundación de la zona dejaron congelado en el ambiente ante el advenimiento de un tiempo de exclusión, de persecución laboral, de “razia”. Y ese clima, ese ordenamiento social, no es, ni será favorable para el segundo momento porque dejó “marcada” la conversación, y sigue dejando marcada, a las ministras y ministros que asumieron y se vistieron con ese ropaje: el de la razia.
Para concluir, las hipótesis posibles de formular para el seguimiento de las encuestas de opinión pública en los próximos meses indican que: el presidente Kast no modificará radicalmente la percepción en la población en orden a conseguir una mayor tasa de aprobación, sobre el 50% es improbable. Es decir, o se mantiene en torno al 53% la desaprobación, o bien, sube más. Por estos días, la aprobación al gobierno está entre el 37% y el 42%. Y, al parecer se estancará por un tiempo entre esos intervalos.
Finalmente, la posibilidad que el presidente suba, aún más, la tasa de desaprobación, -sobre el 53%-, y baje aún más la aprobación, (entre un 37 y 42%) está en estrecha relación con el involucramiento público personal que el mismo mandatario despliegue en defensa del trabajo y el rol asignado a los ministros y ministras mal evaluados. Especialmente, el de vivienda, el de seguridad, la vocería, y por cierto hacienda.





