El Primer Invierno de esta Gobernanza Política

Celinda Lilian Letelier. Dra. en Sociología y Cs Sociales Universidad Nacional de Brasilia – Flacso. Profesora de Filosofía – Pontificia Universidad Católica Santiago Chile.

La política chilena entraba en tiempo de invierno. Al parecer, una vez instalada la conversación principal del trabajo legislativo con la mega reforma, debido al proceso de hibernación propiamente tal, al menos por este lado de la tierra, todo indicaba que la agenda pública mantendría un ritmo de descanso para la germinación y la renovación propias a la estación y a la época.  Dada la celebración conmemorativa del Wetripantu, la inspiración y la expresión de la historia de nuestra memoria ancestral, bien parecía que por fin podríamos descansar y establecer tiempos de sanación, tiempos de sana convivencia comunitaria, tiempos para el compartir de un sentido común de vida y de bienestar. Se trataba de elevar rogativas para que nos fuera bien en este nuevo ciclo de regreso del sol. Sin procesos electorales a la vista.

Pero, lamentablemente no ha sido así. La agenda pública política nos propone variados asuntos que, buscan agitar los ánimos, ajizar el ambiente, complicar la vida, mover las conversaciones hacia una diversidad de problemas, que muestran un clima cargado de vociferantes liderazgos bastante poco fecundos, mal tratadores, y poco nobles.

En ese contexto, hay por lo menos tres o cuatro asuntos que fueron y son lanzados como voladores de luces provocativos durante las últimas semanas: la inmigración de niños de Haití, la acusación constitucional aprobada en la cámara de diputados en contra del ex ministro Grau con la secuela lamentable de un maltrato al interior de la propia alianza de gobierno, y episodios que dan vergüenza ajena por la reiteración de la agresividad política, redundando en el enfrentamiento del mismísimo presidente con un “niño”, en uno de sus viajes al Sur. Por cierto, a nivel internacional y cercano a Chile, los resultados de las elecciones en Perú y Colombia.

En cualquiera de las dimensiones señaladas, en síntesis, y raya para la suma, toda la agenda pública política de esta gobernabilidad y la gobernanza, lesionan la democracia valiéndose de las polarizaciones ideológico políticas extremas, las que encapsulan a la ciudadanía, en dos burbujas antagónicas y opuestas, retroalimentando el algoritmo informacional ya construido en las elecciones, y que incentivan la radicalización, impidiendo el diálogo, la conversación, y la construcción de un entendimiento humano y ciudadano.

Sobre los niños haitianos en Chile

Lo que surgió como una gran batahola emanada desde la contraloría general de la república denunciando una supuesta desaparición de niños haitianos al llegar a Chile, y un cuestionamiento a la forma de ingreso al país, lo cual por cierto levantaba un manto de duda y desconfianza sobre el proceso burocrático del servicio estatal de migraciones, y que conducía nuevamente de manera directa y acusativa al gobierno de Boric, y también de manera indirecta al gobierno de Bachelet que fueron los dos expresidentes que se involucraron con estos procesos migratorios, resultó ser: un intento frustrado de copar la agenda pública con un tema sensible, la niñez vulnerable.

La información inicial que dejaba en estado de shock al país nos contaba que niños haitianos estaban en manos de una red lucrativa de tráfico de inmigrantes, una suerte de trata de niños, venta de órganos, abandono masivo al ingresar al país, y un crimen organizado usando como pretexto: la reunificación familiar.

Pues bien, al finalizar la semana, la PDI comenzaba a cerrar el caso debido a que: los 64 casos en comento habían sido ubicados, se encontraban en buenas condiciones de salud, en continuidad del proceso de reunificación familiar por el que habían ingresado a Chile, e insertos en procesos educativos y escolarizados.

En la contra parte, diversas representantes de la comunidad haitiana residentes, a través de diferentes vocerías ante la opinión pública, fueron señalizando que el tipo de difusión y divulgación ponía en marcha un proceso discriminatorio, vejatorio, y estigmatizante reiterado para con los niños haitiano-chilenos en términos de vulneración de sus derechos.  En efecto, la forma mediática y de alta intensidad con la que el gobierno buscó darle visibilidad al caso, tenía de suyo, la exposición de una suerte de estigma sobre una condición humana ya de por sí vulnerable en términos de derechos humanos y de identidad. La inundación de la zona, en esta ocasión, tenía un sesgo demarcador hacia la niñez y la extranjería operando a la inversa de la pertenencia e integración chilena deseada. Una manera elegante de decir que se actuó con el tejo pasado.

La Acusación Constitucional hacia el ministro Grau

Suma y sigue. En la primera escena, el actual ministro de hacienda Sergio Quiroz insinúa que los datos económicos no calzan, que hay visos de dolo de parte de quién fuera el ministro de hacienda de Boric. Tira la piedra, enciende la pradera, y luego actúa con disimulo. Pero, no lo suficiente, porque, sin querer queriendo, les hace entrega del combustible añorado, a los prendidos parlamentarios republicanos, libertarios y social cristianos que realizan la acusación constitucional correspondiente, show mediático incluido, poniendo arriba de la pelota a los parlamentarios del Partido de la Gente.

En la segunda escena: llaman a un encuentro especial a los parlamentarios de gobierno a la casa de la Moneda, se reúnen con Kast y con el ministro del Interior. En la reunión, les piden a todos: gestos de buena crianza, que actúen de manera unitaria, conjunta y colaborativa. Les piden que voten todos en una línea, sin dispersión, que no peleen, y se traten bien.

En la tercera escena y ante la pantalla de la caja televisiva, buscan en varias oportunidades, lavarse las manos como Poncio Pilatos, y separan aguas en relación con la acusación constitucional en marcha. Como si se tratará de embolarnos la perdiz, los ministros envueltos en el asunto, repiten al unísono que los parlamentarios decidirán la votación de la acusación por si solos, ya que son un poder autónomo del gobierno, y buscan aclarar que tanto el presidente como los mismos no se meten en esos asuntos.

Cuarta escena: viene el día de la votación, y en la previa, hay parlamentarios de la derecha con tradición cívica, (van quedando pocos), que indican que: no les parece la acusación constitucional, que no tiene méritos, y que esta vez se saldrán del marco de obediencia fidelista inculcada en el palacio los días anteriores en pro de la unidad. Palabras sacan palabras. Hasta de “humanoides” se llena la estantería. Lo cierto es que, en un ambiente crispado de incivilidades, se aprueba la acusación en la cámara de diputados dejando un ambiente político tensionado, y sin destino dentro de las derechas más que la exclusión y la anulación.

Sin destino, en el sentido que se evidencia y se hace visible que: lo que une a este gobierno y gobernanza es el ejercicio voraz del poder político. Que, por lo mismo, la ultraderecha está disponible para irse con todo y contra todos. Y al parecer, actúan con si la ciudadanía no fuera capaz de construir un hilo conductor entre un fenómeno social y otro fenómeno social, y además fuera ciega a las diferentes escenas del teatro.

La Aprobación de la Mega Reforma en la Hibernación

Por entre medio de esos eventos, pero con los bombos y platillos que da la escaza mayoría de 2 votos, la derecha aprueba en el senado la mega reforma. Sin diálogo. Sin conversación. Sin escucha atenta. Sin voluntad política real de producir acuerdos. Y, es en ese contexto, con la desesperanza instalada en relación al camino legislativo que se viene, que se observa la evidencia: no hay intención, promesa, posibilidad a que en estos días que se vienen se den actos mínimos de “parlamento deliberativo”.

En efecto, este gobierno es autoritario y autócrata. En estos 100 días ya lo demostró. Tiene una sola forma de concebir, ejercer, y construir el poder y de imponer orden. El proyecto de reforma fue aprobado tal cual como fue presentado, porque cuentan con los votos. Y, será el precio que Chile deberá pagar por tener a este presidente. Para eso lo eligieron. En este contexto, lo más complejo y crítico es el lugar y la posición de la derecha cívica que va quedando. Así las cosas, la aprobación versus desaprobación del presidente Kast, y la evidente devaluación del ministro de hacienda Sergio Quiroz seguirán el curso de los tiempos de consolidación del status quo de un inmovilismo enfriado.

En otras palabras, durante este tiempo, el nivel de deterioro de la instalación y seguimiento del comportamiento e imagen política del actual ministro de hacienda habrán topado fondo, y podrá ser evaluado al comenzar la primavera en relación con la siembra realizada. A la fecha ya existirá material y prueba suficiente disponible para la ciudadanía, y para la propia coalición en términos de: responsabilidad por los quiebres dentro de la gobernanza, el mal trato interno entre los partidos oficialistas, la forma de hacer política basada en la polarización y no en los acuerdos. Una forma de hacer política basada en pasar la máquina, avasalladora, sin juicio, prepotente y fuera de los consensos. Por fuera de lo que la ciudadanía dice necesitar y desear en la última encuesta CEP.

Chile está enmarcado y embarcado en un invierno largo y frio con emociones preocupantes que definen el actual estado de la salud mental de las personas: miedo, tristeza y desconfianza. Según la encuesta Pulso Ciudadano de fines de junio (https://chile.activasite.com/pulso-ciudadano/ ) el 71% de los entrevistados considera que Chile está en retroceso y estancado. Y el 53. 4% no tiene confianza en el presidente.

Al ingresar a la hibernación, el foco de los problemas de la gente está puesto en: el desempleo, la inflación, el alza de los precios, en materia económica, y, en la delincuencia en materia de seguridad. Considerando las tres encuestas de la plaza Cadem, Criteria, y Panel Ciudadano, la desaprobación promediada hacia el presidente Kast alcanza el 54,4%, y la aprobación promediada obtiene un 36.5%. En este mismo sentido, un 61% desaprueba la gestión del gabinete del presidente mientras un escuálido 24.4% lo aprueba. (https://chile.activasite.com/pulso-ciudadano/ ). En efecto, la clase media – media y baja concentra el 59% promedio de desaprobación entre los rangos de edad entre los 18 a 30 años, y 31 y 50 años.

Al cierre, nada más que hacer, y sálvese quien pueda del delirio imperante. Cuando un sector de la élite arrimada al ejercicio del poder no sabe conversar, no sabe argumentar, no tiene entrenamiento en el lenguaje, no tiene modales, y se vanagloria del pragmatismo político fisiológico antropofágico, no hay civilización posible. Así que, el último que apagué la luz y cierre la puerta.

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