Viernes, Marzo 13, 2026
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Ley de 40 horas: la próxima rebaja exige liderazgo, no improvisación

Nicolás Salhus. Abogado Laboralista. Magíster en Arbitraje. Ex Inspector Provincial del Trabajo de Talca.

El 26 de abril de 2026 no es una fecha cualquiera. Ese día la jornada laboral en Chile deberá bajar de 44 a 42 horas semanales. No es un anuncio, no es un proyecto: es ley vigente, con plazos claros y con criterios ya fijados por la Dirección del Trabajo. La gradualidad está escrita: 44 horas en 2024, 42 en 2026 y 40 en 2028. El reloj corre, y no hay espacio para la sorpresa.

El desafío es enorme. Para las pymes que sostienen su operación con equipos pequeños, y para las grandes empresas que administran turnos, sucursales y sistemas complejos, el riesgo no está en “cumplir” mecánicamente la norma. El verdadero peligro es creer que basta con restar dos horas y seguir adelante. Reducir jornada no es una suma y resta: es una decisión que toca contratos, turnos, remuneraciones, clima laboral y continuidad operacional. Es, en definitiva, un cambio cultural.

La autoridad ha sido clara: la rebaja debe implementarse de común acuerdo, por escrito y con trazabilidad. No basta un correo ambiguo ni una instrucción verbal. La ley exige formalidad y diálogo. Y cuando no hay acuerdo, la Dirección del Trabajo ya fijó reglas concretas: cómo distribuir las horas, cómo ajustar los días, cómo evitar la discrecionalidad. No hay cheque en blanco para el empleador. Hay un marco legal que debe respetarse.

El mensaje es directo: improvisar no es opción. Las pymes deben anticipar cómo afectará la rebaja a su operación diaria. Las grandes empresas deben evitar asimetrías internas que después se transformen en conflictos sindicales o judiciales. Y todos deben recordar lo esencial: la reducción de jornada no puede significar una rebaja de sueldos. Menos horas no significa menos ingresos. Ese principio está en la ley y en la doctrina de la Dirección del Trabajo.

La próxima rebaja a 42 horas no debiera sorprender a nadie. La fecha está en la ley, la gradualidad ha sido reiterada y los criterios ya fueron explicitados. Lo prudente no es esperar abril de 2026: lo prudente es actuar hoy. Revisar contratos, mapear turnos, ordenar documentación y tomar decisiones con respaldo jurídico. Porque en derecho laboral, la improvisación siempre sale más cara que la planificación.

La Ley de 40 horas es más que un ajuste de jornada. Es una oportunidad para modernizar relaciones laborales, fortalecer la confianza y demostrar que Chile puede avanzar con responsabilidad. El desafío está sobre la mesa. Lo que falta es liderazgo.


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