Las lluvias intensas, la ocupación de zonas ribereñas y la geografía del país aumentan el riesgo de inundaciones. Especialistas advierten la necesidad de fortalecer la prevención y la planificación territorial.
Las intensas precipitaciones que afectan distintas zonas del país han vuelto a poner en evidencia la vulnerabilidad de diversos territorios frente a inundaciones y desbordes de ríos. Especialistas de la Universidad de Talca señalaron que la combinación entre factores naturales y la ocupación de áreas históricamente inundables incrementa significativamente la exposición al riesgo.
El director de la Cátedra UNESCO en Hidrología de Superficie, Roberto Pizarro Tapia, explicó que los sectores que han registrado inundaciones en el pasado tienen altas probabilidades de volver a verse afectados si no se ejecutan medidas preventivas adecuadas.
“Los puntos que ya han sufrido impacto, lo más probable es que lo vuelvan a sufrir, si no se realizaron obras hidráulicas de protección o se evitó volver a construir en esas zonas”, advirtió el académico.
El especialista detalló que la particular geografía chilena favorece este tipo de eventos. La pronunciada pendiente existente entre la Cordillera de los Andes y el océano permite que el agua escurra con gran velocidad hacia los valles y áreas urbanas, aumentando las posibilidades de crecidas y desbordes.
“Chile es un país extraño hidrológicamente hablando”, afirmó Pizarro, al destacar que la diferencia de altura entre la cordillera y el mar genera torrentes capaces de transportar grandes cantidades de sedimentos y agua en cortos periodos de tiempo.
Comunas con antecedentes de inundaciones
Entre los territorios que evidencian esta problemática, el académico mencionó a San José de Maipo, Curanilahue y Licantén, esta última ubicada en la Región del Maule, donde se registraron importantes inundaciones en 1988, 2006 y en dos oportunidades durante 2023.
El experto precisó además que el riesgo no depende únicamente de la cantidad de agua caída, sino también de la intensidad con que ocurre la precipitación. Mientras una lluvia distribuida durante varias horas puede ser absorbida o evacuada gradualmente, el mismo volumen concentrado en poco tiempo puede superar la capacidad de drenaje de ciudades y poblados.
La importancia de las cuencas y la vegetación
Otro factor clave corresponde al estado de las cuencas hidrográficas. Según Pizarro, la presencia de vegetación y ciertos tipos de suelo favorecen la infiltración del agua y reducen la velocidad del escurrimiento superficial. En contraste, la pérdida de cobertura vegetal acelera el desplazamiento del agua hacia zonas pobladas.
En paralelo, la investigadora de la misma cátedra, Camila Uribe, desarrolla un estudio sobre la intensidad de las precipitaciones entre las regiones de Valparaíso y Biobío. La especialista destacó que los análisis han detectado un comportamiento particular en áreas cercanas a cuerpos de agua.
“Una de las cosas que nos ha llamado bastante la atención en la investigación es que en las zonas cercanas a cuerpos de agua las intensidades son más altas”, señaló.
Ciencia para anticipar emergencias
Los investigadores coincidieron en que el monitoreo permanente y la generación de información científica resultan fundamentales para mejorar la coordinación entre municipios, organismos públicos y comunidades.
Asimismo, enfatizaron que la planificación territorial debe considerar los antecedentes históricos y los estudios técnicos para evitar nuevas construcciones en sectores expuestos. El objetivo, recalcaron, es anticiparse a las emergencias y reducir los impactos antes de que ocurran nuevos eventos extremos.





