El secreto de Haaland: menos carreras, más goles en el Mundial

El delantero noruego rompió todos los esquemas en el Mundial 2026: recorrió gran parte de los partidos caminando, pero convirtió siete goles y abrió un nuevo debate sobre el rol del delantero moderno. En esta columna de opinión, el director de Entrenador Deportivo de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Frano Giakoni Ramírez, explica cómo Erling Haaland desafió los paradigmas del fútbol moderno al privilegiar la inteligencia táctica y la eficiencia por sobre el despliegue físico.

La sobresaliente actuación de Erling Haaland en el Mundial 2026 no solo lo consolidó como uno de los goleadores más determinantes del torneo, sino que también abrió un intenso debate sobre cómo debe jugar un delantero en el fútbol actual. Ese es el eje de la columna de opinión escrita por Frano Giakoni Ramírez, director de Entrenador Deportivo de la Universidad Andrés Bello (UNAB), quien sostiene que el atacante noruego está cambiando la manera de entender esta posición.

El académico explica que Haaland desafía uno de los principales dogmas del fútbol moderno. Mientras la mayoría de los delanteros son evaluados por su despliegue físico, presión constante y participación en la elaboración del juego, el noruego basa su éxito en una estrategia completamente distinta: administrar el esfuerzo, moverse solo cuando es necesario y aparecer exactamente en el momento decisivo.

Uno de los datos que más llamó la atención durante el campeonato ocurrió en el duelo frente a Brasil. En ese partido, Haaland recorrió cerca de 9 kilómetros, pero el 84% de esa distancia la realizó caminando. A lo largo del Mundial, su promedio fue de aproximadamente 11 kilómetros por encuentro, una cifra similar a la de otros futbolistas, aunque distribuida de una forma muy diferente.

El análisis destaca que Kylian Mbappé realizó casi el doble de sprints que el atacante noruego durante el torneo. Incluso Cristiano Ronaldo, con 41 años, registró una mayor distancia recorrida y una velocidad promedio superior. Sin embargo, ninguno de ellos logró el impacto goleador de Haaland, quien terminó el Mundial con siete goles y una extraordinaria efectividad cercana al 39%, cifras que no se observaban desde Gary Lineker en el Mundial de 1986.

Para Frano Giakoni, el secreto no está en correr menos por falta de capacidad física, sino en elegir cuidadosamente cuándo hacerlo. El delantero reserva energía durante gran parte del partido para utilizarla en las acciones que realmente pueden cambiar el resultado.

“No corre menos porque no pueda correr. Corre menos porque eligió reservarse para el único tramo que realmente importa”, sostiene el académico en su columna.

La reflexión también cuestiona el perfil del delantero que hoy suele promover el fútbol moderno. A diferencia de figuras como Harry Kane o Kylian Mbappé, Haaland no baja constantemente a recibir el balón, no organiza el ataque, no participa de manera permanente en la presión alta y tampoco interviene con frecuencia en la construcción ofensiva.

De hecho, comparado con otros atacantes de su generación, pierde en gran parte de las estadísticas que no terminan en gol. Su promedio de asistencias es inferior, participa menos con el balón y su valoración general suele quedar por debajo de otros delanteros de élite. Sin embargo, esa aparente ausencia termina siendo una ventaja, ya que disminuye la atención de los defensores y le permite sorprender cuando encuentra el espacio adecuado.

La columna también derriba otro de los mitos que rodean al goleador del Manchester City. Aunque durante muchos pasajes parece caminar sin intensidad, Haaland posee una enorme capacidad física. En la última temporada alcanzó una velocidad máxima de 36,2 kilómetros por hora, la más alta registrada dentro del plantel del club inglés. Es decir, el futbolista que menos parece moverse durante el partido es, al mismo tiempo, uno de los más rápidos cuando decide acelerar.

Según el autor, esa combinación entre inteligencia táctica, lectura espacial y explosividad convierte al delantero noruego en un caso excepcional. Su juego no depende del volumen de intervenciones, sino de la precisión con que interpreta los espacios, administra el esfuerzo y aparece en el instante justo.

Más allá de los números, Frano Giakoni Ramírez concluye que el Mundial 2026 dejó una enseñanza para entrenadores, analistas y aficionados: el impacto de un futbolista no siempre se mide por la cantidad de carreras, toques de balón o acciones visibles. En ocasiones, la mayor influencia nace precisamente de la paciencia, la economía de movimientos y la capacidad para decidir el partido con una sola intervención.

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